martes, 20 de diciembre de 2016

Tabú

Me encanta el lenguaje y odio en lenguaje.

Me encanta por permitirme expresar todo lo que quiero, por la comunicación. Y lo odio por las connotaciones que se le atribuyen. Así que en realidad supongo que no es el lenguaje lo que odio, sino a quiénes no le dan el uso que le toca, o a quienes lo pervierten.

Estaba el otro día hablando con una amiga sobre un tema del que llevamos hablando cosa así como año y medio, que ya es decir. El tema en cuestión es su relación de pareja. Relación tóxica donde las haya. Mi amiga: una chica lista como ninguna, espabilada, ajena a todo tipo de prejuicios, que no le afecta lo que puedan pensar de ella, independiente y sensata. Después de tantos meses sabiendo de sus discusiones, leyendo capturas de pantalla desafortunadas y escuchándola llorar por teléfono le dije: Tu novio es un maltratador. Y creo que ahí es cuando perdí credibilidad para ella.

El lenguaje duele. Las palabras duelen. Duele oír lo que no queremos oír. Y duele todavía más si lo que nos dicen va cargado de connotaciones negativas. Maltratar, así como muchas otras, es una palabra tan manida en medios de comunicación que parece que haya perdido su significado. Maltrato es de lo que ha sido víctima la mujer asesinada en Santiago hace pocos días. Parece imposible pensar que la vecina de al lado, tu mejor amiga, o más difícil aún, una misma, pueda sentirse identificada con semejante expresión. Y en realidad, una persona maltratada es una persona a la que se la trata mal. Una persona a la que se le hace daño, ya sea con hechos o con palabras. Una persona que llora por teléfono por culpa de otra ya tiene motivo para sospechar.

Y no quiero entrar a contar en detalle públicamente asuntos que no son los míos. Pero cuando una persona pierde esa independencia, cuando aguanta insultos y no decide ponerles un punto final, cuando las promesas cargadas de arrepentimiento y los te quiero (que no dudo que sean reales) pueden a los momentos en los que te han hecho sentir miserable, yo veo maltrato.

Igual a día de hoy no es la mejor palabra para definirle, igual un psicólogo tras conocer a la persona no la calificaría como tal cosa, igual si supiera más del chico hasta yo misma dejaría de pensar en esa expresión cuando me hablan de él, pero al fin y al cabo sólo es una palabra. Me da igual cuál se utilice. Pero los hechos siguen siendo los hechos. Y del mismo modo que yo no fui capaz de ponerle freno a tiempo a mi TCA porque no me sentía identificada con la palabra anoréxica, estoy segura de que millones de chicas cada día siguen aguantando situaciones como estas por no ver en sus novios a potenciales maltratadores. Y por eso a veces odio el lenguaje. Porque del mismo modo que muchas veces es capaz de abrirnos los ojos, también es capaz de cegarnos.

2 comentarios:

  1. Hay gente que sólo identifica el maltrato con el físico,pese a que el primer artículo de la ley de violencia de género deja claro que hay muchas más conductas que son maltrato. Los insultos,las coacciones...son maltrato. Y está bien por tu parte llamar a las cosas x su nombre. Ojalá tu amiga consiga verlo,a veces hasta que no se le pone nombre a algo no se identifica. A lo mejor has ayudado a tu amiga mucho más de lo que crees poniendole nombre,aunque necesite tiempo para asimilarlo y verlo.

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    1. Ojalá tengas razón :) El caso es que ya no están juntos. Pero por decisión de él...

      Un beso!

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