martes, 27 de diciembre de 2016

Modas


No sé  si habréis visto el nuevo anuncio de Audi. Os lo adjunto aquí por si no fuese el caso. 


Básicamente se trata de una tienda de juguetes en la que, al apagar las luces, los muñecos cobran vida y las Barbies deciden conducir los coches del estante de chicos, los Action Man cocinan una barbacoa y toman té en una mesita, las muñecas juegan al fútbol, y la Barbie del principio termina haciendo una carrera de coches. En definitiva, otra aportación al movimiento feminista para que los niños puedan elegir a qué quieren jugar sin que su sexo los delimite. Y de primeras, pues el anuncio me encanta. Pero a veces, cuando me da por hacer scroll en Facebook, siento que el mundo sobreactúa últimamente. No sé cómo explicarme.

Me parece genial que se reivindique, y me parece fundamental el papel de Internet para dar más alcance a las voces de la gente. Me encanta ver todo del revés y la cantidad de movimientos que existen a día de hoy contra los estereotipos, contra la sociedad y contra los estándares establecidos. Me encanta a la vez que me satura. Y es que al final pasa lo mismo de siempre. Queremos acabar con las normas de sociedad, pero la sociedad la formamos las personas, y somos las mismas personas las que intentamos cambiarla, y no dejamos de ser sociedad al fin y al cabo. Por lo que me da la sensación de que tanto movimiento acaba por convertir una moda en otra diferente.

Me explico. Me parece estupendo que los catálogos de Navidad no tengan divisiones y los juguetes se vendan independientemente de si el comprador va a ser un niño o una niña. Pero para inculcar esta idea en la gente se promueven Barbies que conducen coches de bomberos, juegan al fútbol, y hacen carreras de coches. ¿Y dónde están las niñas que quieren jugar a ser princesas o a cocinar? No puedo evitar ver estos anuncios un tanto antinaturales. Que un niño elija jugar con una muñeca o una cocinita de juguete ahora se tiene que ver como algo correcto y progre. Pero si es la niña la que elige jugar con estos accesorios parece que sea una presa del heteropatriarcado.

Pasa un poco como con todo el movimiento curvy, que para que la gente se acostumbre a ver cuerpos en los medios que no sean el estándar establecido, empiezan a verse modelos plus size en revistas en las que antes hubiese sido imposible imaginar. Y una vez más, me encanta. Me encanta ver todo tan diferente, me encanta que la gente tenga que enfrentarse a imágenes que no quieren ver y que empiecen a aceptarlas. Pero ¿y qué pasa con las chicas delgadas? Me da la sensación de que acabamos con un extremo imponiendo otro extremo. Que es cierto que hay que darle mayor visión a lo que está en minoría, a lo que nunca se ha visto: modelos gordas, niños jugando a las barbies, … Pero que lo de toda la vida también es válido.

Me da la sensación de que no estamos pasando de lo que la sociedad nos impone, sino creando nuevas modas que la sociedad pueda aceptar. Que por algo se empieza, y sigo diciendo que me encanta, y veo súper necesario todo este movimiento para que la gente se llegue a plantear que una mujer gorda no deja de ser una mujer y que puede vestirse como quiera y salir por donde quiera; y que una niña puede ser astronauta o futbolista y un niño puede jugar a los bebés. Pero no perdamos el objetivo de vista. Las chicas delgadas también son reales, las niñas que juegan a las princesas también son reales y bombardear las redes sociales con vídeos e imágenes que dicen lo contrario, en mi opinión, lo que hace es crear una moda diferente. Como llevar el pelo de colores, o un lado de la cabeza rapado. La primera se llevaría todas las críticas, la última no es que se hubiese rapado en una sociedad respetuosa y tolerante sino que le pilló en un momento en el que su estilo sí estaba de moda.

Creo que al final lo más importante es lo de siempre: educar. Educar en el respeto. Que nos dé igual lo que decida hacer con su vida el de al lado, tanto si es lo impuesto por la sociedad como si no. Educar en tener ideas propias, en cuestionarnos hasta lo que nos hacen creer que es incuestionable. En poder dar nuestra opinión, sin que sea una ofensa o un insulto. Que podamos decir que no nos gusta algo sin que se nos tache de machistas, gordófobos, racistas o lo que sea porque no se ajusta a la “nueva moda”. Actuar con naturalidad, sin necesidad de hacerlo absolutamente todo políticamente correctísimo.  


Pienso que con esta forma de cambiar la sociedad pasa como con el tema este que decía Ciudadanos de Andalucía sobre darles peces para comer o enseñarles a pescar. Al final por ambos medios Andalucía queda saciada, igual que la sociedad terminará por ver como algo normal estos nuevos aspectos; pero de una forma Andalucía sólo puede comer temporalmente y de la otra podría comer de por vida. Y esta forma de cambiar la sociedad, no sólo me parece temporal (puesto que no la estamos haciendo tolerante y dispuesta a respetar los movimientos conflictivos que llegarán en el futuro), sino que además acaba marginando a quienes deciden quedarse con el estilo convencional.

martes, 20 de diciembre de 2016

Tabú

Me encanta el lenguaje y odio en lenguaje.

Me encanta por permitirme expresar todo lo que quiero, por la comunicación. Y lo odio por las connotaciones que se le atribuyen. Así que en realidad supongo que no es el lenguaje lo que odio, sino a quiénes no le dan el uso que le toca, o a quienes lo pervierten.

Estaba el otro día hablando con una amiga sobre un tema del que llevamos hablando cosa así como año y medio, que ya es decir. El tema en cuestión es su relación de pareja. Relación tóxica donde las haya. Mi amiga: una chica lista como ninguna, espabilada, ajena a todo tipo de prejuicios, que no le afecta lo que puedan pensar de ella, independiente y sensata. Después de tantos meses sabiendo de sus discusiones, leyendo capturas de pantalla desafortunadas y escuchándola llorar por teléfono le dije: Tu novio es un maltratador. Y creo que ahí es cuando perdí credibilidad para ella.

El lenguaje duele. Las palabras duelen. Duele oír lo que no queremos oír. Y duele todavía más si lo que nos dicen va cargado de connotaciones negativas. Maltratar, así como muchas otras, es una palabra tan manida en medios de comunicación que parece que haya perdido su significado. Maltrato es de lo que ha sido víctima la mujer asesinada en Santiago hace pocos días. Parece imposible pensar que la vecina de al lado, tu mejor amiga, o más difícil aún, una misma, pueda sentirse identificada con semejante expresión. Y en realidad, una persona maltratada es una persona a la que se la trata mal. Una persona a la que se le hace daño, ya sea con hechos o con palabras. Una persona que llora por teléfono por culpa de otra ya tiene motivo para sospechar.

Y no quiero entrar a contar en detalle públicamente asuntos que no son los míos. Pero cuando una persona pierde esa independencia, cuando aguanta insultos y no decide ponerles un punto final, cuando las promesas cargadas de arrepentimiento y los te quiero (que no dudo que sean reales) pueden a los momentos en los que te han hecho sentir miserable, yo veo maltrato.

Igual a día de hoy no es la mejor palabra para definirle, igual un psicólogo tras conocer a la persona no la calificaría como tal cosa, igual si supiera más del chico hasta yo misma dejaría de pensar en esa expresión cuando me hablan de él, pero al fin y al cabo sólo es una palabra. Me da igual cuál se utilice. Pero los hechos siguen siendo los hechos. Y del mismo modo que yo no fui capaz de ponerle freno a tiempo a mi TCA porque no me sentía identificada con la palabra anoréxica, estoy segura de que millones de chicas cada día siguen aguantando situaciones como estas por no ver en sus novios a potenciales maltratadores. Y por eso a veces odio el lenguaje. Porque del mismo modo que muchas veces es capaz de abrirnos los ojos, también es capaz de cegarnos.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Sobre redes sociales, sobre SocialErasmus, y mi desastrosa cabeza

Hooola perlas!

Como os decía, si no me metéis caña en los comments se me quitan las ganas de escribir. Qué mal... :(

Así que como es viernes y estoy en mi casa sin NADA que hacer y me aburro, pues a ver si os cuento algo.

Me he dado cuenta últimamente de lo feliz que vivo sin estar todo el día atada a las redes sociales. Os lo juro. Me encanta ser tan poco dependiente del móvil y del mundo online en el que vivimos hoy en día. Esto lo enlazo con lo de que soy un desastre puro y duro, y es que este fin de semana perdí mi móvil (otra vez...). Estaba en Benicàssim en un fin de semana que había organizado la ESN para algunos colaboradores y miembros y tal con talleres formativos sobre hablar en público, tesorería, negociación, project management y ese tipo de cosas. Me sorprendió mucho que me propusiesen ir a mí, porque somos como unos treinta y pico dentro de nuestra sección en la UPV, y yo soy de las que menos hace con diferencia. Es que no sé por qué me da tanta pereza pero a penas colaboro en casi ningún proyecto. Sólo un poco al principio y luego para la fiesta de Halloween y tampoco es que me matase a trabajar. Y me consta que por lo menos a un chico, que tampoco le dedicaba mucho tiempo al voluntariado, le invitaron sutilmente a abandonar la sección. Y a mí, sin embargo, me invitan a pasar un fin de semana (a gastos pagados) conociendo a las diferentes secciones de la región levantina (desde Cataluña hasta Almería), recibiendo talleres formativos, juegos de grupo y una experiencia increíble. Pero me imagino que sería para intentar que me motivase y que empezara a implicarme más en los proyectos que están llevando a cabo para estas navidades y la verdad es que lo han conseguido. Pero ahora iré a eso.

La cuestión es que para ir a Benicàssim tuvimos que pillar un cercanías hasta Castellón y luego el padre de un amigo, que vive allí nos iba a acercar en coche hasta el albergue en el que nos alojábamos (íbamos 3 de mi sección, yo y otros dos chicos). Pues me dejé el móvil olvidado en su coche y hasta el sábado por la noche no lo recuperé. Pensaba postear alguna foto en la historia de Instagram, porque sí es cierto que mi amor por IG es eterno y me encanta. Pero ya está. Sin más. Me dijo mi amigui: si quieres le digo a mi madre que pase a dártelo (están super cerca Castellón de Benicàssim) y me supo fatal y le dije que no hacía falta. Y allí estuve, sin poder recibir ni contestar ningún whatsapp.

El sábado por la noche el hermano del chico este iba a venir a Benicàssim a salir de fiesta y se pasó por nuestro albergue y me dio el móvil. Y a ver, que sí, que de primeras fue como: buaaah, mi iPhone!!!! Pero en cuanto puse el wifi y vi todos los mensajes que tenía que responder dije: meh, luego me pongo a ello. Y me encanta! Me fui a la regional dinner que estábamos preprando, dejé el móvil en la habitación y me lo pasé genial.

Y el domingo llegó el momento de retrasito mental. En el que ya perdí el móvil definitivamente y ahora mismo estoy comunicándome con un tamagochi del año de la picor. Cuando iba a subir a mi casa, con la maleta y las chaquetas y mil cosas, no encontraba las llaves. Y me estaba meando muy mucho. Y como han puesto un TGB AL LADO de mi portal entré súper rápido al baño sin acordarme de que había dejado el móvil en el bolsillo de atrás del pantalón y ocurrió la tragedia.

En fin. Cosas que pasan.... En el momento me jodió, pero más por pensar que era una inútil, que por tener que quedarme incomunicada. De hecho, es que lo recomiendo 100% jajajajaja De hecho poca gente sabe que estoy usando el móvil-tamagochi este alternativo para el whatsapp porque me encanta no tener que estar contestando a todo en todo momento, y que la gente me tenga que hablar por face y tener que esperar a llegar a casa y ponerme con el portatil para leerlos. De verdad! No sé, igual es que antes era una viciada de mucho cuidado y en realidad no os sentís nada identificados porque vosotros tenéis una relación sana con el mundo online. Pero yo de verdad que noto (y agradezco) muchísimo mis épocas sin móvil que tengo que pasar cada vez que pierdo mis teléfonos.

Cambiando de tema, que como os he dicho me apetece implicarme más en la ESN y hay un proyecto que me encanta que se llama SocialErasmus, y se dedica básicamente a organizar actividades de carácter social. Por ejemplo muchos viernes vamos a una protectora de animales de Valencia (y pueden venir Erasmus y todo el que quiera) y les ayudamos a pasear a los perros, a lavarlos, etc.

Ahora de cara a Navidad por ejemplo tenemos una actividad programada que consiste en crear al menos 120 postales/felicitaciones hechas por Erasmus, niños y quien quiera participar y llevarlas el día 17 de diciembre a una asociación de gente mayor de Valencia, para toda esa gente que no tiene con quién pasar estas fechas. Comer con ellos, escucharles y regalarles las postales.

La semana que viene por ejemplo tenemos actividades relacionadas con la discapacidad. Y podemos proponer cualquier cosa que se nos ocurra para seguir creando actividades. Y como siempre se le da bombo a los mismos temas: violencia de género, animales, limpiar la playa, etc. Se me había ocurrido que quizás podríamos pensar alguna actividad que concienciase sobre la existencia de los trastornos alimenticios, el tema de la imagen y tal. Había pensado quizás un calendario sobre la diversidad de cuerpos (y que participasen también los Erasmus en las fotos), porque además el año nuevo está a la vuelta de la esquina y vendría al pelo. O... no sé, ¿se os ocurre algo?

Y si se os ocurre algún otro tema, aunque no tenga que ver con eso... Como actividades con niños Asperger (?) pero me gustaría que me propusierais actividades concretas, no sólo temáticas así en global :) Si queréis claro jaja y si se os ocurren.

Y nada, que llegó el Black Friday y soy más pobre que nunca, y casi preferiría que no existiese este día para no recordármelo xDD Aunque a ver si aprovecho y pillo algún móvil baratucho... Y mientras tanto, pues nada, felicísima porque en enero me voy a ver a una amiga que está haciendo el máster en Londres y porque se acercan las vacaciones y porque aunque no tengo para comprarme cosas estrictamente materiales, siempre rasco de donde sea para poder irme por ahí de experiencia.

Y creo que esto es todo amores,

Un besíiiiiin !!! :DDDD

martes, 6 de septiembre de 2016

To be continued...

Bueno, antes de empezar, os pediría que abrieseis la mente, cogierais aire y os calmarais un poco antes de creer que os estoy lanzando cuchillos por todos lados. Un artículo de opinión es un escrito muy utilizado en periodismo, con carácter argumentativo, que intenta remover algo dentro del lector. Transmitir. Hay quienes pueden sentirse aludidos o no, pero el autor no pretende otra cosa que mostrar su opinión e intentar que cale en su público.  Y no tiene por qué gustar a todos. Muchas veces leo artículos súper populares compartidos por todo el mundo en Facebook y a las dos líneas pienso: buah, qué rollo, este artículo no es para mí. Y tan panchos todos, el autor y yo.

Como esto no es un periódico, y todas sabéis quiénes sois las que comentáis, y las que me dais temas de los que hablar en las siguientes entradas, imagino que todas os sentiréis ofendidas y acusadas con mis palabras. Porque además, utilizo mucho la segunda persona de plural. Pero os recuerdo que escribo este blog sabiendo que me pueden leer otras muchísimas personas que no tienen por qué manifestarse en los comentarios, y por eso también muchas veces hablo en global, o ejemplifico mucho mis argumentos. Y que quien se siente ofendido, es porque se siente aludido; y tal vez, o tal vez no, sienta que hay algo de razón en lo que se argumenta, porque quien tiene la conciencia tranquila no suele ofenderse por algo que sabe que no le incumbe. Ahora sí, empiezo:

Qué pena me da tener que escribir esta entrada porque qué pena me da la escasa ambición de la gente de hoy en día.

Y qué pena me da de corazón que vaya a ser cierto eso de que la educación pública en este país sea de risa, porque parece que los jóvenes salen al mundo sabiendo leer, sí, pero sin saber lo que están leyendo.

Estaba pensando el otro día: No, si tendré que grabarme haciendo un vídeo con marionetas a ver si así dejan de entender lo que les da la gana. Que parece que se mete un poquito de reported speech, un poquito de ironía, y un poquito de argumentación en tercera persona y ya nos perdemos todos.

Qué bonito era todo cuando escribía en forma de diario y decía: “Oh, no! He comido 700 Kcal! Cuánto me he pasado!” Y solamente había que contestar: “Pero Miriam… Si eso es muy poco… Tienes que cenar algo y dejar de restringir”. Y todos estábamos de acuerdo y nos aplaudíamos las súper aportaciones.

Pero es meter un poquito de debate sobre una cuestión muuuuuy sencilla: si es compatible hacer dieta con estar recuperado; y ya parece que no entendáis lo que es argumentar y que tenéis que tirar de registro y repetir los: “Pero Miriam… Que eso es muy malo… Tienes que seguir comiendo como hasta ahora o sino recaerás”. Y me encanta que lo digáis sin saber lo que es “comer como hasta ahora” y sin saber lo que estoy comiendo de ahora en adelante.

Y espero que alguna de vosotras haya leído un libro en toda su vida y sepa interpretar medianamente algún recurso lingüístico. Que esto no es un informe policial. Que no hace falta tomarse cada palabra al pie de la letra, ni el sarcasmo como ofensa, ni la diferencia de opiniones como falta de respeto.

Que si tanto os interesa mi vida en particular, pues yo os la cuento. Pero preguntadme antes. Peso 61 coma no sé cuántos. Y no, no es que no quiera decirlo. Es que en ningún momento se me ha preguntado, y yo no estaba escribiendo ningún diario esta vez. Y ese no sé cuántos tampoco es que me avergüence del decimal. Es que, para vuestra sorpresa, tan obsesionada no estoy con lo que dice la báscula porque ni sé qué porcentaje exacto de grasa tengo, ni sé cuánto peso cada día. Lo único que se me quedó fue: uala! Así que he bajado la grasa y he subido el músculo. Guay. FIN. Y ahora aún seré capaz de leer algún “Oh Dios Dios, estás súper obsesionada con bajar la grasa y aumentar el músculo. Sólo hablas de eso!” Haced el favor de disfrutar un poco de la vida y dejar de intentar sacarle punta a todo. Estaré encantada de hablar con gente adulta pero vuestros comentarios insulsos no es que me ofendan, es que me aburren.

Cuando escribía entradas súper autobiográficas mecanografiadas por una persona ENFERMA de verdad, aplausos y más aplausos y comentarios alabándome. Y cuando escribo mini obritas de arte y os enseño que hay vida más allá del TCA sólo leo negativas. Supongo que seríais del tipo de persona que se negaba a pensar que la Tierra fuese redonda cuando todo el mundo creía que era plana. Y eh, que lo respeto. Que todo es defendible. Pero defended algo! Sólo leo: no te quieres! No te aceptas! No estás recuperada! Dios qué aburrido… No hace falta que sólo habléis de mí. Podéis aportar algo más al blog. O a vuestras vidas. Siempre: no, no, no. No hagas esto que recaes, no hagas esto que vas a fallar, no hagas esto que puaajjjj Haced un poco de autocrítica de vez en cuando, que la mía ya la hago yo muy a menudo y si necesito ayuda de alguien más para ello, por enésima vez, se la pediré a quienes me conocen.

Que no voy a cortar la libertad de expresión de nadie y que por mí, comentad lo que queráis y si queréis hablar de mí, hablad de mí. Preocupada. Pero que las palabras salen de vosotras, y os estáis poniendo en evidencia. Haced el favor de escribir respuestas un poco más elaboradas y un poco menos ridículas.

No dejan de llamarme la atención la cantidad de artículos que comparten amigos míos en Facebook alabando todas las cosas positivas que aporta el Erasmus. Explicando cómo el programa de movilidad aporta a los estudiantes interculturalidad, mayor capacidad para entender diferentes opiniones y formas de ver el mundo, independencia, sensación de libertad, de poder hacer lo que queramos, de no ser juzgados, etc. Y otros tantos artículos hablan de lo dura que se hace la vuelta a la realidad y de la depresión post Erasmus. Y yo por supuestísimo que no tengo nada en contra de este programa de intercambio y me alegro una exageración de que aporte tanta riqueza a los estudiantes. ¿Pero por qué tienen que darse cuenta cuando salen de nuestro país? ¿Por qué es necesario un Erasmus para que la juventud despierte? ¿Y qué pasa con los que no se vayan nunca a estudiar fuera? ¿Qué les espera? ¿Intolerancia? ¿Opresión? ¿Juicios sobre su forma de ser? Y por qué a la vuelta tienen que “volver a la realidad”? ¿Es que la realidad no es interculturalidad? ¿No es independencia, o libertad de expresión? ¿No es ansias de vivir?

Creo que hay quienes piensan que no disfruté el Erasmus al máximo, supongo que porque no abrí los ojos, porque ya los traía abiertos de casa. Y no, espero no describirlo nunca como el mejor año de mi vida (esto ya lo comenté en su día) porque espero vivir otros 90 años cada vez mejores. Pero por supuesto que lo disfruté, como disfruto cada cosa que hago.

Me apena que la sociedad esté ciega. Parece que ya no piensan por ellos mismos y tiene que venir un programa de movilidad a enchufarles el cerebro. Que ya sois libres de viajar, que ya sois libres de ser tolerantes, de hacer lo que queráis sin que os preocupe lo que otros piensen, y de dejar vivir a los demás como quieran sin juzgarlos a ellos. A ver si hacéis un Erasmus que os recuerde que antes que enfermas, sois personas. Y que podéis seguir teniendo ambiciones. Que hacerse la víctima es una excusa para no enfrentarse a la vida. Y no hace falta pasar un año en el extranjero para aprenderlo. Como os digo, deberíais saberlo ya.

Y me estoy yendo por las ramas como siempre y todo esto viene a que un día decidí reabrir el blog porque me apetecía volver a escribir, y francamente soy bastante mala redactando relatos. Así que como llegué a la conclusión de que lo que mejor se me da, es escribir reflexiones y leccioncitas, pues no había mejor sitio para hacerlo que mi blog. Y realmente si os dais cuenta la primera entrada que escribí, la del resumen de mi verano, es una m***** que viene a decir: pues el Erasmus fue muy guay, el verano está siendo muy guay, el Arenal fue pechí, pero guay. Estos días en mi pueblo no están siendo nada guays aunque en instagram parezca que sí, y pirineos seguro que son super guays. FIN. Y al final la pullita que desataría el caos y me daría una excusa para volver a escribir de verdad. Así que a pesar de todo, gracias.

Me hubiese gustado la verdad sacar algo jugoso de vuestras críticas. Algo que me pudiera abrir los ojos esta vez. Algo que me hiciese reflexionar, o pensar sobre aspectos de mí misma. No sé, si de verdad pensáis que hacer dieta supone recaer, convencedme!!

Como he de explicarlo todo, porque sino seguro que lo que sacáis en claro de la entrada es que no me gusta que se opine que no tengo razón, lo aclaro: me encanta que se piense distinto a mí. Me encanta leer puntos de vista diferentes. Pero argumentadlos!!!! No me vale un: no te quieres. ¿Por qué no me quiero? Porque dices que tienes los brazos más gordos que antes. No me sirve, perlas. Espero que os deis cuenta de por qué. ¿O también he de explicarlo, por enésima vez? Como esta entrada se me está quedando larga otro día os explico lo que entiendo yo por dieta, y así termináis de quedaros tranquilas. Yo os escribiré mis opiniones al respecto, con argumentos de verdad. Que pueden convenceros o no, pero no serán simples acusaciones sin conocer ni a la persona que se acusa. 

Y para muestra, un botón. Durante el año que pasé en Cracovia, ya a mediados/finales del Erasmus, mi mejor amiga (la de Valencia, la de toda la vida, la que me conoce como si fuese mi hermana) se enfadó conmigo hasta el punto de acabar el año casi sin hablarnos por algo que yo consideraba una tontería. Nos pusimos a discutir, a decirnos de todo; obviamente, a opinar de forma totalmente diferente sobre el tema. Pero de una forma taaaan bien argumentada, que al final tanto yo me di cuenta de que ella tenía razón en muchos puntos de vista y que igual yo no había hecho las cosas del todo bien, como ella se dio cuenta de que se había enfadado demasiado por algo que realmente no tenía importancia y que había formado una montaña de un grano de arena. Se puede discutir, pero transmitid algo con vuestras palabras. Convenced! Espero que no estudiéis derecho...

Y ahora por Dios no os lo toméis como una ofensa o como: oh, Dios, me está llamando tonta. Cuando se generaliza se habla de mayorías, que es lo que he estado viendo estos días en los comentarios, y cada uno sabe si entra dentro del saco o no. Si no pensáis que lo estáis, pues demostradlo. Y todas estas aclaraciones las veo tan prescindibles, y me alargan taaanto las entradas… Pero es que ya me estoy viendo que vais a profundizar cero en la entrada, que os vais a quedar con lo superficial y que os vais a sentir súper ofendidas. Que esto no es un consejo para que os moderéis en los comentarios. En los comentarios podéis decir lo que os salga de ahí abajo, por supuestísimo. Es un consejo de vida.

Mención especial a mi querida anónima: A ver, la que opina que no me quiero porque me llamo bollete. Pero corazón, si justamente en lo espectacular que salgo en mis fotos de instagram y en lo guapa que me creó el Señor es en lo único que estamos de acuerdo! Cómo me sacas eso en contra ahora?

Y tú te crees que si un día resolviendo una integral, y equivocándome en un cálculo tonto me digo a mi misma: si es que soy retrasada! Crees que de verdad pienso que tengo un retraso mental? Pues claro que no perla! Pero me puedo equivocar, como cualquier humano. Y también puedo salir mal en una foto, y reírme sanamente. Porque fotos malas tienen las enfermas, las curadas, las modelos de Victoria Secret y hasta el mismísimo Nick Bateman. Y-no-pa-sa-na-da. ¿Aceptarse es mentirse y decir: Buah, mi mejor foto!? Que siiii, que soy súper guapa, que estoy buenísima, que estoy estupenda y que al final vas a hacer que me haga una flipada. Y justamente por eso, porque no lo soy, pues me río de mí misma. E igual que resalto mis puntos fuertes, pues comento mis puntos más débiles. Y yo tengo clarísimo que estoy genial. Que estoy genial con mi barriguita. Porque sí, porque no tengo abdominales, y cuando me siento se me hacen pliegues en la tripa. Es un hecho. Y me gusta. Pero entonces, ¿ya no puedo hacer un abdominal nunca más en mi vida? Es que lo siento si os ofende que lo vea ridículo… Pero me parece una tontería mayúscula. Y ahora me dirás: yo no he dicho eso, no tergiverses. Ya sé que esas no han sido tus palabras, sé leer. Pero sé perfectamente lo que quieres decir. Ahora intenta darle tú una segunda leída a las mías y no las tomes al pie de la letra. De verdad, no es tan complicado. O es que me va a tocar redactar entradas hiper planas para que no haya malentendidos? 
Me recuerdas a la típica tipa que va pregonando lo genial que le parece la homosexualidad, y de repente le presentan un día a un gay y se pone a cuidar todas y cada una de sus palabras vaya a ser que hablarle como a una persona más pueda ofenderle. En plan: cuando un chico se enamora, y encuentra a su chica ideal, bueno… ehm… o chico… o chico ideal. Pues aquí igual, cuánta pedantería xD Que yo sé que hay mucho movimiento para que el lenguaje sea más igualitario y menos ofensivo y todo eso, pero ahora decir que sales mal en una foto, o decir que has engordado durante el Erasmus, o que no tienes la tripa plana es no quererse. En fin.

Btw, cómo esperabas que reaccionase una persona supuestamente curada, como me llamas tú, después de que se me acuse de no estarlo? Sumisamente?

sábado, 3 de septiembre de 2016

Good bye Elche, Hello Valencia :)

Mañana me voy a Valencia de nuevo a pasar el año allí y hoy me toca pasar el día haciendo la maleta (pereeeeeza) y en uno de los descansitos, que van a haber muuuuuuchos, pues me he puesto a mirar el blog.

Como la entrada anterior es una retahíla de comentarios que no sabes ya ni cuál responde a cuál (aún así he contestado), así en plan esquema aclaratorio el asunto de debate ha surgido así:

Entrada 1: escribo una frase final diciendo que estoy a dieta. PUNTO FINAL. Un anónimo "opina" que claramente me he puesto a dieta porque no me acepto a pesar de que no me sobren kilos (así en plan verdad categórica, sin saber cuántos kilos tengo). Dice que no me gusta mi cuerpo y que me estoy autoengañando, opinando en plan gurú que todo lo sabe. Pero que me lo dice a modo de ayuda.

Entrada 2: Respondo a la anónima en tono sarcástico un poco harta de que, ya no sólo a mí, sino a otras amigas que conocí precisamente por estos mundos, pero que están infinitamente curadas y que hace más de un año creo yo que no hablo con ellas de nada que tenga que ver con los TCA, se nos meta automáticamente en el cajón de chicas no curadas por querer hacer un poco de dieta alguna vez. Que digo yo que igual la palabra problemática es la palabra "dieta". Si la cambio por "cambiar el chip" os gusta ya más? Y es que parece que hay gente tan metida en los trastornos de conducta alimentaria que no pueden apartar la mente de ellos ni durante un segundo. Y no sé si es por el miedo que sienten ellas mismas de no ser capaces de salir de esa tortura ninguna vez, que casi que se sienten más tranquilas si meten a las que están ya fuera dentro del círculo cada vez que ellas consideran que pueden meter un poquito el pie.

Me imagino lo que me dirían cualquiera de esas chicas que os comento si se enteran de que estoy escribiendo otra vez y leyesen la cantidad de comentarios que debo leer y las respuestas justificadoras que me toca escribir. Me aconsejarían cerrar el blog, como hice la última vez, y dejar de leer comentarios que sólo hacen que vuelva a tener el temita en mente y que sólo me pueden hacer mal, ahora que ya estoy fuera. Y tienen toda la razón. ¿Qué necesidad tengo yo de estar leyendo acusaciones?

Entiendo que cuando abrí el blog éramos todas amiguis porque estábamos todas metidas en el hoyo y todas sabíamos que restringíamos, porque lo sabíamos, y todas sabíamos que estábamos luchando para volver a caer en algún momento, y ninguna sabíamos cuándo iba a terminar todo eso, si es que iba a terminar alguna vez. Y eso nos unía. Pero cuando alguien empieza a salir del hoyo, parece que esa relación cambia.

Me quedaba flipando muchas veces con algunos comentarios que leía cuando aún era activa en el blog y estaba pasando por la recta final, por la cuerda floja que me podía hacer salir definitivamente o volver a caer. Ahí reconozco que aún era una chica débil aunque infinitamente más fuerte que al principio, y había mensajes muy constructivos que, tanto si eran en mi contra como si eran a mi favor, eran tan constructivos que necesitaba leerlos. Y que posiblemente al final me hicieron abrir los ojos y salir del agujero. Pero había otros que mediante su propia desconfianza te hacían desconfiar a ti misma de tus capacidades y hacerte creer que no te quedaba otra que volver a caer.

Y hoy en día... Después de más de un año sin vomitar ni una sola vez, totalmente ajena a las conductas anoréxicas/bulímicas, a años luz del pozo en el que estuve metida durante 3 años... Ahora ya parece que no se puede ser tan amiguis, porque ya no nos une lo mismo y la vida se ve infinitamente diferente desde la superficie del agujero que desde dentro. Y parece que son visiones incompatibles en muchos casos. Y no puedo hacer nada frente a eso, más que esperar con esperanza a que estéis fuera vosotras también.

Y que si durante la escalada (siguiendo con la metaforita que me ha salido en un momento) ha sido necesario vencer a atracones sin vomitar, o si ha sido necesario dejar el gimnasio, o enfrentarse a la comida basura para perderle el miedo, o lo que cada uno haya necesitado para salir, (que pueden ser mil cosas), si habéis subido de peso, que no os sintáis enfermas por querer bajarlo.

Si una vez fuera, a salvo, totalmente a salvo, veis que habéis subido de peso (algo muy frecuente en las recuperaciones), o que estáis muy por debajo de vuestro óptimo todavía (que también puede pasar), no tengáis miedo de querer cambiarlo. Ya estáis fuera. Y si volvéis a caer, es porque no lo estábais. ¿Y como se sabe si lo estás o no? Pues no se sabe... Supongo que será como el amor, que si dudas es porque no estás enamorado. Si dudas de que puedas ponerte a dieta sin obsesionarte, es que no se está curada. Si sigues renunciando a planes por miedo a engordar, si sigues teniendo vergüenza de tu cuerpo. En esos casos no estaréis curadas. Y ojo, que es sólo mi opinión. Esto por ejemplo, sí me lo podéis rebatir. De hecho, me encantaría saber más opiniones de lo que consideráis vosotros como curado/no curado, independientemente de que podamos estar o no de acuerdo.

Total, que como cualquier persona sobre la faz de la tierra, estás en tu pleno derecho de decir: oye, pues me apetece ponerme un poco en forma, o me apetece recuperar la resistencia que tenía cuando salía a correr o a hacer senderismo o a montar en bici; o me apetece reducir mi celulitis, a ver si comiendo un poco más sano y con ejercicio lo consigo; me apetece verme más tonificado; me apetece perder los kilos que he cogido últimamente. Estáis en vuestro pleno derecho!!!! Y si encima estás fuera, estás a salvo, ya no vas a volver a recaer. Ya no te obsesionas, vomitar HA DEJADO DE SER UNA OPCIÓN, ni se te pasa por la maldita cabeza; y aunque lleves toda la semana comiendo bien, salir a cenar fuera un jueves no hace que te ralles el resto de la semana pensando: joder, podría haber sido una semana perfecta y el jueves la cagué. Porque salir a cenar con tus amigos no es cagarla. Y ya no te lo dices a ti mismo para que te entre en la cabeza, ahora lo tienes bien metidito y te sale solo ver la vida así. Ya no te preocupa que el plan de la tarde haya incluído comer helado porque uuuuf, cuánto te apetecía comer ese helado, y qué bien lo estás haciendo mirando en perspectiva. Y así es como estoy yo.

Si en vez de hablar de dietas, hablamos de cambios de chip, porque me da igual las PALABRAS que utilicemos, igual entendemos que cambiar el chip es comer lo que quieras, siempre y cuando te NUTRAS adecuadamente de todo lo que tu cuerpo te pide: ni comer siempre macarrones y paella, ni siempre ensaladas. Pero sí de las dos cosas. Cambiar el chip es, a lo mejor, pedir una Coca-Cola zero en vez de una caña si tienes un objetivo en mente y sabes que esa caña no te va a ayudar a conseguirlo. Y sobre todo, si no necesitas una caña en ese momento y con la Coca-Cola te vas a quedar igual de bien. Y cambiar el chip también es tomarte la caña cuando la situación te pida una caña y saber que tu objetivo lo vas a conseguir igualmente. Porque en el equilibrio entra todo. E igual que entra de una cosa, entra de la otra. E igual que habrá días de helados, habrá días de no helados que tengas que decir: no, yo hoy no quiero. Y eso no es de gente enferma. Es de gente que sabe nutrirse, que sabe darse gustazos, que sabe que tiene un objetivo en mente, y que no se obsesiona.

Y por mucho que te quieras, y que salgas con tus amigos, y que seas feliz, y que hagas tu vida sin ponerte límites, tienes un objetivo. Y no sé qué entiendes tú por aceptarte cuando me lo escribes tanto en los comentarios, te pediría que me lo explicases la verdad... Porque para mí aceptarse es: vale, quiero tonificar/bajar la grasa/whatever, y aún no estoy donde quiero (LO ACEPTO) así que voy a seguir haciendo mi vida, y voy a seguir saliendo con mis amigos, y siendo feliz y vistiendo como quiero y haciéndome fotos, sin amargarme por no estar donde quiero. Pero voy a seguir persiguiendo mi objetivo.

Ponerse objetivos es sano. Tanto en lo físico, como en lo intelectual, como en relaciones personales, como en profesionalidad, como en sensibilidad emocional como en lo que queráis. Si aceptarse es decir: soy así y así me voy a quedar, podría morirme hoy aquí mismo, porque por lo visto esto es todo lo que puedo dar de mí.

Entrada 3: No os pido que me digáis que estoy recuperada. Que eso ME DA IGUAL. Que sólo pueden influirme (si es que me influyen) comentarios de personas que me conocen, aunque sea mediante Internet eh, pero que me conocen de verdad. Así que podéis criticarme de aquí a Lima, pero para que sea efectivo tendríais que esforzaros en conocerme primero. Así que como no os pido que habléis de mí, os pido que habléis de vosotras. Que sé que muchas no estáis curadas aún. O sí. No lo sé. No os conozco. Y no os juzgo. Imagino que estaréis yendo a terapia, así que ya os juzgarán allí.

Os pido que habléis de vosotras mismas, con vosotras mismas. Que seáis fieles de verdad a lo que pensáis, que le seáis sinceras tanto a vuestras psicólogas como a vosotras. Vosotras sabéis dónde estáis, y sino lo sabéis descubridlo. Y si alguna (ojalá que algún día pase), de verdad siente que ha llegado, que después de una larguísima lucha, de pálpitos que al final resultaron que no fueron ciertos, de dietas que no deberían haber seguido, si al final llega el pálpito verdadero. Creéroslo. La recuperación existe. Y sí, puede que aún no os haya llegado, y puede que ese pálpito final vuelva a terminar en recaída, y que no fuese tan final como pensabas. Pero curarse tampoco es pasar la vida teniendo miedo a las dietas los cambios de chip y aceptarse conformarse con lo que nos queda. Tenerle miedo a la comida es malo pero tenérselo a los objetivos también. El día que estéis curadas lo sabréis, y ese día seréis libres de proponeos la siguiente meta que queráis.

lunes, 29 de agosto de 2016

Ya te estaba echando en falta, anónimo de mi corazón

Oye, qué suerte esto de tener anónimos en tu vida que saben más de ti que tú misma eh? Ojalá los hubiera descubierto antes. Y yo aquí perdiendo el tiempo con una nutricionista que dice que tengo un 28% de grasa y un IMC un poco por debajo de 25 y que convendría bajar un poco ambos índices. La próxima vez que la vea le diré que revise los datos que a mí no me tima, que una desconocida que me ha visto por fotos de instagram (ya sabes, estas tan naturales que salen a la primera casi sin preparar) dice que no me sobra ningún kilo.

Pues gracias por aclarármelo querida anónima, porque a mí no se me ocurre otra cosa que irme a la playa a pasar el día en bikini delante de todos mis amigos y el resto de desconocidos que hay por la costa, con lo poco que acepto mi cuerpo. Ahora que sé que en realidad no me sobra nada ya me quedo más tranquila.

Y yo aquí, de viaje, probando las cosas típicas del norte como si se pudiese perder grasa comiendo de todo. No, no, no. Si hago dieta es porque sólo puedo comer pollo y arroz. Y agua, mucha agua. A ver si me creo que puedo hacer una dieta en la que no me prohíba comer nada, como si me creyese normal o algo y supiese lo que es la moderación. Enferma, que soy una en-fer-ma. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Si me lo está diciendo bien claro: quiero adelgazar. Eso lo prueba todo. Tendré que avisar al resto de la población que quiera quitarse los kilos que haya cogido recientemente, que se pensarán que tienen derecho a ponerse en forma. ¿Pero quiénes se han creído?

Ah, no… Se me olvidaba, que ellos sí que pueden. Ellos no han sufrido un TCA. Perdona eh, que el día que firmé para ser anoréxica se me olvidó leer la letra pequeña que decía que si en algún momento de la larga vida que me queda por vivir, después de coger unos kilos que no me corresponden, decido hacer dieta y ejercicio para estar sana y en forma, automáticamente vuelvo a ser anoréxica. Independientemente de que ya no me dé vergüenza ir en bikini en público, independientemente de que hasta me guste cómo me queda el bikini, independientemente de que pueda comer de todo, de que me permita amoldar mi dieta a los planes que se me ponen por delante. Que no cuente calorías, ni piense en un peso meta. Independientemente de que lo haga por reducir grasa, porque para mí hacer ejercicio y andar por la montaña no es una obligación, sino un placer. Porque me gusta estar fuerte, aunque no esté delgada. Independientemente de que no quiera ser un palito, sino una chica sana. Que no, que quien es anoréxica lo es de por vida. Y ya está. Aunque estés persiguiendo el mismo objetivo que tu amiga que también ha ganado peso, aunque lo estéis haciendo igual de saludablemente, aunque os la pele que sea un proceso largo y os la pele que ahora os toque salir por ahí a hacer vida con unos kilillos de más. Aunque os la pele que el aguacate sea todo grasa porque os la pela cuántas calorías tenga porque sabéis que estáis comiendo bien y que os gusta. Y lo mismo nos pasa con el chocolate o con la cerveza. Eliminarlas no es opción. Tomarlas con cabeza, sí. Pero no, leches. Que ella es normal, pero yo soy una EN-FER-MA.

Hey, gracias por aclarármelo todo. Que ya me estaba creyendo yo que podía ir a una nutricionista a que me valorase de forma objetiva, y hacer una dieta sana para bajar un poco el porcentaje de grasa a uno más saludable. No, no, no. Yo a comer bollos y a aceptarme y quererme mucho. Porque si has tenido un TCA y ahora quieres tener un IMC óptimo es porque no-te-quie-res. Que no me entra en la cabeza aaaay. Da igual que me mire al espejo y piense que soy la tía más sexy del planeta y suba fotos y vista como quiero y me sienta guapa y no pierda jamás la actitud de triunfadora. Mientras siga viendo grasa en mi cuerpo que mi nutricionista también ve, y quiera convertirla en músculo y subir picos más altos es que no me quiero. Y punto pelota.

Pues nada maja, me voy a dormir hoy llena de conocimiento ;)

Y dejo ya el sarcasmo que me gusta tanto que no sé nunca cuando parar. En fin guapuras, que sí voy a abrir el blog de viajes porque me gusssssta mucho viajar y escribir jejejeje

Y también me gusta mucho cerrar bocas eh, así que ponedme a parir todo lo que queráis que a mí me va a seguir resbalando, pero así desarrollo un poco mi creatividad mientras os contesto. Y ya, pues si algún día el destino os cruza en mi camino y me llegáis a conocer en persona, pues igual os tragáis vuestras palabras. Tranquilas, que son sin calorías. Uy, no. Lo he vuelto a hacer. Hablando de calorías… Si es que no me curaré nunca…

Ya os pasaré el link del blog cuando tenga material.

Un beeeeeso!!

P.D. Ha pasado tanto tiempo (o lo que yo considero una cantidad de tiempo larga, porque para mí cada segundo cuenta) desde que de verdad estaba enferma que ya ni me acuerdo de hasta qué puntos llegaba. Y conductualmente soy tan otra persona… Que estos días estamos en los pirineos y por supuesto que hemos hecho senderismo. Pero en otra época hubiese sido un senderismo súper forzado, exigiendo el máximo de mí cada día y cumpliendo unos objetivos de km aunque esté oscureciendo o aunque el tiempo pinte mal. Sino, habría fracasado.


Y ahora ha sido un senderismo tan de disfrutar. Tan de que si algo no sale como habíamos previsto y tenemos que volver antes al coche, nos dé igual porque estábamos viendo sitios chulísimos igualmente. Tan de no preguntar cuántos km hemos hecho a no ser que mi padre se ponga a proclamarlos todo orgulloso. Y no son actitudes que tome pensando: “Eva, enferma. No preguntes cuántos km hemos andando porque entonces van a descubrir que no estás curada. Actúa con normalidad, insensata”. Lo de que me dé igual cuántos km hemos andado, y en cuánto tiempo, y con qué desnivel para saber cuántas calorías habré quemado es algo que acabo de pensar ahora, mientras me daba cuenta al escribir de cómo he cambiado. Es algo que me sale natural. Hacer deporte por placer, por autosuperación, sin pensar en las calorías y sin castigarme por no llegar. Y que claro que voy a subir a instagram la foto en la que más tonificada salga y con la pose más estilizante, pero no me importa tener otras tantas fotos con algo más de celulitis o con algún michelín adivinándose por debajo de la camiseta. Y claro que voy a hacer comentarios con mi hermana mientras veamos las fotos, como hace ella cuando se ve las piernas algo más grandes de lo que le gustaría, y como hace cualquier persona NORMAL cuando una foto no le convence. Imagino que comiendo bien y siguiendo con el ejercicio poco a poco irán desapareciendo. Y si no ocurre, que puede que no ocurra, porque como ya he dicho me gusta comer de TODO y como ya dije en otra ocasión, tengo una constitución que no tiende a la delgadez (también se me martirizó por afirmarlo aunque sea tan cierto como que sea rubia y lo tenga tan asumido como que soy mujer) pues ya está. Pues no ocurrirá. Y fin. Pero no por ello dejaría de comer sano o de hacer ejercicio. Y no por ello seguiría estando enferma. Que la alimentación y el deporte son parte de nuestra vida, amores míos. Y que hay que saber alternarlos de forma adecuada para ser personas sanas. Que no es todo cuestión de thigh gaps, perlas de mi alma; aunque os cueste entenderlo, cojón.

sábado, 20 de agosto de 2016

Reaparición estelar.

Que estaba yo pensando que con lo que me gusta a mí escribir y lo poco que lo practico, que a ver si volvía a abrir el blog y le daba un poco de vidilla again, que al fin y al cabo lo que me gusta escribir son mis opiniones de la life.

Y me imagino que ya habrá alguna enterada suponiendo que si vuelvo a hablar de comida o de físicos es porque en el fondo de mi corazoncito aún no estoy curada. Pero como yo soy muy de la idea de que alguien curado puede hablar de lo que le dé la santa gana, pues allá vamos.


Será de mala educación no contar nada del Erasmus ni del verano antes de empezar. Y también no saludar al anónimo que comentaba el otro día por el blog de Flau que echaba de menos el blog. Y me dije: pues ya ves! Si tú tenías un blog. Y aquí estoy. Además es que estos días estoy por el pueblo, y ya sabéis eso de 


así que no os creáis que por mucho que salga sonriendo en mis fotos en la playa esto es una juerga porque no. Porque es un pueblo sin gente y nos pasamos to´el día sin hacer na´.

Total, que el verano bien. Volví de Cracovia el 17 de junio y poco después, tras ver a mi familia y amigos me fui con mi super amigui de Benidorm a pasar unos días a Mallorca. Me flipó la isla la verdad. No fue un viaje rollo ueeeee Mallorca, fiesta, Magaluf, guiris, alcohol porque no nos apetecía ese rollo. Yo notaba que mi amiga, como tengo esa familla de fiestera, pensaba que en el fondo yo querría que nos la pegáramos durante todo el viaje y que igual no lo estaba disfrutando al 100%. Pero la verdad es que me estaba encantando. Ya no es sólo que estuviese cansada de tanta fiesta después de un Erasmus, es que incluso de haber estado un mes en cuarentena, no tengo ningún problema en viajar en modo turismo. Es más, me encanta. Así que estuvimos viendo Palma, los pueblos de la Tramuntana y algunas zonas del norte de la isla, donde vive su novio en verano. Lo pasamos muy bien la verdad y fue todo un descubrimiento ver que existe un sitio tan bonito en medio del Mediterráneo. Siempre pensé que me gustarían más las Canarias.

Creo recordar que estuve unos días en Elche y que luego me fui a Madrid para recoger a una amiga e irnos juntas a Oporto a hacer el camino de Santiago. Otra pasada. No sé qué tiene ese maldito camino que a pesar de las mañanas de madrugón pensando en qué momento decidí que quería pasar dos semanas caminando, del dolor de pies, de las etapas interminables, del calor del verano y de todos los males que puede suponer recorrer 300 km a pie, ME EN CAN TA. Y creo que lo repetiré el verano que viene por la vía asturiana (la primera vez hice el francés, León-Santiago, y esta vez he hecho el portugués, Oporto-Santiago).

La vuelta del camino supuso unos 5 días de descanso y luego me fui al Arenal. Lo que pasaba con el Arenal es que ya sabía yo que después del listón que dejamos el verano pasado este año las expectativas iban a estar demasiado altas y sería difícil estar a la altura. Y así fue. Claro que me lo pasé bien, claro que volveré el año que viene, pero las primeras veces siempre son las primeras veces y las emociones que dejan son insustituibles. Además perdí el móvil. Una movida. Y estuve incomunicada prácticamente todo el festival. Pero bueno, no fue para tanto... Me desenvolví sin problemas igualmente. Conocimos mucha gente, aunque no tanta como el año pasado. Bebimos mucho, aunque no tanto como el verano pasado. Y me puse muy negra, puede que más que el verano pasado.

El mismo día que volvíamos del Arenal empezaban las fiestas de Elche pero yo estaba echa polvo. Qué rabia me ha dado eso... He estado con tos, que apenas podía dormir por las noches, mocos y medio afónica y tan sólo salí el día de la charanga (un día que salimos todos disfrazados a desfilar) y me vistieron de bombera putilla xD) y un día random que no recuerdo por qué fue. Los últimos días de fiestas, los que más nos suelen gustar porque tenemos una noche de fuegos artificiales increíble (ya sabéis que la pólvora en Valencia...), no teníamos los ánimos para fiestas por la pérdida de un familiar... No entraré más en detalles de ese tema pero era también uno de los motivos por los que no fui tan animada al Arenal Sound.

La cuestión es que el día 15 nos vinimos para Granada, al pueblo de mi madre. Y aquí estoy, escribiendo esto. Por las mañanas me dedico a leer física, y por las tardes o bien a ir a la playa a haseerle fotos a este body serrano, o bien a andar a la sierra. Mis dos básicos. Mañana es nuestro último día aquí y ya nos volvemos a Elche para irnos después a Pirineos. Esto es un no parar. 

Y nada eso, que mientras caminábamos por el monte esta tarde me estaba acordando de mis años de colegio y de cómo mi amiga Chela, a pesar de estar gordita era la tía más popu de toda la clase y la que siempre cortaba el bacalao. Y de que cada uno se pone sus propias limitaciones, supongo. Y ya me he acordado del blog.

Quizás abra uno de viajes, que ahora mismo este se ha quedado un poco obsoleto. O quizás no. ya veremos. Si lo hago ya os contaré allí detalles del Camino o de lo que sea. Y aquí pues si eso otro día os reflexiono un poco sobre la belleza y la superficialidad y esas cosis. Que habrá quien no quiera que hable de eso por si recaigo, pero asumiré el riesgo.

Ah, el momento de la crucifixión, estoy a dieta desde hace una semana, pero de buen rollo

Chau!