viernes, 3 de abril de 2015

¿Cuándo se da por acabado un trastorno alimenticio?

Esta es la pregunta que me he estado haciendo desde que abrí el blog. De hecho, juraría que en varias entradas pasadas os lo planteaba: ¿Cuándo se considera que estás curada de tu trastorno alimenticio?

La verdad es que no tengo la respuesta, si es lo que esperábais, pero supongo que si he de elegir un punto y final, sería el momento en el que dejas de ir a terapia (por decisión de tu propia psicóloga).

Llevo un mes y medio sin escribir por aquí y lo cierto es que ha sido un mes y medio muy revelador. No sé si ha sido por quedarme soltera o por todas las cosas que me han pasado desde que estoy libre, pero sólo he hecho que remontar. Si bien es cierto que al principio tuve varias recaídas y vomité o restringí bastante en Navidades y tuve un poco de crisis de "Estoy gorda, necesito perder 5 kilos ya", desde que ha llegado el buen tiempo estoy con una mentalidad completamente distinta. Una vez pasaron exámenes y pude desestresarme, me dediqué a disfrutar de los cafés a media tarde con mis amigas, de los viajes improvisados y los que llevas meses esperando, de los primeros helados de la primavera, y de las nuevas personas que entran en tu vida. Me dediqué a olvidar la bulimia y a centrarme en vivir. Y desde entonces que ni vomito ni me atraco.

Lo último que quiero es buscar culpables, porque si algo tengo claro es que esta enfermedad ha sido un proceso muy largo donde han influido muchísimos factores (familiares, sociales, genéticos, ... ), pero desde luego la solución siempre está en el cambio, y yo estaba muy estancada en mi relación. Esta afirmación la hago ahora, viéndolo todo desde cierta perspectiva, que ya han pasado cuatro mesecitos desde que tomé la decisión, porque un mes antes de dar el paso yo creía que era una chica completamente feliz y plena. Pero creo que lo cierto es que estaba refugiada. Luchaba por salir de la bulimia, pero tenía a alguien que me quería y que lo hacía todo por mí. Era como si no necesitara currarme yo las cosas. Daba igual cómo estuviera física o mentalmente, tenía a alguien que me quería y que cuidaba de mí. Y joder, suena bonito ¿verdad? Pues gracias a Dios que mi cabeza loca me dijo basta y me di cuenta de que después de dos años y medio de relación necesitaba INDEPENDENCIA de nuevo, porque gracias a volver a centrarme en MÍ, he logrado perderle el miedo a comer.

¿Que qué me ha hecho cambiar el chip? Sinceramente... No lo sé. Supongo que al dejar de hacer vida en pareja, volví a quedar más con mis amigas, y me di cuenta de cómo comían ellas. He estado de viaje dos veces en el mismo mes: Barcelona primero (por un intento fallido de ir a Amsterdam) y a Polonia después, ambas veces con la misma chica. Me dediqué a comer lo mismo que comiera ella, y no es una fan de la comida light precisamente. Nos pasábamos el día andando por la ciudad, comiendo dulces, riendo de todo lo que veíamos, haciéndonos fotos, comprando cena, bebiendo cerveza, y cocktails, y chupitos, y helados, y hamburguesas, y volviendo a andar, y volviendo a reír, y volviendo a hacernos fotos. Y resultó que al volver a casa, a petición de mi psicóloga, me pesé. Y estaba exactamente igual. Me di cuenta de todo el tiempo que había estado perdiendo en estos dos años y medio siendo presa de esta enfermedad. Me di cuenta de que mi felicidad se había basado en el número de calorías que ingería: cuantas menos, mejor. Y resulta que es justo al revés. Resulta que comer te da energía, te hace feliz, te permite moverte, saltar, correr, bailar, y disfrutar. Resulta que tengo 20 años y toda la vida por delante, pero de juventud ya cada vez quedará menos. Resulta que quiero ir a la playa con una sonrisa, y saltar de emoción en festivales de verano. Resulta que quiero viajar por todo el mundo, y salir de fiesta, y cenar con mis amigos, y saber cómo les va, y que puedan contar conmigo cuando quieran, y saber que ellos estarán ahí para mí. Y poder decir que sí a todo lo que me propongan, porque las calorías ya no serán una limitación. Y habrá quién me diga que soy muy joven aún y que no he perdido tanto el tiempo como yo me pienso, pero ¿sabéis qué? Que la vida pasa, que si no actúas, te estancas. Que creemos que tenemos tiempo para todo y antes de darnos cuenta nos vemos que ha pasado un año más y no hemos conseguido ni un cuarto de todo lo que nos propusimos. Que claro que soy joven y claro que me quedan años de vida, pero no quiero perder ni un día más siendo presa de esta mierda.

Una buena amiga me dijo una vez: "los dedos en el chichi dan gustito, en la garganta no". Y no quiero que vuelvan a pasar por ahí. No quiero volver a vomitar. No quiero tardes en casa comiendo y potando. No quiero perder el tiempo. Quiero metas, quiero vivir, y hacerlo de verdad. Hacerlo de corazón. Y el momento de conseguirlo es ahora.

Me veo gorda, ¿sabéis? No volví a ver al nutricionista. Una única sesión tuvimos, sí. Le dije que me estresaba tener que seguir un planning. Y veo fotos del verano pasado (en el que ya estaba recuperada de peso) y me veo piernas fuertes, más grandes que antes, pero me gustan. Me veo la tripa más plana y los brazos más finos. Y no están tan lejos. Ahora la ropa me aprieta, y me veo celulitis y piernas fofas, pero es que me da igual, el camino más duro ya ha pasado. Con tanta subida y bajada de peso lo último que me falta es variedad de tallas en el armario. Si las del verano pasado no me vienen, pues pillo otras, y ya habrá tiempo de bajar de peso. Que acaba de empezar abril y hasta junio aún quedan dos meses. Que ya está bien de poner una talla por encima de nuestra felicidad. Porque no penséis que pretendo bajar de peso restringiendo de nuevo, que veo cada cosa por vuestros blogs que me da un algo cada vez que os leo. No quiero recaer. No quiero límite de calorías. No quiero culpabilidad. Sólo quiero dejar de atracarme y de vomitar. Lo demás vendrá solo. Sé que vendrá solo.

Llegan las vacaciones y hoy me voy a Benidorm a la playa. Al que no le guste, que no mire; y al que le guste, que se toque. Voy a tomar yogur helado, ni lo dudéis. Cuando baje a Elche, tengo ya como... dos cenas, una comida y una merienda planificadas, y más que quedan por organizar. Y mi cabecita no va a rallarse por nada, porque sé que mientras no me atraque, da igual que salga a comer fuera. El ejercicio y el equilibrio son la clave. Y mis amigos comen fuera y están delgados. No será tan difícil, ¿no? Sabéis que el error es nuestro. Sabéis que nosotras lo hemos hecho de culo, porque desde luego lo que no hacen es comerse un paquete entero de magdalenas en una tarde. Eso es lo que nos mantiene estancadas. Y nos empeñamos en pensar que el fallo está en salir a comer fuera o en beber de fiesta. Pues no. Lo hacen, y no engordan. Y nosotras no somos menos.

En fin, ¿que cuándo se da por acabado un trastorno alimenticio? Hay quiénes me dijeron que cuando fuesen capaces de comer bien. No sé qué considerará cada una como "comer bien" pero os diré una cosa: yo no como bien. A mí no me entra en la cabeza eso de merendar una fruta y cenar dos platos. Y quizás más de un día me he saltado alguna comida, y otros tantos he comido bastante de más. Pero... yo considero que el trastorno acaba cuando te da igual. Cuando TU MENTE no está tocándote la moral ni martirizándote por ello. Cuando comes porque tienes hambre, y no por ansiedad. Cuando tu felicidad no depende de un número, y cuando no renuncias a planes por miedo a engordar. Porque estoy hablando de ACABAR CON EL TRASTORNO. Si luego además, quieres ser fit, eso ya es otro tema.

Y quizás por ello mi psicóloga me ha dicho que ya no es necesario que vaya a terapia semanalmente, sino de forma puntual, para llevar cierto control hasta que me vaya de Erasmus y poder contar con ella si vuelvo a recaer (que nadie ha dicho que no vaya a suceder).

La solución siempre está en el cambio, lo difícil es saber qué debemos cambiar.