martes, 30 de diciembre de 2014

La "anti-restricción" acaba restringiendo y encima en Navidades

Voy a ser breve, porque todo se resume en el mail que le mandé ayer a mi psicóloga:

Hola Mercedes,


¿Cómo van las Navidades? Yo volví ayer del pueblo a Elche y decidí hacer frente a la báscula. Sabía que este último mes había sido un caos entre exámenes y el tema Joaquín, y el 56 que vi me lo confirmó del todo. No me dolió el número en sí. Me hubiese dado igual ver un 50 mientras lo que veo en el espejo siga siendo igual. Lo que me dolió fue ver cómo había llegado a pesar 56 kg: atracones a los que no daba importancia por ser subjetivos y porque "bah, no pasa nada por una vez más", pero que suman y suman, y se unen al estrés de exámenes, a la falta de ejercicio, a horarios desordenados y comidas descontroladas, y siempre de más, nunca de menos. 

Lo que te quería decir con esto es que han llegado las navidades y en vez de agravar la situación tirando de bulimia, se está agravando tirando de anorexia. Con la diferencia de que a mí la bulimia me deprime, y la anorexia me motiva. Así que estoy restringiendo conscientemente de ello. Tengo pensando quitarme estos kilos de más de encima, se supone que con bastante gimnasio para tonificar al mismo tiempo (mi objetivo desde siempre) pero tiene pinta de que también será restringiendo. Y sé que en Elche todo va a parecer fácil y cuando vaya a Valencia con toda seguridad haya un atracón de bienvenida bien grande. Pero no me sale comer. Pienso en las cenas de nochevieja y con amigos y demás y no me sale hacer cinco comidas el resto de días. Estoy haciendo tres y con suerte. Y... en fin, eso. Quería contártelo porque sé que no está bien. Sé que tiene consecuencias pero me apetece ver resultados pronto. Y ya sabes que en mi casa nadie hace cinco comidas. No me siento rara ni restrictiva por hacerlo igual que ellos, y además sé que voy a perder peso. Sé que está fatal. Pero no me sale hacerlo mejor... Sobre todo porque pensaba que ya sólo podía recaer comiendo de más y engordando, y me gusta ver que también puedo volver a restringir, aunque soy consciente de que por más que quiera no va a durar mucho. Si quieres hago registros de comidas y te los llevo a la vuelta aunque no me gusta estar pendiente de todo lo que como sobre todo sabiendo que vienen comidas fuertes. 

En fin, eso es todo. 

Un abrazo, espero que todo vaya bien :)
Eva

La buena noticia es que yo misma me he dado cuenta de que no quiero hacerlo así de mal. Estoy restringiendo, sí, y ojalá no lo hiciese, pero lo estoy haciendo. Pero no voy a eliminar comidas, sólo reducir cantidades. Ella siempre me dice que de momento marquemos las cinco del día (sólo voy a ser capaz de marcar 4) y que después nos encargaremos de las cantidades. 

Me apetece hacer ejercicio, sentirme tonificada y ver cómo la báscula va bajando poco a poco. Y al mismo tiempo me veo cayendo en picado hacia el TCA. Y lo peor es que soy consciente de ello pero no hago caso a la razón que me dice lo que realmente debo hacer. Voy a ponerme a redactar la entrada de la que tanto hablo y tan poco escribo a ver si consigo darme cuenta del error que estoy cometiendo o si sólo voy a adoptar el papel de una chica que se opone a la restricción de calorías pero que luego lo hace como una más. 

P.D. La verdad es que me releo y sueno un poco fatalista. Estoy comiendo eh. Desayuno, como y ceno. Lo que pasa es que después de tanto tiempo pasándome, veo lo que como y lo catalogo de "miseria". Pero quizás realmente no esté recortando tanto (va por días, algunos sí...) sino que note una diferencia muy grande al compararme con la Eva que era hace un mes. Pero bueno, dejándome de excusas: no, no estoy haciendo cinco comidas. Y sí, estoy restringiendo. 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Feliz Navidad para todos :)

Vacaciones al fin. Casi ni me lo creo. Llevo estudiando desde la ultima vez que escribí y la verdad que hay bastantes novedades que contar. Hace ya algo así como un mes que dejé a mi novio. Nada en concreto y todo a la vez. Cuando empezaron exámenes ya le dije que me estaba agobiando, pero que seguramente sería por verme tan asfixiada con prácticas, trabajos, seminarios y exámenes además. Pero conforme pasaba el tiempo y me iba quitando obligaciones de encima el agobio no desaparecía y al final, después de darle mil vueltas y de algunas circunstancias extra inesperadas, decidí que lo que me pasaba es que a pesar de estar genial con él, necesitaba estar sola un tiempo. Me costó bastante asumirlo pero me di cuenta de que aunque era una persona muy importante para mí, no podía tener algo tan estable en mi vida con sólo 20 años. Estaba empezando a parecer una mujer casada cuando aún me quedan mil aventuras por vivir, así que quedamos un día tranquilamente y se lo conté todo. Quedamos muy bien, aunque no hemos hablado desde entonces porque sabía que él iba a necesitar bastante tiempo para llegar a asumirlo. Esta noche le felicitaré la Navidad para preguntarle de paso cómo está. Supongo que después de un mes y siendo la noche de Nochebuena se me puede permitir un whatsapp inocente.

Y… bueno, una de las cosas que me planteaba cuando estaba valorando el dejar o no a Joaquín era que posiblemente el argumento que más me impulsaba a estar con él era la seguridad que me daba tanto con la comida como con mi cuerpo. Siempre que he tenido una mala semana podía contar con él para que pasara el día conmigo y controlara lo que comía o dejaba de comer, no sentía vergüenza de mi cuerpo porque siempre me veía perfecta, y me escuchaba y apoyaba en los días que más ralladas se me pasaban por la cabeza. Y de repente, de la noche a la mañana tenía que hacer frente yo sola a todos esos aspectos. He vuelto a vomitar y a restringir, y lo peor es que sin demasiada culpa. Quiero volver a adelgazar, no demasiado pero sí hacerlo al fin y al cabo. También han vuelto los atracones (bastante subjetivos) y los vómitos, y la restricción y el mismo círculo vicioso de siempre.

Le mandé un mail a mi psicóloga para explicarle lo que me estaba pasando. Os lo copio aquí:

Hola Mercedes te voy a mandar la actividad dos por aquí y además te comento lo que me ha pasado del sábado a hoy porque además de que por escrito siempre se ordenan mejor las ideas, no quiero que se me olvide de aquí al miércoles. 

El sábado vomité. Pero no sé decirte el motivo por el que ocurrió realmente. Bueno, llevaba una semana con una percepción física horrible porque además de no haber ido al baño en todo el puente, había estado comiendo "cosas de puente" y cuando volví a Valencia me veía muy hinchada. Además, a veces me da la sensación de que con la excusa de "estás en recuperación, debes aprender a comer de todo" me doy demasiada vía libre y realmente cuando no tenía TCA no me permitía tantos caprichos como ahora, lo que me hace pensar que voy a engordar como no eche un poco el freno. 

El sábado fui a estudiar a la universidad con una amiga, pero ella había quedado a la hora de comer con su padre y yo fui a casa. Preparé un trocito de tortilla de patatas y algo de pan con jamón (sé que no es nada elaborado ni adecuado para ser considerado una comida completa) porque no me apetecía ni cocinar ni comer. Y de repente... Sin ansiedad, sin hambre, y sin ningún indicio de atracón/vómito aparente, me da por querer vomitar. Pero así, sin más. Me apetecía vomitar. Como si después de tanto tiempo asociando la situación "estar sola en casa" a "vía libre para vomitar sin que se entere nadie" me lo haya creído de tal forma que siempre que me quedo sola deba hacerlo. Preparé un vaso de leche (porque con leche siempre vomito todo más fácil), saqué los cereales, y cuando me sentí llena fui al baño y lo vomité todo. Sin culpa. Sin remordimientos. Era lo que quería hacer y lo había conseguido. 

Luego sí vinieron los reproches, pero no por el hecho de haber devuelto, sino por no poder ser capaz de comer como una persona normal. No me preocupaba el hecho de haber vuelto a vomitar, sino la posibilidad de engordar al no ser capaz de llevar una dieta normal, sana y equilibrada. Me sentía aún más llena y estaba convencida de que estaba más gorda (y lo sigo estando). No merendé pero porque era pensar en comida y me entraban ganas de vomitar. Y me quedé hasta tarde en la biblioteca con mi amiga y como estaba todo cerrado (en la universidad cierran las cafeterías el fin de semana) me dijo de comprar unas rosquilletas y unas digestive a medias. Y esa fue mi cena. 

Al día siguiente me sentía un poco mejor. Hice las cinco comidas de categoría y me notaba algo más deshinchada. Y hoy voy en ese mismo camino de momento, a ver cómo acaba el día. Pero bueno, las dos cosas clave que veo yo de este fin de semana es:
1) que tengo hábitos aprendidos de los que me cuesta deshacerme.
2) que no me encuentro cómoda en este peso. Es algo que descubrí ayer cuando todas las chicas de instagram me decían que no debía verme gorda porque estoy en un peso muy sano. Y les respondí que sé que no estoy objetivamente gorda, y sé que estoy en un peso sano. Pero que el rango del IMC para peso sano incluye muchos posibles pesos, y cada persona individualmente tiene uno concreto en el que se encuentra más cómoda. Y que como yo he llegado hasta aquí a base de atracones muchas veces, y a base de comer bastante desordenado, y con demasiados "por un poquito no pasa nada" que al final no acaba siendo tan poquito, pues no me encuentro cómoda. Igual resulta que este sí es mi peso y que en un futuro consigo normalizar todo en mi vida y resulta que este es el peso en el que consigo mantenerme. Pero de momento no lo creo así, porque me noto hinchada, me noto con gases, me noto actitudes muy poco saludables que dudo mucho que estén colaborando a mantener ese "peso sano". Que sé que estoy sana en conclusión, y que no estoy gorda. Pero no me encuentro a gusto con mi cuerpo, a parte de por todo el tema de la distorsión y demás, porque creo que verdaderamente no debo estar así.

En la siguiente cita que tuve con ella hablamos de todo esto y me dijo que igual tenía razón y que mi peso sano está por debajo del mío actual porque es lo que suele pasar en las recuperaciones de TCA (enlenteces tu metabolismo de forma que cuando vuelves a comer normal coges peso rápidamente, y si encima siguen manteniéndose los atracones/vómitos el peso también se ve alterado), así que volvió a repetirme una vez más que lo único que debo hacer para saber cuál es mi peso sano objetivamente es hacer CINCO COMIDAS AL DÍA con unos horarios marcados. El peso que sea capaz de mantener con hábitos saludables será mi peso. La teoría la sé, pero en la práctica sigo queriendo restringir.

Ayer estuve todo el día de viaje (Valencia-Elche; Elche-Granada) porque la Nochebuena siempre la pasamos en el pueblo y en todo el día sólo hice desayuno y comida al mediodía (bastante pobre), y hoy un desayuno bastante sencillo también. Me excusaba a mí misma diciendo que esta noche toca cena de Nochebuena pero realmente desde hace un par de años cenamos únicamente mis padres, mi hermana y yo con mi abuela por movidas con la familia así que hacemos una cena normalita. Obviamente cenamos más que un día normal (varios platos y postres al final) pero no tanto como cuando nos juntamos toda la familia. Así que me huelo un atracón de dimensiones descomunales de un momento a otro como siga comiendo tan poco. Pero me cuesta demasiado luchar contra mis pensamientos.

Y nada, como información extra, los exámenes han ido de pena y he de recuperar bastantes en enero… Y estoy en modo “planes a tutiplén” tipo: windsurf estas navidades, interraíl en verano, viaje a Polonia en fallas con una amiga, Erasmus el año que viene (quizás) y un largo etcétera. Ah, y sigo sin saber qué hacer en Nochevieja.

Feliz Navidad a todos!!

Os debo la segunda parte de la entrada de restricción pero ahora que tengo algo más de tiempo os la publicaré pronto :)

jueves, 4 de diciembre de 2014

Adelgazar restringiendo (Parte I)

Hoy he recibido una motivación especial para escribir en el blog. Y es que muchas sabéis que de vez en cuando recibo mensajes de chicas que me piden consejo/ayuda para poder superar el problema que están pasando y que aunque intento intervenir de la mejor forma que puedo, nada igualará al trabajo de un profesional. Sin embargo hoy me ha escrito alguien diferente, alguien que no esperaba: mi hermana. Me ha dicho que está muy preocupada por una amiga suya que está comiendo muy poquito y además alguna que otra vez se ha producido autolesiones o ha tenido pensamientos suicidas. Así que le he pedido el teléfono de su amiga y he empezado a hablar con ella. Quizás sea porque no me lo ha pedido ella y me lo he propuesto yo misma, o tal vez por la cercanía que existe al ser amiga de mi hermana, pero verdaderamente tengo la intención de hacerle ver que no ha elegido la opción correcta.

Y la cuestión es que el tema es el mismo de siempre, y es aplicable a cualquiera de nosotras: ¿por qué elegimos la restricción de nutrientes como método de adelgazamiento? Queremos perder peso, y en vez de seguir una dieta apropiada a nuestra altura, edad y complexión, seguida y programada por expertos en nutrición, decidimos jugar a ser dietistas y aplicar nuestra propia lógica: si dejo de comer, adelgazaré.

No, si en principio razón tenemos. La única pega es que el precio que debemos pagar es dejar nuestra salud por los suelos. Hace poco la psicóloga me dijo que realizara una lista con los pros y los contras de la restricción de calorías. Si tantas ganas tenía de restringir, sería porque algo muy bueno tendría que aportarme, ¿no? Bien pues pensemos:

Empecemos con los contras, que creo que acabaremos antes. Comer menos calorías de las que nuestro metabolismo basal necesita nos lleva a una ralentización del mismo: cuando no comemos lo suficiente el cuerpo se pone en modo alarma y decide parar por completo nuestro metabolismo para almacenar todo lo que decidamos meterle. Aislamiento social: el miedo a comer más de X calorías nos hace renunciar a eventos sociales, a cenas de grupo, a comidas familiares o a helados una tarde con amigas. Frustración: al poner un límite tan bajo de calorías es más que probable que acabemos pasándolo, y que en realidad sigamos en déficit calórico, pero lo único que nosotras vemos es fracaso y frustración, pensamos que nunca conseguiremos nuestro objetivo y mantenemos una actitud pesimista y negativa durante todo el día. Pérdida de cabello y debilidad: si no damos a nuestro cuerpo lo que necesita para realizar sus funciones vitales no podemos esperar otra cosa que falta de energía, falta de defensas, mareos, pérdida de cabello, debilitamiento de uñas, fatigas,... Atracones: El cuerpo necesita pedir glucosa como sea para intentar que sobrevivamos el mayor tiempo posible, así que es obvio que sintamos hambre al restringir y que muchas veces acabe en atracón. Y por suerte este no es mi caso, pero también se podría añadir a la lista las Autolesiones: y es que toda la frustración ya comentada y la infelicidad por no conseguir el cuerpo deseado muchas veces lleva a cortes y lesiones en nuestro propio cuerpo.

Y como pros.... ¿Adelgazar? Ese es el pro, ¿no? ¿Hay alguno más? Parece que pasar hambre, distanciarse de la gente, frustrarse, perder vitalidad, estar tristes y apagadas, insultarse a una misma y querer desaparecer de este mundo se ve totalmente compensado por un numerito apropiado en la báscula. ¿Y es esto totalmente cierto? Porque apuesto a que muchas de nosotras hemos llegado a ver ese ansiado número que pone a nuestro IMC por debajo del normopeso y no por ello nos hemos sentido más seguras de nosotras mismas. No por ello nos hemos mirado al espejo y hemos pensado: ahora sí. No por ello hemos decidido dejar de restringir y volver a comer con normalidad. No hemos conseguido volver a cenar con amigos ni estar a gusto en nuestra piel. Entonces... ¿qué es lo que hemos ganado?

Esta chica, la que os comentaba, me decía que ella sólo quería adelgazar un poco más y ya cuando su IMC estuviese por debajo de lo saludable volvería a comer con normalidad. Y por más que me haya dolido decepcionarla, he tenido que decirle que eso es lo que todas hemos pensado en un principio, pero que ninguna hemos sido capaces de hacerlo. Si sabemos que hemos adelgazado gracias a dejar de comer (500 kcal al día es igual que nada), y nos da pánico la idea de volver a recuperar el peso perdido, ¿cómo vamos a poder meter de repente 2000 kcal diarias a nuestra dieta sin miedo a engordar? Y si al miedo que ya de por sí tenemos añadimos que hemos dejado nuestro metabolismo a paso de caracol, que sentimos dolores de barriga cada vez que comemos algo un poco más pesado, o que de vez en cuando se produce algún atracón que nos hace sentir obesas, eso de volver a comer con normalidad de la noche a la mañana empieza a complicarse.

Entiendo que cuando el hecho de estar delgada toma una importancia tan grande en nuestras vidas seamos capaces de hacer cualquier cosa para lograrlo, pero os contaré un secreto: se puede adelgazar sin renunciar a estar nutridas, manteniendo nuestro pelo sano, la piel brillante y las ganas de vivir presentes. De verdad... si lo que queréis es mantener un cuerpo delgado y firme durante toda vuestra vida no juguéis a dejar de comer porque sí vale, igual empezáis a ver resultados rápidamente pero con la misma velocidad que vinieron se irán, a no ser que paséis el resto de vuestra existencia a base de aire y entonces lamento que esa existencia será bastante corta.... Y encima seguiréis estando igual de flácidas.

Los resultados duraderos son los que cuestan trabajo y esfuerzo y ocurren poco a poco. Son los que se consiguen combinando una dieta sana con ejercicio físico, que encima nos pone fuertes y firmes. Y lo mejor de todo, estaréis consiguiendo vuestro objetivo al mismo tiempo que adquirís hábitos saludables que podréis continuar usando durante años (y así mantener vuestro peso estable). Porque cuando lo hacéis mediante la restricción estáis adquiriendo malos hábitos día tras día, y pensáis que luego seréis capaces de llevar una dieta sana así porque sí. Pero desde luego es algo mucho más difícil de lo que creemos. Sino no habría sobrepeso en España, cualquiera podría seguir unas pautas alimenticias sin ninguna complicación. Y si esto no ocurre es porque cuesta acostumbrar al cuerpo a seguir una serie de hábitos, y mientras restrinjáis esos hábitos van a estar cada vez más lejos de vuestro alcance.

El título de la entrada dice "Parte I" porque pretendo hacer una segunda parte con testimonios de varias personas que me he ido topando durante estos dos años, que creo que son buenos ejemplos de cómo finalmente han conseguido su objetivo en el momento en el que dejaron de restringir. Dejaron de poner a su cuerpo en estado de alarma, de pasar hambre y acabar en atracones, y consiguieron el cuerpo que querían como debían haber hecho desde un principio.

No voy a ser tan hipócrita de decir que no entiendo a las chicas que siguen optando por restringir como método de adelgazamiento porque yo he sido una de ellas durante bastante tiempo, y lo sigo siendo en algunas ocasiones. Pero justamente por eso quiero que entendáis que no es tan fácil como solemos pensar en un principio. Lo único que intento con esta entrada es haceros ver a todas y a mí la primera que realmente nuestra meta tan buscada y querida está justo en dirección contraria. Queremos un cuerpo bonito y sano y lo único que hacemos es quitarle energía y vitalidad, cuando en realidad la solución es alimentarlo debidamente y moldearlo con ejercicio. Luchad por lo que queréis. De verdad, hacedlo. Pero elegid el camino adecuado.