miércoles, 29 de octubre de 2014

Identificar el problema es el primer paso

Recuerdo las charlas que solían darnos en el colegio para aumentar nuestra capacidad de conciencia: "fumar es malo", "sexo con protección", "di no al maltrato", "si bebes no conduzcas". Siempre llegaba el mandao' de turno con su power point para mostrarnos imágenes impactantes y datos sorprendentes con la intención de que todos sintiéramos rechazo a tomar determinadas conductas. Y aunque aparentemente una buena parte de los alumnos únicamente acudía para pasar la mañana y obviar toda la información recibida con frases del tipo: "pues si eso ya lo sabemos todos", es indudable que tenían un buen efecto en la sociedad.

Y no sé vosotros, pero al menos yo me tuve que tragar varias de esas en relación a los desórdenes alimenticios. Recuerdo cómo siempre hablaban de la anorexia y la bulimia, como si sólo existiesen esos dos trastornos entre todas las afectadas de TCA. Acompañaban la presentación con las imágenes más extremas que encontraban por internet dónde se veían chicas con únicamente hueso y pellejo. A lo que una se miraba y pensaba: es obvio que yo nunca estaré así. También era frecuente observar fotos de chicas bulímicas sentadas en una mesa con 50 platos de diferentes tipos, cogiendo la comida con las manos mientras les chorreaba salsa por la comisura de los labios. Y nosotras volvíamos a pensar que nunca llegaríamos a una situación tan extrema. Y no nos olvidemos de la chica que se mira en el espejo y ve el reflejo de una persona con obesidad mórbida, cuando nosotras simplemente nos vemos las cartucheras, la celulitis y la flacidez en las piernas.

Y es que claro, hace tiempo que no acudo a ninguna de estas charlas y no sé cómo se darán en la actualidad, pero al menos con la información que yo recibí, no es de extrañar que haya tanta joven afectada por un trastorno del estilo sin ser consciente de ello.

No voy a entrar a explicar los distintos tipos de TCA que existen porque siempre he dicho que cada persona tiene el suyo propio. Con más o con menos puntos en común a un estándar establecido, pero con diferencias al fin y al cabo. Parece que sólo necesitemos ser tratadas si pesamos 30 kg y si vomitamos todos los días, como si el problema fuese físico únicamente. Y siempre lo digo: el problema es psicológico. Da igual que peses 40 u 80 kg mientras restrinjas (y sí, 1000 kcal al día es restringir, y sé que muchas intentáis comer menos aún), mientras te preocupe tu imagen física, mientras la comida ocupe la mayor parte de tu pensamiento, mientras te impida llevar una vida normal, mientras limite tus relaciones sociales y siempre que influya en tu felicidad.

Perdonad si me repito pero últimamente he estado recibiendo más mensajes de chicas pidiéndome ayuda desesperadamente para aliviar su obsesión con la comida. Me describen sus síntomas diciendo que se preocupan demasiado por su aspecto, que controlan todo lo que comen y que han llegado a vomitar alguna vez, sin llegar a admitir en ningún momento que creen que tienen un desorden alimenticio y que están dispuestas a tratarse. Y sinceramente no sé qué esperan que yo les diga, porque no hay nada que yo pueda hacer para que ellas de repente dejen de obsesionarse, así de la noche a la mañana. Por lo que siempre repito el mismo mantra: "pedid ayuda profesional". Y me gustaría pensar que algunas lo hacen, pero sé que la mayoría sigue pensando que no lo necesitan, porque al fin y al cabo, ellas no son como las chicas que aparecen en los power points.

¿Y por qué somos tan reacias a admitir que tenemos un problema? La verdad es que no me sorprende, porque yo misma tardé año y medio en entrar en la clínica a la que voy actualmente. Y es que nuestra querida sociedad que tanto nos bombardea con cuerpos esculturales en la tele y las revistas y nos hace odiar nuestra imagen física, es la misma sociedad que tacha a las chicas afectadas por TCA como niñas tontas y obsesionadas que se han echado a perder. Y claro, visto así, yo tampoco admitiría nunca que sufro de bulimia. Pero lo cierto es que todos tenemos problemas, de un tipo o de otro, y no es motivo de vergüenza. Sobre todo cuando empiezas a conocer de lleno lo que verdaderamente es un trastorno alimenticio y olvidas todo lo que aprendiste en las conferencias. Empiezas a conocer a otras afectadas y descubres que son chicas como tú, y que no tienen por qué ser tontas, pues al fin y al cabo no han decidido tener que pasar por algo así. Descubres que son víctimas y que necesitan aprender a manejar sus emociones, independientemente de su peso. Y entonces empiezas a creer que igual tú también estás sufriendo de un TCA.

Pero aún así nos creemos lo suficientemente fuertes como para pedir ayuda externa porque claro, ir al podólogo está bien visto pero a terapia psicológica sólo pueden ir los locos. Una vez más somos víctimas de la sociedad en la que vivimos. Y si a esta creencia le sumamos que solemos dar poca credibilidad a los profesionales de la psicología, no es de extrañar que someterse a terapia no sea precisamente una decisión espontánea.

Y yo me pregunto: si cuando alguien nos dice "no te saltes las cenas que la ansiedad se incrementará el próximo día", "no cuentes calorías que sólo conseguirás aumentar tu obsesión" o "no te preocupes por comer de más un día que no vas a engordar" no nos lo creemos hasta que no lo vivimos en nuestras propias carnes, ¿por qué sí somos capaces de creer que la ayuda profesional no va a ser efectiva sin haberla probado si quiera?

Y aún así os digo que no vale con intentarlo una vez. Yo fui a cuatro sesiones con una psicóloga anterior, y no pude ir a más porque verdaderamente sentía que no me ayudaba. Y es que es importante elegir un centro/clínica/psicólogo especializado. La diferencia entre mi clínica actual y el despacho del centro de salud al que iba anteriormente es brutal. Antes sólo hablaba sobre mi vida, ahora actúo: recibo pautas, intento cumplirlas cada semana lo mejor que puedo, analizamos los problemas que se han presentado, y me explica cómo poder evitarlos.

No sé si recordáis las entradas que escribía hace varios meses, cuando inicié el blog, pero creo que es más que notable el gran avance que he dado y que sigo dando día a día. Si vosotras no conseguís notar ningún cambio, quizás es hora de que os planteéis hacer algo más para poder lograrlo. Y creo que ya os he dicho y repetido demasiadas veces cuál es el paso que os toca dar ahora.







viernes, 24 de octubre de 2014

¿Hacemos balance?

Hola a todos y a todas, que cada vez veo más chicos por aquí :)

He tenido que ir a por mi libreta de registros para poder recordar todo lo que debo contaros, porque hacía tanto tiempo que no pasaba por aquí que ya no sabía ni qué había estado haciendo estas dos últimas semanas.

Ya os dije que que siempre suelo seguir la misma dinámica: una semana bien, otra mal, y así sucesivamente. Y estas dos pasadas no podrían haber sido diferentes.

Después de la hinchazón y el malestar que me proporcionó mi cumpleaños, decidí empezar la nueva semana con buen pie. Y ya sabéis lo que eso significa: nada de restringir ni de compensar con ejercicio. Hacer cinco comidas al día con pan incluido y comiendo hasta quedarnos completamente sin hambre. Preparé un archivo excel con una planificación semanal para hacer la compra acorde con él y así no tener problemas ni tentaciones.

Os dejo el planning por si queréis seguirlo de base pero no está supervisado por ningún experto

Y todo fue genial. Desde el lunes 13 al viernes 17 cumplí (más o menos) lo planificado y además de no tener hambre ni ansiedad empecé a notarme mucho más deshinchada. Ese mismo viernes fui a ver a mi psicóloga (de nuevo la de Valencia, después de tanto tiempo). La puse al día sobre todo lo que había estado trabajando en Alicante y sobre mis progresos. Le enseñé los registros de esa semana y se sorprendió mucho de que lo hubiera estado haciendo tan bien: incluyendo pan en todas las comidas y cenas, cumpliendo las cinco comidas diarias, y perdiendo miedo a ciertos alimentos que antes contaba como prohibidos. Me sentí bastante bien conmigo misma y me alegré mucho de volver a trabajar con ella, pero me olía que la semana iba a acabar mal.

Y es que me esperaban demasiados eventos sociales en demasiado poco tiempo. El viernes salí de fiesta hasta las 5 de la mañana a una barra libre que organizaban los de medicina, y el sábado salí de cena con mi compañera de piso y nuestros respectivos novios. Bebimos barra libre de sangría y fuimos después a una cocktelería donde no fui capaz de pedir nada. 

Llegó el domingo y me sentía toda llena e hinchada. Y ya sabéis cómo funciona nuestra cabeza: en lugar de pensar que se debe a retención de líquidos (además estaba con la regla), tendemos a pensar que los excesos han pasado factura. Con todo este malestar en el cuerpo me fui de buena mañana a una cafetería a estudiar con mi amiga porque al día siguiente teníamos examen. Estudiamos en una cafetería para, a pesar de estar leyendo apuntes, tener la sensación de que hemos salido de casa, de ver gente, de quitarnos el pijama y de charlar un poco entre descanso y descanso. Fue el día que más a gusto estuve de todo el fin de semana. Bajando la resaca con el sol de la mañana y desayunando tranquilamente con buena compañía. Estábamos tan a gusto que hasta comimos allí, y ya a eso de las 5 de la tarde volvimos a nuestras respectivas casas a descansar un poco.

Pero el malestar y la hinchazón seguían estando presentes. Y, no sé, ¿sabéis esa situación cuando os sentís incómodas en la que la cabeza te dice "vamos a comer bien para que se pase pronto" y el corazón te dice "vamos a comer mal porque de perdidos al río"? Pues así estuve lunes, martes y miércoles. Me despertaba con ganas de acabar bien el día y en algún momento de la mañana acababa pasándome con algo, comiendo rápido porque no quería tener que hacerlo delante de mis compañeras, o aprovechando que me quedaba sola en casa para saltarme los planes. La ansiedad, el descontrol y las prisas me llevaban a dolores de barriga insoportables. Me sentía como si estuviera retrocediendo hacia atrás a pasos agigantados. Y al fin y al cabo, leyendo los registros me doy cuenta de que ni si quiera estaba teniendo atracones. Que tan sólo estaba tomando leche con cereales, pero con tanta prisa y vergüenza que me hacía sentir dolor y ansia. 

Y el miércoles estallé y acabé vomitando. Llevaba demasiados días acumulados como para haberlo evitado. No me siento orgullosa pero la verdad que tampoco culpable o impotente. Al menos conseguí frenar en seco el ciclo de dolor y malestar que tanto parecía estar costándome dejar. Jueves fui a la psicóloga y mientras pasaba las páginas de los registros yo sentía más y más vergüenza. Le dije: "no he hecho ni un sólo día bien". A lo que ella me respondió: "¿Cómo que no? Has seguido manteniendo las cinco comidas a pesar del malestar, has seguido introduciendo pan a pesar de sentirte hinchada, y has cenado incluso después de vomitar (aunque sólo fuera un yogur)".

Esta mujer siempre sabe hacerme sentir mejor. Mientras yo miraba las páginas con desesperación por ver todo lo que había hecho mal ella sólo parecía fijarse en todas las cosas que había hecho bien, en todo lo que había mejorado. Me dijo: uno de los problemas que presentan los TCA son los pensamientos del "todo o nada". La semana o ha estado bien o ha estado mal, como si los pequeños avances no importasen. Y tiene razón. Quizás sea porque para mí comer pan no sea síntoma de victoria, sino una contribución a subir de peso. Pero en el fondo sé que tiene razón, que a pesar de todos los impulsos que podían haberme llevado a tirarlo todo por la borda y dejar de comer, seguí mirando al frente y luchando por salir de esto.

Al final, el balance más claro que he podido sacar de todo es que ya no es tanto la comida en sí lo que me asusta, sino las situaciones. Soy capaz de comer un plato de espaguetis sin culpa (cosa que antes era imposible), pero me da miedo tener que comer con prisa algo rápido, salir a cenar con más gente o quedarme sola en casa.


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Mi chico está aprendiendo producción musical y la verdad es que le gustaría poder llegar lejos algún día con todo el tema de la música y el electro latino. Aquí os dejo la canción que acaba de sacar. Tened en cuenta que está empezando y no seáis crueles... Y si os gusta... Compartidla en Facebook o con vuestros amigos!! :D

sábado, 11 de octubre de 2014

Una de cal y una de arena.

Últimamente mis entradas van una guay, otra mal, una guay y ahora toca...

Después de pasar varias semanas comiendo bien, esta última hice todo lo contrario. Lunes, martes y miércoles estuve comiendo todo lo que me apeteció y desgraciadamente poco saludable. Y de hecho el miércoles fui al váter de nuevo, pero a echar agua básicamente. Por suerte, ese mismo miércoles por la tarde volví a mi casa porque aquí tenemos puente y no dejé que esos malos días me influenciaran. Y menos en el día de mi cumpleaños. Así que bueno, os cuento cómo me ha ido.

Oficialmente mi cumpleaños fue ayer, día 10, pero mi novio me dio sus regalos hace algunos días por motivos suyos jajaja Y me compró un disco duro chiquitín que me hacía falta para acompañar al Mac, y una cámara estilo polaroid chulíiisima!!


El jueves me fui a mi campo con mis padres y mi hermana y me dejaron probar la bici que me iban a regalar ellos para ver si tenía algún problema y que no me la fuera a llevar a Valencia faltándole algo. Hicimos barbacoa para las cuatro y castañas asadas a la brasa. Paseé a mi hermana montada en el montacargas y fuimos a ver una hípica muy cercana para ver a los caballos que tienen allí.




El viernes, el día auténtico tenía pensado invitar a mis amigos a comer a este mismo campo, pero entre los que se iban de viaje y los que no hacían puente al final acabé pasando. Fui a ver a mi vecina, estuve paseando y comiendo con mi novio mientras hacíamos pompas de jabón, merendé con mi yaya y mi tío y por la noche fui a cenar con otro amigo, que me hizo unas pulseritas con bolas muy cucas jaja (sé que lo vas a leer)


Y por último hoy he ido con mi padre a hacer una de nuestras rutas de pasarnos 9 o 10 horas andando por el monte haciendo las cabricas (y viéndolas).


Cima del Montcabrer
                                               




Pozo de Nieve Cava Gran
Conclusión: Me vuelvo a sentir gorda. Entre el mal inicio de semana además de las comidas de cumpleaños, que estos días me ha vuelto el estreñimiento y que me queda una píldora en el paquete de anticonceptivos pues.... me siento como una bolita.

Pero pff... yo qué sé. Estoy ya harta de estar siempre así. Vuelvo a estar mal de ánimos pero seguro que si sólo hubiese puesto las fotos, sin texto, pensaríais todo lo contrario. No sé.... intento pensar que la vida es mucho más que un peso y que no me quiero perder estos momentos por sentirme hinchada. Así que como siempre, para adelante. Supongo que esta semana volverá a ir bien. Y si necesito estar con mi novio todas las tardes, pues lo estaré, pero uuf... quiero que esto acabe.

P.D. Voy a volver con mi psicóloga de Valencia. La amaba :D

lunes, 6 de octubre de 2014

Esto empieza a llegar a su fin.

Empieza a llegar a su fin porque ya no sé qué más contaros. Porque ya no me lamento. Ya no sufro.

Creo que todas las chicas que nadan en su propio TCA andan buscando la perfección. Cuando te das cuenta de que no existe, dejas de nadar. Siempre pensé que más delgada significaba mejor, y ahora que he conseguido establecerme en un peso sano me siento más feliz que antes. Quizás la pregunta fuese, ¿mejor en qué? Porque ahora me siento más fuerte, más segura, más tranquila, y más guapa. Creo que antes no tenía nada de esto. Tan sólo tenía una talla 34, y nada más. Y creo que no compensa.

No sé si lo recordáis o quizás ni siquiera llegué a escribirlo, pero hace algunos meses me dije a mí misma que cuando me sintiera fuerte compraría un bote de nutella y conseguiría terminarlo en su debido tiempo, sin atracones de por medio. Ese día ha llegado, chicas. Esta mañana he pasado a por un bote de nocilla sabor almendras, y tras probarlo he vuelto a dejarlo en su armario.

Sabe Dios cómo acabará ese bote. Quizás lo acabe tirando a la basura en un ataque de ansiedad o me lo acabe en una misma tarde, pero lo que me importa en este momento es que me siento con las fuerzas necesarias para tenerlo en mi despensa.

Muchas me dijisteis hace algún tiempo que no dejara nunca de escribir. De momento no pienso dejar el blog hasta que deje de ir a mi psicóloga, y para eso aún queda bastante. Después... quién sabe. Cuando consigues tener una relación normal con la comida no te apetece hablar de ello. Hablar de comida significaría seguir preocupándome por ella. Y aún me preocupa, por eso sigo escribiendo. Pero en un futuro todo se verá.

De momento la semana ha acabado perfecta. Sin atracones, sin vómitos y sin remordimientos. He salido a pasear con mi novio con un yogur helado enorme por merienda, y he comido kit kats para almorzar cuando me ha venido el antojo. He seguido yendo al gimnasio, como hacen las personas normales: sin obsesiones, tan sólo por gusto, durante el tiempo adecuado. Me he sentido bien.



jueves, 2 de octubre de 2014

Así va la semana

Buenos días chicas! Creía conveniente dar señales de vida por aquí. Estoy deseando saber qué tal os ha ido la semana.

 ¿La mía? Pues yo creo que no va mal. Y digo esto después de haberme pasado por el forro todos los plannings de comidas y la healthy life.

El sábado tuve un cumpleaños por la noche. Una de mis amigas del instituto cumplía 20 años y nos invitó a cenar a su campo. Hamburguesa a la brasa, patatas fritas y picoteos varios, y el clásico trocito de tarta después de cantar un "Cumpleaños feliz".

La jugada se repite el domingo, pero esta vez en el campo de mi novio. Él nos invitó a mí y a sus amigos a comer. En un principio iba a ser barbacoa pero el tiempo parecía lluvioso y por no jugársela compró cocas (tanto rellenas de pisto como la de mollitas) e hizo algunas longanizas y magro con tomate. Y de nuevo picoteos varios, hidratos por un tubo y tarta. Y... en fin, no sé. Normalmente este tipo de entrada iría acompañada de comentarios del tipo: "han sido dos días fuera de lo planificado y ahora toca volver a la rutina y seguir comiendo bien". Comentarios basados en compensaciones que ya me tienen muy cansada.

Lo cierto es que fui a ver a mi novio y a mis amigos y me lo pasé bien. Y disfruté de la comida. Más bien, no le di importancia. Siempre estamos pensando en si la comida nos hace daño, o si nos hace disfrutar o si nos alimenta, o si qué. Y los demás simplemente comen. Comen sin pensar una y mil veces en las consecuencias (positivas o negativas). Así que básicamente me senté en la mesa, comí de todo lo que me apeteció y luego nos fuimos a reposar la comida en una sombra junto a su piscina, mientras hablábamos y reíamos. No era momento de pensar en compensaciones.

Y en realidad, por algún motivo que desconozco, el lunes y el martes sufrí un poco de ansiedad. El lunes fui de paseo a la cocina no recuerdo ya ni las veces, y el martes me dio un flechazo por oreos para merendar. Y de manera un poco inconsciente sí hubieron algunas conductas compensatorias: el lunes me puse a dormir a eso de las 12 y me desperté sobre las 4 (en serio que no sé qué por qué estaba tan cansadame) y me salté la comida del mediodía. Sobre las 6 merendé para ir luego a clase de CROSSFIT y después ya no tuve hambre de nada más. Simplemente, se me descuadraron los horarios. No sabía ni qué hora era.

El martes, tuve un pequeño ataque de ansiedad después de comer y acabé comprando oreo en el supermercado. Después estuve haciendo recados durante dos horas por el centro y luego fui a casa de mi novio. Allí me vino el hambre y como él se estaba haciendo un tazón de leche con cereales, le acompañé.

Entonces una amiga me preguntó que cómo me iba el día, con respecto a la comida y eso. Una amiga que está tan metida en esto como cualquiera de nosotras y a la que mando un apoyo grandísimo cada día y también cuando lea esto. El caso es que yo le dije que todo iba bien. Que si se refería a si había cumplido mis plannings de comidas súper healthy power, que no. Pero que no me apetecía pensar en ello, que simplemente había comido lo que me había apetecido sin darle demasiada importancia al asunto.

Y es que solemos pensar que siempre que comemos algo que no anda en nuestros planes hemos recaído. Y... si supieseis la de ideas que se me pasaron por la cabeza el martes por la tarde al entrar al supermercado, os sorprendería tanto como a mí que sólo tomara unas cuantas oreo. En el momento fue como: ¿ya estamos otra vez? Pero... seguí andando hacia el centro camino de hacer mis recados sin darle demasiada importancia, porque al fin y al cabo, fueron muchas sí, pero seguro que tantas como las que se hubiera comido mi novio si le hubiese puesto el paquete delante.

Creo que una persona no está curada cuando deja de comer por ansiedad, sino cuando deja de darle importancia a saltarse lo establecido. Obviamente no pretendo estar comiendo lo primero que me entre por los ojos todos los días, pero precisamente por haberme dado el gusto al iniciar la semana, el resto de días que están viniendo los estoy haciendo de 11. Cero ansiedad, cero remordimientos. Y eso que os estoy escribiendo desde mi cuarto, estando sola en casa desde las 8:30 de la mañana. Me he hecho dos tostadas para desayunar con un yogur, y más feliz que una perdiz.

Obviamente que haya dejado de martirizarme después de saltarme las normas no quiere decir que ya esté curada, porque aunque muy leves, sí han habido conductas compensatorias... Pero en realidad no han sido ayunos ni tardes de ejercicio descontroladas. Fui al gimnasio una horita, como siempre. Y cuando tuve hambre, comí. Queda el típico pensamiento de fondo de "podrías hacerlo mejor", pero como siempre digo: avanzar ya es todo un logro.