jueves, 25 de septiembre de 2014

Cuando los fantasmas empiezan a morir

Realmente no tengo nada que contar pero... me siento feliz y quería compartirlo. En realidad me siento extraña. Extraña pero feliz. Extraña porque siento que me falta algo y feliz porque eso que me falta son los fantasmas que me han estado acompañando durante tanto tiempo.

Sólo han pasado un par de semanas. Sé que no es concluyente, que anteriormente también había pasado semanas cumpliendo mis horarios de comidas y sintiéndome bien por ello. Pero hay GRANDES diferencias.

La primera es que ahora no me está costando hacerlo. Recuerdo perfectamente una semana en concreto, poco después de que mi novio me regalase un planificador semanal de Mr Wonderful. ¿Os acordáis? Bien pues escribí todas las comidas del día y le pedí que me acompañara en todo momento durante esa semana porque iba a ser muy estresante y no quería volver a caer. Así lo hizo. Pasamos todas las mañanas y tardes juntos (creo que estábamos en época de exámenes y no había clases). Conseguí cumplir el planning a rajatabla y perdí un par de kilos. Me sentía genial. Genial y con una ansiedad enorme. El único motivo por el que conseguí respetar los horarios era porque estaba acompañada. De haberme quedado un segundo a solas me habría faltado tiempo para abalanzarme sobre la despensa. Tenía que reprimir los pensamientos hacia la comida y se hizo duro. Lo mismo pasó alguna que otra vez: acompañada y acumulando ansiedad. Al final esas épocas siempre acababan en recaídas porque la compañía no podía durar eternamente y la ansiedad había crecido demasiado.

Sin embargo estas dos semanas a penas he podido ver a mi chico, he pasado algunas mañanas a solas y aún así he comido lo que debía, en el momento en que sentía hambre y permitiéndome el lujo de improvisar sin comer de más en ningún momento. Cinco comidas perfectas que me quitaron el hambre y la ansiedad. Pan, lácteos, dobles meriendas si era lo que necesitaba, etc. He dejado de restringir y posiblemente haya perdido peso sin haber tenido que someterme a un esfuerzo extra.

No tengo la báscula en Valencia. Y la verdad que tampoco la quiero. Justamente, si los fantasmas se han ido, es porque se ha ido también la obsesión. Y volver a medir y contar sólo conseguiría que esta volviera.

No os voy a engañar. Sigo pensándome dos veces el momento de cenar. Y de hecho una noche me acosté sin comer nada. Pero sólo fue una. Todas las demás cociné algo apropiado (carnes, bocadillos, ensaladas o revuelto de huevos con gambas) y no las típicas dos tonterías que solía tomar antes para saborear algo dulce y pensar que con eso bastaba.

Sinceramente, no me reconozco. ¿Sabéis por qué creo que esta vez puede ser la definitiva? Hace unos pocos párrafos os he hablado de las otras "buenas rachas" que ya había tenido antes. En esos momentos me sentía feliz también, pero sabía que sería algo efímero. Sabía que la siguiente recaída estaba cerca, seguramente a causa de esa ansiedad acumulada. Ahora no veo el momento de recaer. Soy incapaz de imaginármelo. Y es que obligarse a hacer las cosas bien sólo crea más estrés. Comer bien es algo que debe salir natural, guiado por las necesidades de cada momento. Y hubo un momento en el que las necesidades me llevaban a atracarme, e inevitablemente a coger peso. Pero gracias a esos momentos, han podido llegar otros en los que las necesidades me piden comer bien, en el que no me apetece comprar dulces y comerlos sin control. Ya no me atrae.

Tuve que pagar las consecuencias de haber entrado en la bulimia. Y tras tener un cuerpo delgado que ni siquiera me gustaba tocaba volver a engordar. Pero cuando algo malo pasa, empieza a ser parte del pasado y dejamos de tenerle miedo.

Antes era incapaz de curarme porque me daba miedo engordar. Ahora que ya lo he hecho, ha dejado de asustarme. He visto lo que es, me he sentido fea y gorda y me han entrado ganas de quedarme en casa durante el resto de mi existencia. Y después, como por arte de magia, me he sentido capaz de cambiarlo. He aceptado que no estoy gorda, y que necesito comer para vivir. He aceptado que los atracones nos hacen subir de peso, hacer cinco comidas al día no.

He sufrido, sí. Pero cuando ese sufrimiento pasa al fin, nos damos cuenta de que ha valido la pena. Porque nos convertimos en personas libres, libres de sufrimiento. Y cuando se deja de sufrir es cuando se está preparado para volver a nacer. Y ahora yo estoy renaciendo. Estoy viendo mi vida de forma distinta. Ya no quiero ser flaca, quiero estar sana. Quiero hacer ejercicio y tonificar mi cuerpo. Sin prisa, sin obsesiones. Ahora sé que puedo comer sano y que antes de que sea consciente de ello, consiga el peso que me corresponde. En realidad, el peso ya me da igual. Sé que voy a ejercitarme y a ver mis piernas duras. Y ya no quiero ver dos alambres colgando de mi pelvis. Quiero ver dos piernas fuertes y bonitas que me permitan vivir aventuras y enfrentarme a cualquier cosa. Y os aseguro que de esta forma cualquier persona está más guapa. Porque al fin y al cabo la belleza es una actitud.

Verano 2013



Otoño 2014



sábado, 20 de septiembre de 2014

Porque nunca hay que perder de vista el objetivo

Como ya sabéis, después de la tormenta siempre llega la calma. Siempre hay caídas, unas más duras que otras, pero lo verdaderamente importante es no quedarse en el suelo. Parece una tontería, pero es así. Durante mucho tiempo después de caer y hacer algo mal o darme un atracón intentaba compensar, ayunar o hacer ejercicio durante horas. Cuando veía que podía acostarme sin cenar pensaba: eso que me ahorro. Y al final siempre volvía a caer, quizás porque nunca llegué a levantarme. Estas semanas sin embargo, a pesar de la negatividad de la entrada anterior, he visto cómo poco a poco voy avanzando más y más rápido hacia la salida. Hace ya bastante que no me planteo ayunos ni comidas tercermundistas, pero la idea de saltarme cenas siempre está presente. Sin embargo estas dos últimas semanas he estado cumpliendo bastante bien los plannings que hice con la psicóloga y cumpliendo las cinco comidas diarias. Os cuento:

El mayor miedo que teníamos Diana (mi psicóloga) y yo era el estar en Valencia de nuevo: nuevo piso, nuevas compañeras, estrés universitario y tal. Pues justo al día siguiente de escribir mi antigua entrada, el lunes 15, conocí a mis nuevas compañeras. Son dos chicas de mi edad que estudian un doble grado de derecho y criminología. Una de ellas (la llamaremos la rubia) siempre está dispuesta a hablar, a preguntarme qué tal el día, y a contarme cualquier cosa que le preocupe. La otra (la morena) es un poco más callada, más de encerrarse en su cuarto y demás. Me gusta la combinación porque yo soy una mezcla entre ambas. Tengo momentos en los que me gusta estar en el comedor rodeada de gente y momentos en los que me apetece quedarme en mi cuarto viendo algo que me interese. Una de las cosas que más me ha gustado es que siempre se encarga cada una de sus alimentos, pero comemos juntas. Es genial porque no he de inventar excusas si pensaban hacer algo que no entraba en mis planes. Y es genial porque como charlando con ellas, con tranquilidad y sin deseos ni ansias de ir corriendo a por el postre. Además de esta forma no podré saltarme la comida cuando me entre depresión e intentaré respetar los horarios.

Así que la segunda semana que estuve en Valencia fue aún mejor que la primera. Fui a clase de GAP el lunes y volví a probar Crossfit el miércoles. No piqué entre horas ni cogí postres después de las comidas. Incluso el jueves, el día que salgo a las 12:30 de la uni, cuando llegué a casa y vi que estaba sola no me vino ningún pensamiento de atracón ni nada similar. No me apetecía.

El viernes tan sólo tenía una hora de clase y además cita con Diana por la tarde, así que le dije a mi padre que para ahorrarnos líos de buses y trenes, si podía saltarme la clase del viernes e ir a Elche el mismo jueves por la tarde.

En ese momento mi miedo era otro. Durante el curso pasado, cuando decidía cumplir bien los plannings en Valencia hacía una compra adecuada y procuraba no tener nada tentador durante la semana. Sin embargo, cuando volvía a casa el fin de semana, como no sabía qué tendrían ellos en la nevera o despensa, mi cabecita interior me decía: "FIESTAA! Hoy no hay normas, aprovecha y come lo que quieras". Y siempre acaba atracándome los fines de semana.

Y para mi sorpresa estamos a sábado tarde, llevo casi tres días aquí y aún no he sentido ningún impulso incontrolado de coger más galletas en el desayuno o merendar a escondidas las magdalenas que tienen en el armario. Ayer llegué tarde a casa y sin hambre y aún así me hice una hamburguesa para cenar. Creo que es la primera vez que ceno tan sano en casa. Normalmente o no ceno, o pillo alguna tostada con miel o alguna guarrada.

Y entonces me vuelven a la mente pensamientos positivos. ¿Realmente funciona? ¿Realmente se sale de esto? ¿En serio la solución era simplemente respetar las cinco comidas? Y me siento una tonta por haber contado calorías durante tanto tiempo, por haber restringido, ayunado y saltado ciertas comidas. Me siento una tonta por haber intentado curarme sin cambiar mi físico ni mi forma de comer. Y me doy cuenta de que no soy ninguna tonta. Me doy cuenta de que, como siempre digo, todas las etapas son parte del proceso. No podemos levantarnos sin haber caído antes. No podemos darnos cuenta de lo tontas que hemos sido sin hacer tonterías. Lo importante es no perder de cerca el objetivo.

Y sí, he engordado. Claro que he engordado, me hacía falta joder. Si no quería este resultado debía haberlo pensado antes de enfrentar mi cabeza al váter. Pero ahora ya está hecho. Y después de haber maltratado mi estómago y mi metabolismo durante tanto tiempo toca asumir las consecuencias. Lo que pasa es que engordar no nos convierte en gordas. Sé que no estoy gorda aunque me empeñe en verlo de forma diferente. Y ahora ya no pienso en dietas, sino en ejercicios. Ahora ya no pienso en quitarme quilos de encima, sino en salir a moverme y conseguir tonificar mi cuerpo. Y ¿por qué no lo iba a conseguir? He conseguido pasar una etapa más. O ¿por qué creéis que he subido de peso? Porque cuando decides dejar de vomitar no consigues eliminar los atracones simultáneamente. Siguen produciéndose e inevitablemente cogemos peso. Pero poco a poco, comiendo cada poco tiempo, reduciendo la ansiedad, y prohibiéndome restringir he conseguido aislar los atracones.

Aún me queda camino por recorrer. Sé que los atracones aún no se han ido del todo, sé que mis cinco comidas diarias no son cinco comidas modelo, lo sé todo. Pero pfff... empiezo a ver la luz, ¿sabéis? porque antes obedecía normas ajenas mientras mi cabeza intentaba hacerme pensar que estaba haciendo lo incorrecto. Que nunca conseguiría salir de esto y que lo único que conseguía era engordar. Pero ahora todo empieza a esclarecerse. Lo único que hay que hacer es callar las voces internas. Cada vez que nos hablan tan sólo hay que pensar en otra cosa, pensar en el objetivo. Y el objetivo no es adelgazar, sino curarse. Antes o después nos va a tocar asimilar que si queremos dejar atrás esta pesadilla necesitamos olvidarnos del peso. Siempre que prioricemos el aspecto físico a la recuperación vamos a acabar cayendo, pero cuando ponemos fuerza y voluntad en obedecer las pautas que tan mal solían parecernos, acabamos comprendiendo que es lo que debíamos haber hecho desde un primer momento. Ahora empiezo a ver cómo controlo los momentos a solas en casa, como incluyo mis cenas en la dieta, como apago la ansiedad y como ignoro a los fantasmas de mi mente.

Empiezo a creer que se puede.



domingo, 14 de septiembre de 2014

Hola chicas, no creo que me extienda mucho porque tampoco tengo muchas ganas de escribir. Pasaba más que nada para dar señales de vida y que sepáis un poco de mí. Espero volver a tener inspiración pronto para escribir entradas más reflexivas como las que suelo hacer normalmente.

La semana que estuve en casa, después de haber vuelto del Camino de Santiago no fue especialmente bien. En la clínica con Diana estuvimos planificando cosas para cuando fuera a Valencia, que era lo que más miedo nos daba a las dos. Hice un plan de comidas y una lista de actividades para cuando me diera ansiedad en mi nuevo piso o me encontrara sola. Pero aún no estaba en Valencia. Estaba en Elche sin ningún plan concreto, tan sólo quedando con alguna amiga cuando el Sol nos permitía salir a la calle sin morir de insolación. El resto del día me quedaba en casa dejando las horas pasar y lo que es peor, con mis padres y mi hermana teniendo que empezar sus trabajos o institutos. Vamos, que vomité. Me quedé sola un par de días sin nadie que me viese o me impidiera dejarme llevar por mis impulsos, y acabé en el váter. Al menos ya no me doy atracones antes de ello. Tan sólo comí un par de helados y fui directa al baño a expulsarlo todo. Estuve toda la semana sintiéndome como una mierda. Volvieron los pensamientos típicos: "cuándo acabará esto", "cada día estoy más gorda", y desprecios varios hacia mi comportamiento.

No me apetecía ni salir, pero hay que hacerlo. Hay que ver a la gente que te quiere sobre todo cuando queda poco tiempo para mudarse de ciudad. El caso es que estuve viendo a varias amigas y haciendo la maleta hasta que el domingo por la tarde nos fuimos mi novio y yo en el coche de su madre hasta nuestros nuevos pisos.

Y primera semana por aquí. No está yendo mal, sobre todo porque tengo a mi novio cuidando de mí todos los días. Me da miedo el momento en que deba quedarme sola, como siempre. Esto cansa demasiado.

He empezado las clases. Parece que me van a gustar las de este año. Voy motivada. Sobre todo porque de una forma u otra el tener que ir a la uni o estudiar por las tardes también me mantiene la mente ocupada. Además este año me apetece ponerme las pilas y sacar mejores notas.

Me he apuntado al gimnasio y creo que es lo que más me está motivando a hacer las cosas bien de todas las actividades que podría tener en mente. Probé la clase de crossfit el viernes y llevo dos días con unas agujetas increíbles. Me da la sensación de que en poco tiempo voy a poder definir todo lo que me apetezca, y además expulso adrenalina por un tubo y me despejo bastante. Está guay. Tenía ganas de volver.

Lo dicho, no me apetece hablar demasiado. Todo va igual. Uno días más, otros días menos. Sigo estando cansada, sigo viéndome gorda, sigo obsesionada con la comida, pero siempre avanzando hacia delante. No sé. No sé qué pensar ni qué deciros. Cuando me encuentre mejor volveré a escribir entradas motivadoras y algo más interesantes.

Cuidaos.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Diario de dos peregrinos.

Hola a todos!!! Cuantísimo tiempo sin poder leeros ni pasar a escribir por aquí...
Ya os dije que estuve haciendo el Camino de Santiago como forma de despedir mis vacaciones, y ahora ya toca volver a la rutina y retomar todas aquellas cosas que dejamos de lado durante el verano.

Supongo que os apetecerá saber qué tal me ha ido recorriendo parte del norte a pata, así que os voy a llenar la entrada de hoy de fotos y resúmenes de lo que hemos ido viendo :)

Salimos desde Alicante el día 19 de agosto hacia León, donde casualmente estaban pasando el día dos de mis tíos. Así que aprovechamos para verles y tomar algo con ellos. Sacamos nuestras credenciales y de repente un hombre del canal "leonoticias" nos pidió a mi novio y a mí si nos podían hacer unas cuantas preguntas para la tele. Primer día ya de famoseo! jajaja

Catedral de León
Entrevista express

En modo turista ON, después de haber pasado una noche en León, nos levantamos bien temprano el día 20 cargados con las mochilas para empezar a buscar flechas amarillas y conchas por las calles hasta salir de la ciudad y empezar nuestro primer día de camino.

Hospital de Órbigo
La primera etapa eran nada más y nada menos que 35 km, y la verdad es que fue el día que más me cansó porque el peso de la mochila se nota demasiado y al no tener ninguna experiencia en largas travesías no sabíamos cuánto íbamos a tardar en llegar a nuestro destino. Así que por más que pasaban las horas nunca llegábamos al pueblo final, que en este caso era Hospital de Órbigo.
Eso sí, en seguida empiezas a conocer gente, lo que hace el camino mucho más ameno. Compartes experiencias y charlas con otros peregrinos y esperas volver a encontrarlos en futuros días.

Y después de esta etapa vinieron 10 más. Según la guía de internet debíamos hacerlo en 13 días, pero nosotros conseguimos hacerlo en tan sólo 11. La verdad es que engancha mucho y siempre te apetece seguir un poco más. Hubieron días que hicimos incluso 40 km del tirón.

Palacio Gaudí (Astorga)

Plaza Mayor (Astorga)

De camino

Entrada en Galicia


Por lo general el tiempo fue perfecto. Ni frío ni calor. Todo bastante agradable. Únicamente hubo un día en el que llovió y tuvimos que parar de caminar sobre las 12, pero esas cosas también forman parte del Camino. Unos días andas más, otros andas menos y te sirven para recuperarte físicamente. Hay que saber disfrutar de cada momento.

A Santiago llegamos con una pareja de catalanes que conocimos unos cuatro día antes de acabar el viaje y estuvimos haciendo las últimas etapas con ellos. Nos invitaron a desayunar una mañana incluso de lo bien que les caímos. Recogimos nuestra compostelana y fuimos como locos a descubrir todas las calles y tiendas de la ciudad gallega.

Tumbados en la Plaza del Obradoiro justo al llegar a la Catedral de Santiago

Con las dos Marías (Santiago)


Catedral de Santiago de Compostela



Mi chico y yo al fin en Santiago

Lo cierto es que es una experiencia bastante bonita. Son unos días en los que puedes desconectar totalmente de tus obligaciones del día a día. Allí no se te ocurre pensar en el trabajo que has dejado a medias en casa o en lo que te espera al volver a tu ciudad. Allí te levantas por las mañanas con una sola cosa en mente: caminar. Y ves como pasan las horas y no dejas de visitar pueblos y más pueblos y de ver peregrinos y más peregrinos. Y aunque te duelen los pies y la espalda no quieres parar y hacer menos kilómetros ese día, sólo quieres llegar hasta Santiago y poder ver la Catedral orgullosa por haber acabado la experiencia como una campeona. 


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Y cambiando de tema, ayer acompañé a mi hermana a elegir unas gafas para ella y ya que estaba decidí hacerme una revisión. 0,25 de miopía en un ojo y 0,50 en el otro. Es súper poquito así que seguramente pueda empezar la universidad sin muchos problemas para ver la pizarra, pero por si acaso empecé a probarme algunos modelos. 


No es que me desagrade como me quedan, es sólo que voy a parecer la empollona de la clase jajajaja pero igual me motivan a estudiar más y todo! :P

Y por último, hoy he tenido cita de nuevo con la psicóloga. Me ha estado preguntando muchas cosas sobre el Camino y hemos empezado a planificar mi vuelta a Valencia (vuelvo el domingo). He estado elaborando un calendario semanal de comidas que ha de supervisarme ella, y en el que deben aparecer algunos de los alimentos que la última vez califiqué como "prohibidos" así que creo que voy a empezar por tomar algunos de los yogures del desayuno enteros en lugar de desnatados.

También me ha mandado realizar una lista de tareas que sirvan para mantenerme ocupada cuando me de ansiedad por pegarme un atracón, y aún la tengo que pensar así que ya os la mostraré.

Y bueno guapas, voy a ver si puedo ponerme un poco al día con vuestros blogs que os tengo súper abandonadas. Un besito :)


La pregunta de hoy es:
¿QUÉ ES LO MEJOR QUE OS HA PASADO ESTE VERANO?

(Es puro cotilleo jaja pero me apetece que saquéis a relucir todo lo bueno que os haya pasado durante estos tres meses :D )