domingo, 29 de junio de 2014

Primera visita a la clínica y convivencia

No sé si alguna vez lo dije, pero llevo tres semanas haciendo prácticas de laboratorio en un instituto de investigación de mi universidad. En total he de cumplir cinco semanas para conseguir los créditos necesarios y cursar una asignatura menos el año que viene. Tenía miedo de pasar demasiado tiempo sola en el piso ya que los exámenes han acabado y todos mis amigos se han vuelto a sus respectivos pueblos. Y de hecho, la primera semana de trabajo, fue aquella en la que me di atracones y vomité todos los días, fue en la que decidí ir a la asociación contra la bulimia y la que descubrí la clínica en la que estoy ahora.

Viendo que el miedo empezaba a ser una realidad empecé a pensar opciones para estar más distraída durante las tardes y le dije a una amiga si le apetecía subirse unos días a Valencia. Y eso hizo. Apareció por mi casa el martes pasado y se volvió a Elche el viernes por la mañana. Y claro que me he distraído y claro que me ha ayudado a controlarme con la comida, pero ha llegado a suponerme incluso más cansancio mental. Me explico, quizás sea una impresión mía, pero me da la sensación de que hay personas que insconscientemente tienden a imitarme. Se lo estaba contando el jueves a la psicóloga (ahora os cuento en detalle). Me preguntó por la gente que sabía de mi problema y yo le dije que respecto a amigos, sentía como que existían dos vertientes: por un lado personas que se han seguido comportando igual y no han estado preguntándome demasiado, y personas que a pesar de decirme que puedo contar con ellas para lo que quiera, inconscientemente se han comportado de forma diferente.
En el primero grupo se encuentran algunas amigas que sutil y disimuladamente me muestran su ayuda ofreciéndome comer en su casa o pasar la tarde con ellas para evitar que acabe comiendo sola  y cometiendo algún error o sintiéndome mal. Y en el segundo grupo están las personas que piensan que el problema es que no quiero comer y me incitan a ello, o que se ponen a hablar de comida cuando están conmigo. Y en este grupo está la chica que ha venido a mi casa. Porque yo entiendo que tampoco ha de ser cómodo para ella ver cómo empiezo a sacarle cosas para cenar mientras yo le digo que no me apetece mucho comer, pero ella podría entender que no es algo que hago a propósito sino que verdaderamente me cuesta comer tanto en la cena.
Os pongo un ejemplo: le dije que si quería que comprara algo para que desayunara a gusto ya que yo suelo comprar cosas muy raras, y me dijo que no me preocupara, que ella sólo tomaba un vaso de leche o a veces, ni si quiera desayunaba, que no le sentaba bien (empiezo a sentirme gorda porque yo casi que triplico desayuno a su lado). Y luego resulta que todos los días estuvo tomando un tazón de leche con cereales y un yogur de muesli de Activia.
Y por las tardes, a la hora de la cena, que ya sabéis que es la que más me cuesta, pasamos a comprar por mercadona y le dije que no tenía mucha hambre. Ella por supuesto se tuvo que poner a mi nivel y me dijo que ella tampoco, que a veces ni cenaba (y dale perico al torno). Le dije que cogiese lo que quisiera, que yo igual tomaba un yogur con fruta o huevos duros revueltos. Al fin y al cabo si ella no tenía hambre, no le importaría. Y acabó comprando dos patatas para hacernos una tortilla a las dos, y luego se preparó una bolsa de palomitas mientras veíamos la tele. Y yo qué sé, son tonterías. No debería sentirme mal por cenar eso, ya que si quiero ser normal, es lo que toman las personas normales. Es sólo que ella por lo visto está acostumbrada a hacer las comidas en orden creciente (desayuno escaso y cena abundante) y yo justo al revés. Y si después de desayunar bastante, comer bien y merendar a gusto, me plantas una cena de ese tamaño pues... los remordimientos empiezan a aparecer. Pero vamos, que eso es lo de menos... que donde yo verdaderamente me quería centrar es en ese afán que tienen algunas amigas en tener que aparentar que comen poco para sentirse bien, y que luego realmente no sea así. Que lo hagan con otras personas si quieren, pero no conmigo por favor.

Y una vez desahogada, paso a contaros mi cita con la terapeuta. La verdad es que me dio muy buena impresión desde el primer momento. Lo que no me gustaba de la otra psicóloga con la que estuve es que no tenía ningún plan de actuación. Simplemente me sentaba delante de ella en su consulta y empezaba a hablarme con cara muy seria y pensativa mientras yo iba haciéndome más pequeña en su sillón. A veces no hablábamos ni veinte minutos y yo siempre salía con los ojos irritados por las lágrimas y sin ninguna gana de volver la semana siguiente.
Esta vez, sin embargo, desde el primer momento en la visita informativa, me explicaron todo lo que haríamos durante las distintas sesiones, y en qué se basaba su método. Conforme llegué rellenamos algunos papeles con mis datos y el acuerdo de confidencialidad, y con una sonrisa y muy buen rollo me dijo que le contara un poco sobre mi infancia. Dibujó una línea horizontal sobre su papel y empezó a escribir los pequeños apuntes que le iba diciendo en orden cronológico. Le hablé de lo especial que he sido siempre para comer, de lo poco que me gustan muchos alimentos, de las tardes que he pasado en el comedor del colegio y de cómo siempre era la última en salir y con la bandeja aún llena. Le hablé de cómo engordé de repente y de las clases de aerobic que vinieron después, de las meriendas con napolitanas que me hacía mi madre, y de las tardes corriendo con mi padre. Le hablé del paso al instituto, de las nuevas amistades y de los cambios hormonales. De mis desarreglos con la regla, y de la importancia que empecé a darle a la imagen. De cuándo decidí tomarme en serio adelgazar y de los cambios de hábitos, de las clases de pilates y de la selectividad. Y por último le hablé del paso a la universidad, de mi nueva vida en Valencia, de los dos pisos en los que he vivido, y de mi entrada en este infierno.
Lo que más me gustó de la visita fue darme cuenta de que verdaderamente esto no ocurre así, por arte de magia. Recuerdo que hace ya algún tiempo escribí una entrada en la que preguntaba ¿por qué yo? No entendía cómo una chica tan alegre y tan optimista como yo podía haber sucumbido a una enfermedad como esta. Echaba la vista atrás y sólo veía momentos felices y una alta autoestima. Y de repente, cuando la chica me dijo: "háblame de tu infancia, ¿qué solías comer?" fue cuando empecé a acordarme de lo desastre que he sido siempre con la comida, y me alegró ver que quizás si existía una explicación para todo esto.
También creí importante que mis padres empezaran a ir a terapia para hablarles de todas las cosas que yo no recuerdo. Ellos son los que verdaderamente saben lo que me preparaban para comer cuando era un bebé y la guerra que daba para tomar las papillas o acabarme los yogures. Siempre he tenido que tramármelas para dejarme comida en el plato. La diferencia es que entonces lo hacía porque no me gustaba la comida, y ahora lo hago por que no me gusta mi cuerpo.
Estuvimos hablando muy a gusto, riéndonos al decirle que siempre me quedaba a limpiar las mesas del comedor por salir la última, sin hacerme sentir culpable por nada de lo que he podido hacer y entendiendo todo aquello que le decía. Se me pasó la hora volando. La verdad es que siempre he sido bastante charlatana, así que al acabar la sesión la chica me dio las gracias por haberle dado tanta información, ya que es lo que más ayuda a crear el diagnóstico adecuado. También me dio unos cuestionarios que ya he ido rellenando para dárselos en la próxima cita y unos registros de comidas que estoy rellenando poco a poco. Cada día, he de apuntar la fecha en la que me encuentro, la hora en la que se produce cada ingesta, la ingesta en sí, la puntuación de hambre tanto antes como después de comer, y el contexto/sentimientos/lugar en el que ha ocurrido. Además, hay dos casillas para marcar con asterisco si ha habido atracón o purga. Al principio me daba vergüenza apuntar los picoteos que podía darme entre horas o las cosillas extra que tomaba al acabar alguna comida, pero como siempre me recuerdo que es por mi bien, estoy apuntando todo todo todo lo que pasa por mi boca. Y hasta me está ayudando a controlarme: a veces cuando llegan las cinco de la tarde pienso "es hora de merendar" y empieza a entrarme ansiedad por no saber qué tomar. Me acerco a la despensa y saco cosas que en el fondo no me apetecen y posiblemente de normal acabaría volviéndome loca y probando un poco de todo y acabando en atracón. Sin embargo ahora, como he de puntuar la cantidad de hambre que siento, me paro a pensar. Y de repente digo: pero si no tienes hambre... ya merendarás luego. Y oye, os digo que me ha funcionado.

En fin, no me enrollo más. El jueves tengo la próxima cita, volveré a contaros novedades. Mañana viene mi hermana a pasar la semana conmigo. Será genial. Y en devolver el libro que os comenté a la biblioteca haré una pequeña reseña sobre mis impresiones.






9 comentarios:

  1. Sabes? Yo no diría que "imitan", sino que "compiten" para no ser menos....La gente es rara de cojones...hasta por ser la que menos comen se pican...

    ResponderEliminar
  2. creo que nos meten en la cabeza que solo las flacas pueden decir que comen toneladas y no engordan por ser de naturaleza delgada. Si una es normal o más pesada, se le juzga de glotona y todo lo que se lleva a la boca es por gula. Nos meten en la cabeza que las chicas lindas comen poco y livianito. Conoces a alguna chica con sobrepeso que jura comer poquísimo? y en realidad come mucho y malo, pero siente pena o presión por no decirlo. O al menos así lo siento yo.

    Me alegro que hayas tenido buena experiencia con la psico. Un abrazo!

    ResponderEliminar
  3. Seguramente en la siguiente charla indagaréis sobre el motivo exacto que hizo que acabases en esta enfermedad. Dios que pasada jajaja dirás que estoy loca pero me flipan las intervenciones y las fases, el proceso de la curación. Ojalá todo te vayas genial y seguramente que si porque se ve que la psicóloga cumple con el rapport profesional ya que sales feliz y encantada y te da pie a hablar sin apuros.
    Con respecto a lo de tu amiga, dios yo odio eso. A las únicas personas que les conté que vomito ocasionalmente y que tengo problemas con la comida y mi imagen corporal han sido a mi novio y a mi amiga de la uni y también se dividen en esas dos vertientes. La segunda es insoportable, recuerdo que cuando se lo acabé de contar a ellas, además de no entenderlo, a pesar de haber hecho un trabajo juntas de esto, se puso a invitarme a cenas y demás movidas ¬¬ en fin mejor armarse de panciencia, es la manera de ayudarnos que tienen y a lo mejor piensan que es la correcta o no conocen otra mejor.
    Un beso guapa y espero con ansia más avances de la terapia :)

    ResponderEliminar
  4. yo creo que lo hacen para que no te sientas tú mal.

    ResponderEliminar
  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  6. Es la primera vez que entro tu blog y me has enganchado por completo, me he sentido identificada con muchas cosas, y tu forma de escribir y explicar las cosas me encanta. Sobre lo de las amigas...me pasa algo similar , tengo una amiga a quien le explico aveces cosas que hago y ella tiende a comparar-se conmigo , dice que fue bulimica por una semana, que odia su peso...Pero después se atiborra de comida y sigue tan tranquila, o cena mucho (yo suelo no cenar), y además me deja en evidencia delante de mucha gente cuando no quiero comer gritando: Díos mío eres anorèxica come ya! entre otras cosas...
    (lo siento me he enrollado) Te sigo! :)

    ResponderEliminar
  7. Que bueno que estes haciendo algo por estar mejor, no es facil pedir ayuda y menos compartir lo que te pasa con amigos y familia. Creo, por mi experiencia, que cada uno hace lo que puede, hay gente que le cuentas y no sabe como ayudarte y terminan metiendo la mata, otros que piensan que lo mejor es hacer como si no pasara nada, otros que son en extremo solicitos y hasta molestos... en el fondo la mayoria tienen buena intencion.
    Me alegro por tu cita psicologica, entre mas datos puedas dar y mejor voluntad mejor te ira, date tiempo y ten paciencia, no es magia, es un proceso pero ya lo empezaste :)
    sonara hipocrita que te diga todo esto, pero de verdad me alegro que estes haciendo lo posible por recuperarte, me transmitiste esperanzas
    un beso

    ResponderEliminar
  8. Quizá no quiere hacerte sentir incómoda y por eso finge que come poco, yo tenía una amiga que hacía eso y me dijo que esa para que no me sintiera mal...

    Y es cierto, si nos fijamos, esto no nació así no más de la nada, en la infancia se pueden encontrar muchas cosas...

    Me alegra que te haya gustado tu terapia y que sigas así, un beso

    ResponderEliminar
  9. Hola preciosa! Te he estado leyendo aunque no he podido comentar, y hoy, por dejarlo, me toca comentar más de 50 jajaja. Cada vez que te leo estoy más convencida de que eres una luchadora y eso motiva a cualquiera. Sois las personas como tú las que inspiráis a otras aunque lo que hagas sea diferente. Es la actitud. Un beso grande!

    ResponderEliminar