sábado, 3 de mayo de 2014

¿Por qué dejé de contar calorías?

La entrada de hoy se me ocurrió hacerla a raíz de que, después de contar mi experiencia dejando de contar calorías, me preguntarais en los comentarios si eso verdaderamente me había ayudado. Pues bien, os voy a explicar por qué dejé de contar calorías. Voy a contar un poco mi historia, que muchas ya la sabréis, y en la próxima ya os cuento qué tal me va el puente y os dejaré una receta nueva. Perdonad porque es un poco larga, pero personalmente me gusta lo que transmite.

Voy a echar un poco la vista atrás, como ya he hecho en algunas entradas. Sobre los 12, 13 o 14 años era una niña bastante gordita. Y es normal dado que no hacía nada de deporte, y comía napolitanas para merendar, chucherías, galletas y chocolate en el desayuno, sándwiches para almorzar, etc. Después llegó la época de los granitos y los cambios hormonales, y con ella, el estirón. Milagrosamente mi cuerpo se estiraba y la grasa se repartía por todo él. Empecé a adelgazar por arte de magia, pero aunque en comparación con años anteriores estaba más finita, seguía siendo una chica rellenita. Con 16 años, allá en 1º BAT, decidí que era momento de cambiar. Anteriormente ya había salido a correr con mi padre durante algunas épocas, y me había apuntado a clases de aerobic, pero necesitaba un cambio en mi alimentación. Recuerdo que mi madre se acostumbró a comprar los bizcochos con pepitas de chocolate que venden en Mercadona, y que yo y mi hermana éramos incapaces de resistirnos. Como siempre nos los acabábamos, siempre compraba más. Hasta que un día le dije a mi hermana que no lo abriéramos, que lo dejáramos intacto hasta que caducase para que se diera cuenta de que ya no íbamos a comerlo más. Y funcionó. Y de igual forma que me obligué a no comer bizcochos para que mi madre dejara de comprarlos, me acostumbré a cambiar las galletas del desayuno por tostadas, empecé a tomar yogures, fruta en el almuerzo, raciones de comida más pequeñas, meriendas más saludables y cenas a una hora más temprana. Y así, en cuestión de un año, me quedé delgada. En 2º BAT fue cuando conocí a mi novio, cuando más salí de fiesta y cuándo más ligué. Y todo eso sin que se me vieran las costillas. Si vais a la entrada en la que subí fotos de mi cambio podréis comprobar que en 2012 seguía teniendo mollitas, pero es que ¿quién os ha dicho que a los chicos les guste tocar hueso?

El caso es que ahí estaba yo, adelgazando sin parar y sin saber lo que era una caloría. Yo tomaba lo que había por casa. Y ¿os creéis que por aquel entonces mis padres se iban a preocupar de comprar los yogures desnatados y edulcorados?, ¿pensáis que el pan era integral, o de centeno, o Thins; que conocía las tortitas de maíz o los copos de avena; o que comía una pechuguita a la hora de la comida? Pues no, abría la nevera y me comía los yogures con su azúcar y su nata con toda mi ignorancia, los cereales y el pan todo refinados, y a la hora de comer el plato de pasta, arroz o lentejas que me ponía mi padre. Y rosquilletas para merendar, y tostadas. ¿Quién me iba a decir a mí que los hidratos de noche estaban prohibidos? Y yo adelgazando. La mar de feliz. Y no será por el deporte que hacía. ¿Clases de spinning, qué es eso? Recuerdo que durante algunos meses me apunté a unas clases de pilates para abuelas, porque las únicas jóvenes allí éramos mi hermana y yo. Y conforme llegaron los exámenes y el aire olía a selectividad, a la bici estática ni me acercaba. Y yo adelgazaba. ¿Queréis saber cuántos kilos me quité de encima? Pues ni idea, porque empecé a subirme a la báscula cuando ya pesaba 46 Kgs y mi padre me obligaba a llevar un control sobre mi peso. Durante los dos cursos que adelgacé sin dietas ni obsesiones no pisé la balanza del baño. Iba viendo que la ropa cada vez me quedaba más grande y en las tiendas las tallas cada vez las pedía más pequeñas. Y eso es lo que verdaderamente nos hace felices.

Y, ¿qué pasó entonces? Que ya en segundo de bachiller, cuando mis padres observaron que tenía que ir renovando mi armario, empezaron su lucha hacia mí y la comida. Me ponían platos más grandes y replicaban a mis quejas. Cada vez que iba al sótano a hacer bici, mi madre me soltaba algún que otro comentario, y siempre proponía ir a merendar o comer fuera. Y el simple hecho de llevarles la contra era mi gasolina para aguantar la tentación y decir que no. Me daba rabia que no me dejasen adelgazar tranquila, ya que por aquel entonces aún no había llegado a ningún extremo. Yo creo que hasta que no llegué a la universidad la talla 36 ni me la planteaba. 

Y efectivamente, cuando me fui a Valencia a estudiar sentí total libertad para comer lo que me apeteciera y adelgazar sin límites. Como tenía conocimientos nulos de cocina y alimentación empecé a informarme, y empecé a descubrir todas las calorías que tenía la comida. ¿Pero tanto engordaba mi querido Nestea? Si hasta la fruta, que tan glorificada la tenía aportaba azúcares. Y el pan, y la pasta tendrían que reducirse radicalmente. Empecé a contar calorías y me apunté al gimnasio porque la teoría era sencilla: ingerir menos de lo que se quema. Calculé mi metabolismo basal y observé que el mínimo recomendado en todas las dietas hipocalóricas eran 1200. Pero claro, cuántas menos comiera, antes adelgazaría. Y así empezaron los días de tomar tan sólo 400. Era una auténtica locura que tan sólo me llevó a ciclos de ayuno y atracón. Un día comía alguna mísera pechuga y algo de fruta y al día siguiente, muerta de hambre, acababa con el pan. La culpa que sentía tras un atracón me hacía decidir comer una sola manzana al siguiente día, y al próximo el hambre volvería a hacerme atracarme. 

Y empezaron los vómitos, y aunque entonces no lo veía, fue el comienzo de un año y medio de obsesión con la comida, de pérdida de peso preocupante y de infelicidad. Y como decía al principio, me preguntabais que por qué dejé de contar calorías. Me voy a centrar en el pasado cercano, porque esta decisión la tomé hace a penas tres semanas, en las vacaciones de Pascua. Hasta hace tres semanas, cada noche planificaba en myfitnesspal (y anteriormente en otra aplicación llamada fatsecret) los menús del día siguiente. El tope que me daba eran unas 1500, pero yo procuraba no llegar a las 1000 (por debajo del metabolismo basal incluso). Pasaba la mañana con un yogur y un par de tortitas de arroz, y observaba impaciente cómo se movían las agujas del reloj hasta que llegaba la hora de comer. ¿Total para qué? Para cocinarme una pechuga de pavo con algo de tomate. ¿Cómo no iba a morirme de hambre cuando llegaban las 4? Hambre de dulce, de hidratos de carbono, de chocolate o de miel. Sufría cada vez que buscaba un alimento en la aplicación para añadirlo al menú, y las calorías totales aumentaban imparablemente. Recuerdo un día que, como siempre, estaba intentando cumplir el plan a rajatabla, y una amiga me dio un caramelo mentos. ¡La que lie por un simple caramelo! Me pasé toda la clase pensando si tendría mucha azúcar y cuántas calorías me aportaría. ¿Pero eso es vida? Además, comía casi siempre lo mismo, porque todo lo que no fuese pavo ya me hacía tener que reorganizar el resto de comidas del día para no pasar de las 1000. Así que claro, si un plato de espaguetis me iba a aportar el triple que un filetito de carne, pues a repetir filete un día más. ¿Y para qué? Para luego triplicarlas yo igualmente a base de leche con galletas a la hora de la merienda. Y de esta forma a lo mejor adelgazaba un kilo en una semana, sí. Pero es que a la siguiente engordaba dos. Y así llevo todo el curso, porque ya no me ha vuelto a quedar la ropa grande. Matándome a restringir, yendo al gimnasio, contando calorías y agotándome mentalmente no sólo no estoy adelgazando, sino que engordo incluso. 

Así que resumiendo, durante bachillerato me pongo a comer más sano sin obsesiones ni tardes de gimnasio y adelgazo. Y cuando decido contar las calorías engordo. Creo que queda claro por qué dejé de contar calorías. Y sí, antes he dicho que toda esta locura me hizo adelgazar preocupantemente. A base de vómitos, claro. Así sí. Qué más da comer espaguetis, merendar galletas y cenar un bocadillo de tortilla si luego va a irse todo por el váter. Pero no nos vamos a pasar la vida desgarrándonos la garganta. 

Por eso hace tres semanas decidí probar a comer saludablemente sin pensar en las calorías, porque ver cómo el número del contador aumentaba me hacía volverme loca. Y total, si llevar la cuenta no me ha hecho mejorar demasiado, pues no tenía nada que perder. ¿Y qué he notado en este tiempo? Pues un total desahogo. Los primeros días que estuve en el pueblo estuve desayunando roscos azucarados que hace mi abuela, y tostadas, y galletas. Para comer hicimos tanto arroz, como espaguetis, como tortilla o hamburguesa. Comía pan con moderación y sin remordimientos, y cenaba hidratos tranquilamente. Y me sentía más ligera que la semana anterior contando tantas calorías. Luego vino una pequeña etapa en la que volví a descuidarme y empecé a comer de los dulces que compraba mi madre, tuve un cumpleaños y algunos desarreglos hormonales debidos a los anticonceptivos que me hicieron sentirme hinchada y pesar incluso 51 Kgs (el día de la foto de los pantalones que pensaba que me iban a explotar). Pero lo mejor es que como no había cuentas ni números de por medio mi mente seguía tranquila. Sabía que no tardaría en recuperar mi forma. Y en cuanto pasó el cumpleaños decidí volver a comer como los primeros días de vacaciones: tranquilamente, y sin obsesiones. Y eso no significa que fueran pocas cantidades. No sé si pasaron uno o dos días (creo que sólo uno) pero me quité 600 gramos en un momento y me puse en 50,4 (¿veis como comer sano adelgaza?).Y ahora que ya ha pasado más de una semana sigo comiendo galletas, y pan y helados con mi novio. No sé cuánto pesaré porque sigo con la regla y hasta que no termine no voy a volver a la báscula pero los pantalones del cumpleaños ya no me aprietan, me quedan hasta sueltos. Y eso que llevo tres semanas sin pisar el gimnasio. La semana que viene, cuando vuelva a la rutina, no quiero ni imaginarme lo bien que me va a ir: voy a seguir comiendo sano y además haciendo deporte. 

Encima estoy descubriendo nuevas recetas como el cous cous, pizzas caseras, bizcochos y galletas fitness. Tengo la opción de experimentar en la cocina y poder usar los ingredientes que quiera porque las calorías ya no cuentan. Puedo disfrutar de la comida y evitar la ansiedad. Ceno bocadillos si me apetecen, y aunque muchas estéis pensando que es una locura, al menos quedo saciada y las calorías que pueda comer de más respecto a vuestras cenas no van a aumentar a las pocas horas a causa del hambre que sienta.

Es algo que nos han enseñado desde pequeños y que nos hemos empeñado en despreciar. Llevar una dieta saludable nos hace estar fuertes y sanos. Y consecuentemente delgados. Y una dieta saludable no se compone de 1000 calorías, ni de restricción de alimentos. En lo alto de la pirámide también están las guarrerías que tanto nos gustan, sólo que en un triángulo más pequeño. Qué más da la energía que aporten. Nunca nos enseñaron a contar calorías. Nos enseñaron a medir cantidades, a disfrutar de la comida, y a acompañarla de actividad física (aunque sea andar una hora al día). Y por mucho que nos cueste creerlo, eso es lo que funciona. Tanto para adelgazar como para ser felices. 

9 comentarios:

  1. Hola Miriiiii! me encanto la entrada! Cada palabra justa!
    A mi me pasa algo parecido, trato de no contar calorias, pero aveces inconciente o mientras como pienso esto debe tener estas calorias.... pero trato de comer sano y es fundamental hacer ejercicio.
    Cuidate mucho! y segui asi!
    Un besote <3

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  2. Me identifico mucho con tu etapa obsesiva de contar calorías, exceso de ejercicio y cagarla comiendo de más a las 3 de la mañana.
    Supongo que intentaré reflexionar acerca de lo que has dicho, pero ya intenté salir una vez de la bulimia (ahora padezco episodios bulímicos con otros anoréxicopurgativos) y engordé 25 kilos por ceporra.
    Siento que lo que dices es cierto, mi mente enferma lo sabe pero todavía no está preparada para salir... aún no es suficiente...
    Igualmente me ha encantado leer este post, mucho ánimo y felicidades! ^*^

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    1. Se me olvidaba comentarte que si bien tu has ido engordando, yo poco a poco pero sigo adelgazando... quizá por eso es que mi mente no ha dicho "ya basta" y sigo en la espiral del infinito...

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  3. Suena realmente bien, pero parece TAN difícil...

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  4. Hola guapa! Me he leído toda tu historia, llegué por casualidad y no pude dejar de leer por curiosidad y a la vez interés por tu historia. Poco está relacionado con lo mío, así visto desde fuera... pero no he podido evitar encontrar una conexión, y es la falta de autoestima. Yo me pego buenos atracones, pero no vomito y estoy delgada. Pero, por qué ocurre? Por qué nos atracamos? El problema en ti ya no es la bulimia en sí, es el quererte a ti misma. Hasta estando en los huesos te veías "la mollita"!! Todos sabían que estabas extremadamente delgada, menos tú. Siempre buscando más, queriendo más perfección, tu ideal de perfección. A mí me pasa con el maquillaje, la ropa, el pelo... dependencias de productos, planchas de pelo... quiero mirarme en el espejo y desprender furor, yo qué sé. Mirarme la cara y verme bella. Es todo lo que quiero (en lo que respecta a mi físico). Un cutis sin imperfecciones, un estilo elegante y limpio... y creo que todavía nunca lo he conseguido. Estoy deseando trabajar, ganar dinero y comprarme mil productos, mil historias. Y me pego atracones de comida cuando estoy sola, de cosas insalubres. Tengo ansiedad. Espero a estar sola para arrasar.
    No sé, creo que compartimos un vacío en nuestro amor propio... y quizás deberíamos trabajar en ello. Porque por mucho que intentes no vomitar, no atracarte... y lo consigas, parece que el problema sigue ahí.
    Bueno, es una idea, no tengo porqué estar en lo cierto! Simplemente es mi opinión después de leerte :) y también quería decirte que eres tan guapa, chica... qué preciosidad, qué dulzura de mujer por dioh!! Qué envidia jaja :) sin duda me uno a leerte.
    Un besito.

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  5. Me encanto lo que escribiste, me has ayudado un monton!!! Mi caso es un poquito distinto pues yo tuve anorexia hace 3 años pero recibi tratamiento. pero hace 3 meses empecd una dieta y nose como empece a contar calorias, es realmente esclavizante, estaba haciendo una dieta de 500 kcal pero he estadl aumentando la ingesta (voy en 1000) pero gracias a tus palabras no las contare, aunque me cuestee, y siempre comiendo sano, muchas gracias!!!!!!!

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  6. Me sentí tan identificada con tu caso.... Yo también padeciendo bulimia y ahorita trato de vencer a ana... Aunque es complicado.... También me obsesiono con las calorías y las cuento en myfitnesspal.... En estos últimos días e tratado de olvidarlas y concentrarme en un estilo de vida fitness y me siento mucho más liviana.... El hecho de contar calorías me llevo a un maldito estancamiento y eso es lo mas frustrante que puede haber.

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  7. Tu historia me ayudó bastante, creo que la obsesión por contar calorías me llevó a subir todo el peso que había bajado restringiendo. Creo que desde ahora me voy a enfocar más en la nutrición que en esos malditos números. Muchas gracias :)

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  8. Tan solo tengo 13 años y yo sentia que no estaba pensando bien yo ando contando las calorias en myfitnesspal y gracias a tu post intentare dejarlo me eliminare la cuenta y vivire mi vida como debe de ser ☺☺☺♡

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