lunes, 19 de mayo de 2014

Día 56. Una semana después

¿Llevo una semana sin pasar por aquí? Pues tanto el martes como el miércoles seguí haciéndolo mal con la comida. Necesitaba motivación, o posiblemente fuera estrés lo que tenía. El caso es que el miércoles decidí decir "STOP" y hacer un día depurativo para dejar atrás todo lo que me había metido en el cuerpo. Pues como cualquier día en que te propones algo, empezó genial, desayunando un kiwi y una infusión. Para comer, una ensalada con gambas y palitos de surumi. Y cuando empezaron a llegar las 15:30 o las 16:00... Pues una cagada otra vez. Y lo peor de todo, que me di permiso para atracarme y devolver después. No había mucho en casa, pero cogí unas galletas y unos cereales y empecé a comer para luego ir al baño. Y efectivamente, tras recogerme el pelo y empezar a chuparme los dedos, me dirigí al váter, y cuando iba a hacerlo, respiré hondo y me dije: no lo hagas. Tenía mucas dudas. Me sentía muy hinchada y era tan fácil acabar con esa sensación... Pero calmé el dolor de barriga tumbándome en la cama e intentando calmarme. Y así conseguí mantener la cuenta intacta. Lo cierto es que al principio la sensación es horrible. El malestar y el pensamiento de engordar te controlan la mente, pero luego la verdad es que me sentí muy feliz. Había conseguido reprimir un vómito.

La verdad es que creo que fue un auténtico paso para seguir adelante con la recuperación. ¿Por qué hace un par de años no me daba atracones? Porque sabía que engordaría. Claro que había días que comía más cosas de las necesarias, pero no eran atracones, ni mucho menos. ¿Y por qué? Porque sabía, que una vez dentro, la comida se iba a quedar allí. Si comía de más, iba a engordar. Así de simple. Así que procuraba tener cuidado. Y claro, ahora resulta que tengo una opción B, algo con lo que antes no contaba: vomitar la comida. Y eso es lo que nos mantiene encerradas en este callejón sin salida. Sabemos que podemos comer y comer y comer y luego vomitar. Y luego el sentimiento de culpa y el llanto y la sensación de no acabar nunca con esto, claro. Pero lo importante es que no subiremos de peso. Y por eso estoy tan orgullosa de no haber vomitado, porque así poco a poco espero ir volviendo a pensar que no existe solución, como en aquellos años en los que era una chica sana.

Y bueno, lo cierto es que la única solución para hacer frente al atracón era hacerlo mejor al día siguiente. Y efectivamente, el jueves estuvo lleno de sorpresas y momentos felices. Y cero ansiedad y cero dietas depurativas. Me tuve que quedar a comer con unos amigos en la universidad porque debíamos acabar unas memorias de prácticas y acabé pidiendo un bocadillo vegetal con lechuga, atún y tomate (odio la mayonesa y el huevo cocido no me hace mucha gracia). Y justo después de comer fui a ver quién había ganado el premio de fotografía. Debo explicar, antes de nada, que ese día era el día del patrón de mi escuela, y por eso al día siguiente no había clase. El caso es que se habían celebrado algunas actividades culturales, entre ellas un concurso de fotografía. Y yo me presenté. Y bueno, para qué darle más vueltas... Que había ganado el primer premio!! Un ordenador portátil de segunda mano. Mañana iré a por él. A ver en qué estado se encuentra eso de "segunda mano".

Después, con todo el subidón, fuimos a hacer las memorias de las prácticas y luego a una clase de spinning al aire libre. Y toda duchadita y con la mente más despejada, me fui a Elche en bla bla car. ¡Al fin pasaba unos días en casa! Y lo cierto es que ha ido genial la estancia allí. Estuve el viernes con un amigo en el gimnasio aprendiendo a usar bien las máquinas que sirven para tonificar las zonas que me interesan a mí. Y creo que a partir de ahora voy a dedicarle menos tiempo al cardio y al spinning e iré más a musculación. Quiero hacer un pedido de Quest bars para que colaboren un poco jaja pero las que me gustan están fuera de existencias...

Y bueno, el sábado estuve con mi padre y mi hermana en una quedada que había en Villena de los miembros de la Cruz Roja de toda la provincia. Fue algo así como una pérdida de tiempo, pero me llevé el iPad por si las moscas y estuve mirando algunas diapositivas de clase con mi padre en un banquito al sol. Le dije que estaba muy sorprendida de ver la despensa tan vacía. No esperaba que realmente fuera a estar así cuando llegara. Me contó que mi madre había comprado un montón de fartons y croissants de chocolate y magdalenas, pero que en cuanto mi hermana los vio le echó la bronca y se los llevó para esconderlos. Y la muy bonica no me dijo nada... Ella quería que yo pensara que realmente habían dejado de comprar. Le debo tanto... Las tardes que iba a merendar antes que ella, se bajaba conmigo a la cocina a hacer como que quería beber agua para vigilarme de cerca. Ojalá se venga pronto a Valencia y me ayude a salir de esto. Con ella siempre lo hago genial. La verdad es que sólo había copos de avena y algunas digestive a la vista. Así se le iban a cualquiera las ganas de atracarse jajaja Algún día le agradeceré todo lo que ha hecho por mí a lo grande. Seguro que sí.

Y lo único que me hubiera gustado hacer este fin de semana y que al final cancelé porque los exámenes están a la vuelta de la esquina y yo sigo tocándome a mi amigo de ahí abajo con una alegría en el cuerpo que es preocupante, fue una excursión nocturna que iban a hacer unos amigos durante 35 Km. Hubiese estado genial... Pero bueno, a veces hay que ser una chica responsable.

Y nada, me despido por hoy preciosuras, que sólo quería poneros al día de mi vida. La verdad es que ahora tiemblo por ver cómo pasan los días en Valencia, pero tengo pensado vivir en la biblioteca para evitar atracones de cualquier tipo y salir a correr de vez en cuando, o a pasear o a hacer lo que sea. Y para aplanar el vientre, os traigo este súper desafío que he empezado hoy mismo:


Buenas noches amores. Descansad :)

lunes, 12 de mayo de 2014

Día 49/123.

Parece que se acerca el ecuador el reto, ¿verdad? Podría haber esperado a escribir mañana celebrando que por fin he llegado a la mitad de días sin vomitar que me propuse en un principio, pero no sería cierto. No sabía si confesaros esto al llegar al día 100 y añadir entonces veintirés días más o si hacerlo ahora. Y, en fin, ¿para qué esperar más?

Lo cierto es que el día 16 de abril vomité. Tengo el día grabado en la memoria con fuego, sinceramente. Era el día en que se cumplían 23 seguidos sin vomitar. Y no tenía necesidad de ello. De haber sido cualquier otro día no lo habría hecho. Hubiese comido normal, o incluso si me hubiese atracado, hubiese sido consciente de que en un par de días comiendo normal lo hubiera solucionado. Y encima empezaba Semana Santa, que iba a estar aislada de Valencia y de la rutina y acompañada por mi hermana y la fuerza que me transmite para conseguir el propósito. Pero claro, eso si hubiera sido un día normal. Pero fue el día previo a la famosa sesión de fotos. Fue el día en que El Madrid-Barça se jugaba en el Mestalla y media España había venido a Valencia a ver el partido. Fue el día en que empecé a hacer la maleta para las próximas dos semanas que me esperaban fuera. Fue el día en que decidí restringir mis comidas para no salir hinchada en las fotografías. El día en que todos mis amigos y compañeros estaban celebrando "Las paellas" de la universidad mientras yo esperaba sola en casa a que llegara el coche que me llevaría a Altea. Fue el día en que decidí comer un poco más. Sólo un poco más. Tan poco que no se hubiese notado en absoluto ni en las fotos ni en ningún sitio, menos en mi cabeza. Fue el día en que busqué por los armarios, y tras observar que a penas quedaba comida que me ayudase a devolver, pues íbamos a pasar dos semanas fuera, bajé a comprar al Mercadona. Fue el día en que mientras caminaba deprisa hasta el supermercado vi a Arturo Valls pasar por mi lado, y junto a él montones de culés animando a su querido Barcelona. Fue el día en que compré un paquete de 6 magdalenas, y sin poder llegar ni a la cuarta, corrí al aseo y las vomité.

Y no supe qué hacer. Volver a escribir "Día 0" en el título de la próxima entrada era tan desolador. Y todo ocurrió por las circunstancias que se dieron. Ni siquiera quería hacerlo. Así que decidí guardar este día en la memoria, ser totalmente consciente del error que había cometido y prolongar la cuenta veintirés días. De este modo no tendría que volver a enfrentarme al dichoso número, y aún así conseguiría cumplir igualmente los 100 días limpia. Y es que, al fin y al cabo, ¿qué más da el nombre que le ponga a cada uno de los días? ¿Qué más da si en vez de números los llamo por colores, o por frutas, o verduras, o sentimientos? A mí me motiva más pensar que mañana será el día 50 y seguir adelante, que pensar que he de empezar la cuenta de nuevo, que ya no tengo nada que perder, y volver al aseo una vez más.

Y con esta pequeña confesión paso a contaros cómo me está yendo el mes de mayo. Y por más que me duela... No traigo buenas noticias. ¿Dónde quedó la motivación que llevaba encima hace un par de entradas? Pero si derrochaba felicidad y superación por cada poro de mi cuerpo. Siempre lo he pensando... Igual que después de una racha mala, siempre viene una buena. Después de una racha buena, vendrá una mala. Pero bueno, no quiero llenar el blog de pensamientos negativos. No es mi estilo. Así que voy a intentar recuperar esa motivación de la forma que sea.

La verdad es que todo se torció a partir del viernes, hace tres días. Supongo que es lo que tienen los fines de semana. Después de tantos días poniendo ticks positivos en mi calendario hacía falta un día de tensión. Y como no tenía práctica hasta las 12, me dediqué a picotear cosillas que tenía por casa. Me sentía llena, pero vomitar ya no está en mis planes, así que cogí mis cosas y me fui para la universidad. Acabé a las 14:30, y como me llevé ropa deportiva a propósito por si me animaba a ir al gimnasio, estuve haciendo 45 minutos de cardio y los 15 restantes de abdominales y glúteos. Al llegar a casa decidí que no tenía hambre. Me duché y me quedé leyendo. Al rato cogí una zanahoria y un par de lonchas de pavo y me quedé dormida. Me desperté sobre las 18:30 bastante cansada y supuse que era falta de azúcar. Al fin y al cabo a penas había comido desde esa mañana. Y merendé bien, y me fui andando a casa de mi novio durante 45 minutos.

El sábado lo pasé con mi chico así que fue bien. Estuve estreñida y me sentía fatal, así que el domingo le dije que quería volver pronto a mi casa para tomar alguna infusión y quedarme tranquila en mi aseo. Y como sabía que tenía la casa casi vacía, pasé por El Corte Inglés, que era lo único abierto, y me paseé por todos sus pasillos mientras miraba la cantidad de delicias que vendían. Acabé comprando unas galletas de chocolate y volví a liarla. Lo bueno es que no me acabé el paquete como en otras ocasiones. (Bien, poco a poco).

Y hoy, lunes, típico día de empezar de cero y hacer bien las cosas, he acabado con otro paquete de galletas (unas maría integrales normalitas) mientras las mojaba en leche. Y encima me he saltado la clase de spinning, pero es que una vez más he empezado a notarme muy cansada y me he quedado dormida.

Así que como bien he dicho antes, qué más da cómo se llame el día. Mañana es martes, ¿y qué? Tan buen día como cualquier otro para poner un tick de nuevo en mi calendario. Pasaré la clase de spinning de hoy a mañana y haré día de depuración para eliminar los excesos. Sólo un día. Repetiré clase el miércoles, y el jueves estoy apuntada a una masterclass que dura una hora y cuarto y en la que -según el monitor- la van a liar parda.

Os voy a dejar aquí apuntados mis dos aliados contra el estreñimiento que tanto me han ayudado estos días:
- BEBER MUUUUUUUUUUCHA AGUA
- Infusión "Regula bien" de Pompadour
- Leche de fibra 0% con regula plus de Central Lechera Asturiana

Y nada chiquis, me voy a leer un rato. Se acerca junio. Este fin de semana volveré a Elche y pasaré por una esteticién a depilarme. Empezaré a tomar el Sol, a ver si así me veo motivada a lucir mejor el bikini y consigo acabar el mes como a mí me gustaría. Un besito guapas, y sé que estamos todas de exámenes pero se os echa de menos..

jueves, 8 de mayo de 2014

Día 45. Cambio de chip + recetas

Hola chicas! Llevo trece días sin atracones ni vómitos. Y estoy muy muy orgullosa de la parte de "sin atracones" porque es lo que más me ha costado en todo el tiempo que llevo intentando dejar atrás la bulimia. No tengo ni idea de qué es lo que me está cambiando el chip poco a poco, porque en fin... sólo son 13 días, es pronto para dar conclusiones, pero me noto con la mentalidad cambiada.

Hasta hace un par de semanas me era impensable poder tener un paquete de galletas en casa, o chocolate o miel. Siempre acaba tirando los paquetes a la mitad porque en cuanto compraba algo de esto acaba en atracón. Es que era completamente imposible tener algo dulce en casa y que durara más de una tarde. Era como si mi mente me obligara a eliminarlo para no tener tentaciones a la vista. Sin embargo, el lunes fui a hacer compra y traje una tableta de chocolate, algunas galletas de fibra, mousse, tortitas, etc. Estamos a jueves y aún no he probado el chocolate. Y es que sigo sin ser consciente de cómo lo estoy haciendo, porque desde luego no es a fuerza de encerrarme en mi cuarto y obligarme a no pasar por la cocina, o intentando pasar el día fuera para no tener tentaciones. No, es que me está saliendo solo.

No sé si esto tendrá algo que ver, pero el otro día estaba pensando en todo el problema en sí: en mi conducta, en lo que me lleva a los atracones, y en mis sentimientos. Llegué a la conclusión de que lo que ocurre es que sé que estoy delgada. Sé que llevo año y siete meses (concretamente) dándome atracones sin engordar. En el fondo sé que aunque me pase una semana sintiéndome hinchada, horrible y desganada, los demás por fuera me van a ver exactamente igual de delgada que siempre. El otro día un compañero de clase me tocó la espalda y dijo algo así como que era todo hueso. Es uno de los compañeros que más se percató de mi cambio durante verano, y a pesar de que ahora he cogido algo de peso desde entonces, él me sigue viendo igual.

El caso es que la última vez que atraqué la despensa me puse a pensar en por qué lo hacía. No todas las personas que léeis el blog lo hacéis porque tengáis un trastorno alimenticio. Algunas simplemente cuidáis vuestra alimentación porque queréis adelgazar de forma saludable y estáis a dieta. Y yo os leía y os comentaba y os decía cosas como "qué bien lo estás haciendo, sigue así y seguirás bajando" y yo pensaba: y por qué yo no puedo hacerlo así de bien. Y entonces se me ocurrió pensar que era porque yo ya estaba delgada. Que sí, que quiero mejorar mi aspecto, estar más fuerte, más tonificada y que no se me puedan coger mollitas de la barriga. Pero realmente utilizo la talla que quiero, cuando voy de compras escojo cualquier cosa que me entra por los ojos, y la báscula sigue marcando 48. Quizás por ese motivo no estaba siendo nada exigente. Por supuesto, cuando me daba un atracón me sentía súper hinchada, con dolor de barriga y con sensación de explotar dentro de los pantalones. Odiaba tener que desnudarme y verme así, pero eso me hacía esforzarme por compensar al día siguiente, y al poco tiempo volvía a recuperar mi forma. Pero ¿qué era lo único que estaba consiguiendo? Comer todo lo que quisiera sabiendo que después de una mala racha vendría una buena, tras otra mala, tras otra buena. Me estaba malacostumbrando, sin tonificarme en absoluto y con la moral por los suelos por no poder salir de la maldita enfermedad.

Y de repente, hace 13 días se me ocurrió pensar como lo hace una mujer a dieta, con la diferencia de que yo podría comer más caprichos porque realmente no necesito perder más peso. Me creé el calendario que os enseñé en alguna entrada anterior (que lo estoy cumpliendo a la perfección) en el que no pedía milagros, sino lo que pediría cualquier nutricionista a una paciente suya. Empecé a tomar desayunos completos que me saciasen, y pensando como una persona a dieta. Porque normalmente, en los desayunos, después de comer las cantidades planificadas, acaba pensando: va, si puedes comer alguna más, no va a pasar nada. Y así es como acababa con el paquete entero. Pero ahora lo que pienso es: ya has desayunado, has comido todo lo que te ha apetecido, porque no cuento las calorías, y tomo galletas si es lo que me apetecen, o tortitas con miel o bizcochos caseros. Y cuando acabo y siento tentación de coger algo más me paro y pienso: ¿realmente tienes más hambre? Y como una chica a dieta recapacito y pienso que para conseguir mis objetivos he de diferenciar el hambre de la gula, y así consigo cerrar el armario y continuar con mi vida. 

Y en fin, ya van trece días, que no son muchos, pero tampoco son pocos. Os repito que no sé qué me estará haciendo cerrar los armarios y olvidar los malos pensamientos, pero es una idea. Siempre hay momentos de flojera: momentos de "seguro que ya te has pasado" o de "mira que podrías haber aguantado sin comer eso" pero no tienen nada que ver con los de antes. Porque si algún día me paso con alguna comida, al menos no llega a convertirse en atracón, simplemente es coger algo más, como podría hacer cualquier otra persona de este universo. Y bueno, voy a ir cortando el rollo porque pensaba hacer corta la entrada de hoy y al final acabo hablando por los codos como siempre. Aquí os dejo un par de recetas que he hecho estos días. No tienen desperdicio:

PIZZA FITNESS


INGREDIENTES:

(para la masa)
- 2 claras de huevo
- 3 cucharadas de la harina que prefiráis
- yo le puse algunos copos de avena para hacerla más completa
- una pizca de sal

(para la pizza)
- tomate triturado/salsa barbacoa
- carne de pavo/atún
- orégano

Y realmente, todos los que queráis: queso, cebolla, maíz, huevo, champiñones,...

PROCEDIMIENTO:

Batir los ingredientes en un bol y echarla a una sartén engrasada con una gotita de aceite. En cuestión de un minuto ha de estar hecha, como una tortilla.

Sacarla y ponerla en una bandeja de horno mientras este se precalienta a 180ºC

Poner encima todos los ingredientes a vuestro gusto y hornear unos 10 minutos.

BIZCOCHO DE NARANJA


INGREDIENTES:
- Claras de huevo
- Harina (la que más os guste)
- Edulcorante al gusto
- Zumo de naranja
- Levadura
- Algunas pepitas de chocolate

PROCEDIMIENTO:

Batir todos los ingredientes menos el chocolate, y añadirlo después mezclándolo con una cuchara.

Verter la mezcla en un molde y meterlo al horno durante media hora a 180ºC

Lo de arriba es cola cao, así como experimento, pero al final se lo he quitado. Sobra con los que os he puesto.

Sencillas y riquísimas. Súper recomendables. Y el bizcocho también se puede hacer al microondas. De hecho, voy a empezar a probarlos así para tener que deshacerme de menos cantidad.

Y ya por último, el reto de sentadillas que os comenté es este:


Voy por el día 4. Descanso jaja yujuu! Podéis apuntaros todas las que queráis :)

Y con esto me despido ya guapuras. Espero que os vaya genial el día. Os leo!

martes, 6 de mayo de 2014

Día 43. Sobre la autoestima

Hola preciosuras :) Un día más quería daros las gracias por vuestros comentarios y vuestro apoyo, y en concreto a todas las que me habéis mencionado al autoestima, porque me habéis inspirado a escribir esta entrada.

Desde que empecé a subir fotos al blog todas me habéis dicho y repetido que estoy delgada y que no he de preocuparme tanto por mi aspecto. Y algunas me habéis comentado que si ni aún cuando estuve chupadita estaba conforme con mi cuerpo, debería centrarme en aumentar mi autoestima, pues aunque dejara de vomitar, mientras no esté conforme conmigo misma, la obsesión iba a permenecer ahí.

Bien, la verdad es que nunca he considerado que tenga una autoestima especialmente baja, y no sé por qué a vosotras os ocurre lo contrario. Como bien sabéis, durante mi infancia me sobraban kilos por todas partes, y ni aún por esas me comparaba con otras personas. Siempre he querido cambiar porque soy muy exigente conmigo misma. Sé que puedo llegar a más y lo quiero conseguir, pero nunca me he sentido inferior a la gente de mi alrededor. ¿Pesar más me va a hacer inferior? Claro que no. Pero llegó un momento en el que quise mejorar mi aspecto físico y decidí empezar a comer más saludablemente.

Por lo general, el grupito de amigas con el que me juntaba estaba compuesto de chicas delgadas, pero durante el tiempo que estuve adelgazando de forma sana (bachillerato) nunca pensaba en llegar a ser como ellas. Sinceramente, ¿créeis que no hay ni un pequeño rasgo en todo vuestro cuerpo que merezca la pena? Y ¿créeis que existe alguna persona en el mundo completamente perfecta? Para empezar no sabemos ni lo que eso significa. Hoy estaba en mi piso con mi novio y he sacado un catálogo de Mango en el que aparecía una modelo luciendo un conjunto de deporte (sujetador-top y pantalones cortos ceñidos). Era una chica tonificada, que no musculada, y le he dicho a mi chico que ese era el cuerpo que quería conseguir. Conforme la ha mirado me ha dicho: entonces serás una chica soltera. Lo que para mí era un cuerpo ideal, para él era asqueroso. Y así ocurre con todo. Unas queréis que se os marquen los huesos, otras reducir piernas, otras fortalecer los músculos,... Entonces, ¿cuál de todos es el cuerpo perfecto?

Antes os he dicho que en mi grupo de amigas todas eran delgadas, y ¿sabéis por qué no me fijaba en ellas? Porque hasta ellas tenían defectos. Una tenía complejo porque se veía el culo muy grande en comparación con su tamaño, otra tenía demasiado vello corporal, otra tenía unos ojitos muy chiquitines y la frente demasiado amplia, y la que podía tener el cuerpo 10 (aparentemente), era la más repelente respecto al tema estudios y de la que los chicos peor hablaban. ¿Por qué iba a sentirme inferior a ellas? Tenía puntos flacos, por supuesto, pero también tenía muchos puntos fuertes. Siempre le he intentado sacar juego a mi pelo, potenciar mis ojos, vestir con ropa que me favorezca, llevar algo de cuña si se puede, e ir con actitud de campeona por la vida. ¿Cuántas veces hemos empezado a ver atractivo a alguien después de conocerle personalmente? La actitud es lo que más nos favorece. 

Y no sé por qué no sois capaces de ver todas las cosas que tenéis a vuestro favor. ¿Qué veis en los demás que les hagan más merecedores de vuestra atención que a vosotras mismas? Parece que entre todas las cualidades que caracterizan a los seres humanos sólo tengamos ojos para el peso corporal. Para mí sólo es una de las que se debe tener en cuenta, pero también he tenido épocas de querer cambiar mi nariz, he querido tener más pecho, una piel más morena, medir más,... Pero nunca me he deprimido por eso. ¿Qué tiene de malo una piel blanca, o una estatura reducida, o un poco de carne en la tripa? Resulta que a mi novio, justamente lo que le gusta es esa chicha...

No, la verdad es que no considero que tenga una baja autoestima. Yo creo que entré en esta enfermedad por el miedo a volver a ser como fui. Porque soy consciente de que no tengo el metabolismo mágico que tienen algunos que por más que coman nunca engordan. Y mi pasión por el dulce podía acercarme peligrosamente a los tiempos en los que era una chica rellenita. Y una vez conseguí adelgazar, yo era consciente de que estaba delgada, pero seguía siendo fofa. Quería ejercitarme y tener unas piernas duras, un vientre plano y firme y unos brazos fuertes. Y por eso continué y continué y continué, y como seguía dándome atracones y no podía hacer ejercicio muy a menudo, el miedo permanecía. Pero no por eso me comparaba con otras personas. Actualmente sigo sin tener firmes mis músculos, pero no me importa. Sé que siguiendo una vida saludable y haciendo algo de ejercicio es sólo cuestión de tiempo. Y si no lo consiguiera, ¿qué? ¿Por qué tenemos esa fijación con el cuerpo 10? En toda mi clase de la universidad no hay ni una sola chica que tenga un tipo perfecto, y no por eso viven infelices. ¿Por qué tenemos que vivir así nosotras? En todo caso tendríais que sentiros superiores, porque mientras que ellas a penas son conscientes de su alimentación ni de su salud, nosotras nos preocupamos por mantenernos activas y comer alimentos nutritivos y saludables. Dejando de lado las obsesiones y centrándoos en comer sano, el verano que viene, sin daros cuenta, seréis la envidia de toda la playa.

Y para finalizar esta entrada sólo quería deciros dos cositas más (en la próxima entrada os iré contando mis progresos). Lo primero es que después de esta semana sin contar calorías y guiándome por lo que me apeteciera en cada momento, esperaba haber bajado hasta los 49kg, y esta mañana para mi sorpresa, la báscula marcaba 48,6.

La segunda y última es que no os rindáis por no ver el progreso a la primera de cambio. Todos pensamos que los resultados obtenidos tras un esfuerzo siguen una gráfica lineal como esta:


 Pensamos que día a día vamos mejorando poquito a poquito y que los resultados se van notando progresivamente. Por eso, cuando vemos que nada más empezar ya estamos fallando, nos desmotivamos y perdemos las ganas de seguir, pues creemos que no progresamos.

Sin embargo, hoy quiero descubriros que la auténtica gráfica es esta:


Y esto es así. En el proceso de superación, hay una etapa inicial en la que por más que pase el tiempo, los resultados a penas se notan. Y de repente llega un momento en el que después de haber caído, después de haber fallado, volviendo a levantarnos y dejando que avance el tiempo conseguimos aumentar los resultados de golpe. Y estos resultados empiezan a notarse y a motivarnos, hasta que llega un momento en el que nos estabilizamos tal y como queremos, y si queremos conseguir más resultados quizás haya que cambiar un poco el plan.

Y os digo esto porque creo que estoy en esa etapa. Después de haber caído, de haberme dado atracones, de haberme propuesto retos y haberlos fallado todos, estoy consiguiendo frenar mis impulsos por la comida, respetarme y quererme y disfrutar de una vida sana. Así que he creado un instagram vinculado al blog que podéis encontrar en las pestañas superiores o buscando el nickname "adiosbulimia". Un besito guapas y buenas noches!




domingo, 4 de mayo de 2014

Día 41. ¡Que ya estamos en mayo!

Hola a todos y a todas :D No puedo empezar mayo con más ilusión y motivación. La verdad es que tengo nuevos proyectos y metas que quiero compartir con vosotras para transmitiros un poco de la energía que llevo encima.

Antes que nada, deciros que estos cuatro primeros días de mes han ido geniales. He estado de "vacaciones" con mi chico en un piso que tiene cerca de Campello, disfrutando de la playita, olvidando los exámenes, las dietas y tan sólo relajándonos. Sabía que todo iba a ir genial respecto a la comida porque siempre que estoy con él me comporto y no siento ansiedad alguna. Pero es que además, los cambios de aires me sientan genial. Abandonar la rutina, el mismo piso de siempre, la misma gente, los mismos horarios... Uff... Sí, necesitaba despejarme un poco. Y efectivamente, he estado respetando los tiempos normales de comidas, no he contado calorías, he disfrutado de caprichos como algún smöoy por la tarde, galletas para el desayuno, mousse de chocolate,... Y el resto del tiempo he tomado tortitas, yogures de frutas, pechuga de pavo y merluza. Lo único que me ha hecho sentir incómoda ha sido la maldita regla, por eso no puedo hablar del progreso objetivamente porque he estado hinchada. Pero sé que a pesar de no haber hecho ejercicio, he bajado de peso, y en cuanto pase la menstruación me voy a sentir ligerita, con la conciencia tranquila, y una alegría enorme al descubrir que comiendo las cosas que me gustan con moderación y sin pensar en calorías he conseguido bajar de peso. 

En fin, que dije que hasta que no se me pasara la regla al 100% no iba a pesarme, pero hoy que era la vuelta a casa debía subirme aunque sólo fuera un segundín para ver cómo iban las cosas. Y hace una semanita exactamente pesaba 51 Kg (problemas de Semana Santa...), y hace un rato, con el pijama puesto, después de haber bebido media garrafa de agua, pesaba 49,5, por lo que probablemente mañana en ayunas pese 49 justos. Dos kilitos en una semana sin hacer ejercicio ni dieta. No está mal. En cuanto pase esta semana, que volveré al gimnasio y me despediré del periodo, vuelta a mis queridos 48 :D 

Pues eso, que estoy feliz. Pero sobretodo lo estoy por el día de hoy. Porque como bien os he dicho ya sabía que al lado de mi novio iba a hacer las cosas con cabeza, y ya sabía que comiendo moderadamente, aunque no llevase la cuenta de las calorías, iba a conseguir adelgazar. Pero no tenía tan claro que hoy las cosas siguieran del mismo modo. Os pongo en situación: Llego a mi casa sobre las 12:30. Como mañana tengo examen, no me he quedado con mi novio, me he venido sola para descargar maletas y empezar a mirarme un poco el temario. Sola en el piso, sabiendo que no puedo hacer planes porque he de estudiar, agobiada de ver que toca volver a la rutina y que estamos en la recta final del curso, y encerrada en mi claustrofóbico cuarto lleno de bolsas y maletas. Vamos, que la situación pintaba a atracón, y no lo ha sido. No quería tomar nada a media mañana, pero he sentido hambre y he preferido coger un plátano y un par de galletas antes que estar sufriendo y acabar arrasando con la despensa. Me he puesto a planificarme el mes (ahora os enseño foto) hasta que ha llegado la hora de la comida y he metido al micro un cuarto de tortilla de patatas del mercadona que quedaba en la nevera junto con un par de lonchas de pavo y algunas ciruelas pasas. Llegaba la hora crítica: la del postre-merienda. He intentado aguantar un poco pero al final he acabado cogiendo un yogur con una cucharada de cola cao y galletas belvita. Y ya a la hora de la merienda me he hecho gachas de avena (serían unos 15 gramos porque a penas quedaban en el paquete...). He estado muy muy tentada de ir a la cocina a por un paquete de galletas y leche sabiendo que me lo iba a terminar y pensando: bah, es domingo, las dos sabíamos que pasaría. Y sin embargo, he cogido los vasos usados, he ido al fregadero, y me he puesto a estudiar. Así, tranquilamente. Y ya no he vuelto a sentir hambre ni ansiedad. De hecho ya no he vuelto a comer nada más (lo tomaré como merienda y cena en lugar de postre y merienda). Sobre las 20:00 me he calzado los deportivos y he salido a correr media horita, he hecho sesión de abdominales y sentadillas, ducha, y aquí estoy, contándoos mi día. 

Me siento genial. Si he sido capaz de resistirme hoy, ¿por qué no iba a poder hacerlo otros días? Me veo con el chip completamente cambiado. Y como quiero seguir cumpliendo con mis propósitos en este mes que tanta motivación me transmite, como bien he dicho, me he hecho este planning que todas podéis copiar si queréis.


Lo ideal sería que todos los días tuviesen un "tick" rojo. Lo que hay escrito son cosas de la universidad, que en principio no van a cambiar, además de dos días de pesaje. Y el resto son "pegatinas" que puedo ir moviendo según me vaya mejor. Me voy a permitir tres días de cheatmeal, que tampoco es necesario convertir el mes en una tortura; un día de senderismo, aunque sea una ruta suave por mi campo; y tres sesiones semanales de gimnasio. Y por las mañanas lo veo y pienso: va, ¡que en nada estamos en junio! Y fin de exámenes (menos alguna recuperación), y a disfrutar de la playa y las vacaciones.

Y bueno, como sé que os gusta el cotilleo estas son algunas fotos del puente :)




(Soy una friolera que se va a la playa con chaqueta, sí)

La tarde que fuimos a Campello pasamos por un ALE-HOP y acabé comprándome esta libreta para motivarme aún más a cumplir mis proyectos.


Estoy apuntando metas, listas de la compra, recetas, rutinas de ejercicio, y esas cosas. Y como he estado dejando olvidados los abdominales un tiempo, la rutina que os traigo hoy es justamente para fortalecerlos un poco. Está sacada de una aplicación llamada "Entrenamiento diario" que tiene distintas modalidades: abdominales, cardio, glúteos, brazos,... Yo las tengo todas, porque la verdad es que están genial. Te miden los tiempos de cada ejercicio y son muy variados. Pero por si os da pereza descargarla, he hecho este pequeño (y cutre) collage:


Cada ejercicio dura 1 minuto, y no es necesario repetir el circuito (aunque para gustos...).
A parte voy a proponerme algún reto de sentadillas y abdominales que ya subiré en próximas entradas (rollo hacer 50 sentadillas todos los días), que no cuestan nada y día a día, pues algo se van notando.

Y lo último que he de comentaros de los cambios que voy a hacer este mes de mayo es que he decidido incluir algunos alimentos en mi dieta. Os dejo aquí las propiedades de cada uno de ellos sacadas del libro Yo sí que como de Patricia Pérez. 

Me quiero poner morenita este verano ^^




LIMÓN



Así que aprovechando que llega el calor voy a empezar a hacer limonadas, me voy a comprar muchas zanahorias para que me dé mejor el sol (y además me quiten el hambre), y bueno... que poco a poco chicas. Pero como siempre digo, lo importante es la actitud. Y después de estar hoy tan motivada. ¿con qué cara os diría mañana que he vuelto a vomitar? No, no, mayo es la recta final. Toca hacer las cosas bien y lucir tipazo en junio :D Un besazo chicas, no sabéis las fuerzas que me dáis con vuestros comentarios. Me alegro de que verdaderamente os transmita tanta energía como decís. Os leo y os deseo lo mejor. 


sábado, 3 de mayo de 2014

¿Por qué dejé de contar calorías?

La entrada de hoy se me ocurrió hacerla a raíz de que, después de contar mi experiencia dejando de contar calorías, me preguntarais en los comentarios si eso verdaderamente me había ayudado. Pues bien, os voy a explicar por qué dejé de contar calorías. Voy a contar un poco mi historia, que muchas ya la sabréis, y en la próxima ya os cuento qué tal me va el puente y os dejaré una receta nueva. Perdonad porque es un poco larga, pero personalmente me gusta lo que transmite.

Voy a echar un poco la vista atrás, como ya he hecho en algunas entradas. Sobre los 12, 13 o 14 años era una niña bastante gordita. Y es normal dado que no hacía nada de deporte, y comía napolitanas para merendar, chucherías, galletas y chocolate en el desayuno, sándwiches para almorzar, etc. Después llegó la época de los granitos y los cambios hormonales, y con ella, el estirón. Milagrosamente mi cuerpo se estiraba y la grasa se repartía por todo él. Empecé a adelgazar por arte de magia, pero aunque en comparación con años anteriores estaba más finita, seguía siendo una chica rellenita. Con 16 años, allá en 1º BAT, decidí que era momento de cambiar. Anteriormente ya había salido a correr con mi padre durante algunas épocas, y me había apuntado a clases de aerobic, pero necesitaba un cambio en mi alimentación. Recuerdo que mi madre se acostumbró a comprar los bizcochos con pepitas de chocolate que venden en Mercadona, y que yo y mi hermana éramos incapaces de resistirnos. Como siempre nos los acabábamos, siempre compraba más. Hasta que un día le dije a mi hermana que no lo abriéramos, que lo dejáramos intacto hasta que caducase para que se diera cuenta de que ya no íbamos a comerlo más. Y funcionó. Y de igual forma que me obligué a no comer bizcochos para que mi madre dejara de comprarlos, me acostumbré a cambiar las galletas del desayuno por tostadas, empecé a tomar yogures, fruta en el almuerzo, raciones de comida más pequeñas, meriendas más saludables y cenas a una hora más temprana. Y así, en cuestión de un año, me quedé delgada. En 2º BAT fue cuando conocí a mi novio, cuando más salí de fiesta y cuándo más ligué. Y todo eso sin que se me vieran las costillas. Si vais a la entrada en la que subí fotos de mi cambio podréis comprobar que en 2012 seguía teniendo mollitas, pero es que ¿quién os ha dicho que a los chicos les guste tocar hueso?

El caso es que ahí estaba yo, adelgazando sin parar y sin saber lo que era una caloría. Yo tomaba lo que había por casa. Y ¿os creéis que por aquel entonces mis padres se iban a preocupar de comprar los yogures desnatados y edulcorados?, ¿pensáis que el pan era integral, o de centeno, o Thins; que conocía las tortitas de maíz o los copos de avena; o que comía una pechuguita a la hora de la comida? Pues no, abría la nevera y me comía los yogures con su azúcar y su nata con toda mi ignorancia, los cereales y el pan todo refinados, y a la hora de comer el plato de pasta, arroz o lentejas que me ponía mi padre. Y rosquilletas para merendar, y tostadas. ¿Quién me iba a decir a mí que los hidratos de noche estaban prohibidos? Y yo adelgazando. La mar de feliz. Y no será por el deporte que hacía. ¿Clases de spinning, qué es eso? Recuerdo que durante algunos meses me apunté a unas clases de pilates para abuelas, porque las únicas jóvenes allí éramos mi hermana y yo. Y conforme llegaron los exámenes y el aire olía a selectividad, a la bici estática ni me acercaba. Y yo adelgazaba. ¿Queréis saber cuántos kilos me quité de encima? Pues ni idea, porque empecé a subirme a la báscula cuando ya pesaba 46 Kgs y mi padre me obligaba a llevar un control sobre mi peso. Durante los dos cursos que adelgacé sin dietas ni obsesiones no pisé la balanza del baño. Iba viendo que la ropa cada vez me quedaba más grande y en las tiendas las tallas cada vez las pedía más pequeñas. Y eso es lo que verdaderamente nos hace felices.

Y, ¿qué pasó entonces? Que ya en segundo de bachiller, cuando mis padres observaron que tenía que ir renovando mi armario, empezaron su lucha hacia mí y la comida. Me ponían platos más grandes y replicaban a mis quejas. Cada vez que iba al sótano a hacer bici, mi madre me soltaba algún que otro comentario, y siempre proponía ir a merendar o comer fuera. Y el simple hecho de llevarles la contra era mi gasolina para aguantar la tentación y decir que no. Me daba rabia que no me dejasen adelgazar tranquila, ya que por aquel entonces aún no había llegado a ningún extremo. Yo creo que hasta que no llegué a la universidad la talla 36 ni me la planteaba. 

Y efectivamente, cuando me fui a Valencia a estudiar sentí total libertad para comer lo que me apeteciera y adelgazar sin límites. Como tenía conocimientos nulos de cocina y alimentación empecé a informarme, y empecé a descubrir todas las calorías que tenía la comida. ¿Pero tanto engordaba mi querido Nestea? Si hasta la fruta, que tan glorificada la tenía aportaba azúcares. Y el pan, y la pasta tendrían que reducirse radicalmente. Empecé a contar calorías y me apunté al gimnasio porque la teoría era sencilla: ingerir menos de lo que se quema. Calculé mi metabolismo basal y observé que el mínimo recomendado en todas las dietas hipocalóricas eran 1200. Pero claro, cuántas menos comiera, antes adelgazaría. Y así empezaron los días de tomar tan sólo 400. Era una auténtica locura que tan sólo me llevó a ciclos de ayuno y atracón. Un día comía alguna mísera pechuga y algo de fruta y al día siguiente, muerta de hambre, acababa con el pan. La culpa que sentía tras un atracón me hacía decidir comer una sola manzana al siguiente día, y al próximo el hambre volvería a hacerme atracarme. 

Y empezaron los vómitos, y aunque entonces no lo veía, fue el comienzo de un año y medio de obsesión con la comida, de pérdida de peso preocupante y de infelicidad. Y como decía al principio, me preguntabais que por qué dejé de contar calorías. Me voy a centrar en el pasado cercano, porque esta decisión la tomé hace a penas tres semanas, en las vacaciones de Pascua. Hasta hace tres semanas, cada noche planificaba en myfitnesspal (y anteriormente en otra aplicación llamada fatsecret) los menús del día siguiente. El tope que me daba eran unas 1500, pero yo procuraba no llegar a las 1000 (por debajo del metabolismo basal incluso). Pasaba la mañana con un yogur y un par de tortitas de arroz, y observaba impaciente cómo se movían las agujas del reloj hasta que llegaba la hora de comer. ¿Total para qué? Para cocinarme una pechuga de pavo con algo de tomate. ¿Cómo no iba a morirme de hambre cuando llegaban las 4? Hambre de dulce, de hidratos de carbono, de chocolate o de miel. Sufría cada vez que buscaba un alimento en la aplicación para añadirlo al menú, y las calorías totales aumentaban imparablemente. Recuerdo un día que, como siempre, estaba intentando cumplir el plan a rajatabla, y una amiga me dio un caramelo mentos. ¡La que lie por un simple caramelo! Me pasé toda la clase pensando si tendría mucha azúcar y cuántas calorías me aportaría. ¿Pero eso es vida? Además, comía casi siempre lo mismo, porque todo lo que no fuese pavo ya me hacía tener que reorganizar el resto de comidas del día para no pasar de las 1000. Así que claro, si un plato de espaguetis me iba a aportar el triple que un filetito de carne, pues a repetir filete un día más. ¿Y para qué? Para luego triplicarlas yo igualmente a base de leche con galletas a la hora de la merienda. Y de esta forma a lo mejor adelgazaba un kilo en una semana, sí. Pero es que a la siguiente engordaba dos. Y así llevo todo el curso, porque ya no me ha vuelto a quedar la ropa grande. Matándome a restringir, yendo al gimnasio, contando calorías y agotándome mentalmente no sólo no estoy adelgazando, sino que engordo incluso. 

Así que resumiendo, durante bachillerato me pongo a comer más sano sin obsesiones ni tardes de gimnasio y adelgazo. Y cuando decido contar las calorías engordo. Creo que queda claro por qué dejé de contar calorías. Y sí, antes he dicho que toda esta locura me hizo adelgazar preocupantemente. A base de vómitos, claro. Así sí. Qué más da comer espaguetis, merendar galletas y cenar un bocadillo de tortilla si luego va a irse todo por el váter. Pero no nos vamos a pasar la vida desgarrándonos la garganta. 

Por eso hace tres semanas decidí probar a comer saludablemente sin pensar en las calorías, porque ver cómo el número del contador aumentaba me hacía volverme loca. Y total, si llevar la cuenta no me ha hecho mejorar demasiado, pues no tenía nada que perder. ¿Y qué he notado en este tiempo? Pues un total desahogo. Los primeros días que estuve en el pueblo estuve desayunando roscos azucarados que hace mi abuela, y tostadas, y galletas. Para comer hicimos tanto arroz, como espaguetis, como tortilla o hamburguesa. Comía pan con moderación y sin remordimientos, y cenaba hidratos tranquilamente. Y me sentía más ligera que la semana anterior contando tantas calorías. Luego vino una pequeña etapa en la que volví a descuidarme y empecé a comer de los dulces que compraba mi madre, tuve un cumpleaños y algunos desarreglos hormonales debidos a los anticonceptivos que me hicieron sentirme hinchada y pesar incluso 51 Kgs (el día de la foto de los pantalones que pensaba que me iban a explotar). Pero lo mejor es que como no había cuentas ni números de por medio mi mente seguía tranquila. Sabía que no tardaría en recuperar mi forma. Y en cuanto pasó el cumpleaños decidí volver a comer como los primeros días de vacaciones: tranquilamente, y sin obsesiones. Y eso no significa que fueran pocas cantidades. No sé si pasaron uno o dos días (creo que sólo uno) pero me quité 600 gramos en un momento y me puse en 50,4 (¿veis como comer sano adelgaza?).Y ahora que ya ha pasado más de una semana sigo comiendo galletas, y pan y helados con mi novio. No sé cuánto pesaré porque sigo con la regla y hasta que no termine no voy a volver a la báscula pero los pantalones del cumpleaños ya no me aprietan, me quedan hasta sueltos. Y eso que llevo tres semanas sin pisar el gimnasio. La semana que viene, cuando vuelva a la rutina, no quiero ni imaginarme lo bien que me va a ir: voy a seguir comiendo sano y además haciendo deporte. 

Encima estoy descubriendo nuevas recetas como el cous cous, pizzas caseras, bizcochos y galletas fitness. Tengo la opción de experimentar en la cocina y poder usar los ingredientes que quiera porque las calorías ya no cuentan. Puedo disfrutar de la comida y evitar la ansiedad. Ceno bocadillos si me apetecen, y aunque muchas estéis pensando que es una locura, al menos quedo saciada y las calorías que pueda comer de más respecto a vuestras cenas no van a aumentar a las pocas horas a causa del hambre que sienta.

Es algo que nos han enseñado desde pequeños y que nos hemos empeñado en despreciar. Llevar una dieta saludable nos hace estar fuertes y sanos. Y consecuentemente delgados. Y una dieta saludable no se compone de 1000 calorías, ni de restricción de alimentos. En lo alto de la pirámide también están las guarrerías que tanto nos gustan, sólo que en un triángulo más pequeño. Qué más da la energía que aporten. Nunca nos enseñaron a contar calorías. Nos enseñaron a medir cantidades, a disfrutar de la comida, y a acompañarla de actividad física (aunque sea andar una hora al día). Y por mucho que nos cueste creerlo, eso es lo que funciona. Tanto para adelgazar como para ser felices. 

jueves, 1 de mayo de 2014

Día 38. Contra el aislamiento social

Pues ya ha llegado mayo. Ya estamos en la recta final para verano. De hecho, este puente estoy de "vacaciones" con mi novio en una casa que tiene en la playa cerca de Campello y Benidorm. Aunque nos hemos traído algo de estudio porque el lunes tengo examen (para variar), son unos días de relax y de disfrutar de la playa y el solecito que ya empieza a hacer. Este es el mes más motivador para conseguir nuestras metas de verano, y la verdad es que estoy contenta con cómo me va yendo. En realidad, ayer fue un día un poco desordenado: desayuné bien pero me emocioné con la media mañana y la hice cerca de la hora de comer. Tomé pan con miel, algunas tortitas, mousse de chocolate, algo de companaje, fresas y no recuerdo qué más. Así que hasta la merienda no comí nada más. Sobre las 6 me hice yogur con fruta y ya no tuve más hambre. Lo bueno es que cero remordimientos. En el momento fue un poco como: "¿qué estás haciendo?", pero ni pensé en vomitar, ni pensé en calorías, ni en si iba a engordar. Pensé que durante estos días que voy a pasar con mi novio compensaré con creces ese pequeño fallo que tuve, y que si me controlaba el resto de la semana podría considerarse un "cheatmeal" de esos que hacéis vosotras. 

Lo que me llamó la atención es el por qué ocurrió. Lo cierto es que ayer iban a celebrarse lo que se conoce como PAELLAS. Todos los universitarios de Valencia se reúnen en un recinto en el que se prepara una paella gigante, beben alcohol hasta quedar inconscientes y llevan camisetas con alguna frase graciosa en referencia a la carrera que estudian. Me apetecía mucho. Me daba igual beber alcohol. Pasar todo el día bailando y comiendo un pequeño plato de arroz (si tienes suerte y queda cuando llegas) compensa con creces lo que pueda engordar un poco de sangría. Pero sobre todo, lo compensa el estar de buen rollo con tus compañeros, de risas, y pasando un buen rato. 

El caso es que la noche anterior se anunció que se cancelaban (sí, con mucha antelación y tal), y nos quedamos sin plan. Como muchos amigos ya tenían comprado el alcohol, propusieron ir a la playa con las camisetas y montarnos allí la fiesta. Y yo simplemente pasé de ir. Pasaba de ir a beber sin motivo a la playa mientras nos tostábamos al Sol durante unas pocas horas. Podía ahorrármelo, quedarme con mi novio, y empezar antes las vacaciones. Así que por intentar evitar pasarme de calorías con mis amigos, acabé pasándome yo solita en casa. Mi novio tuvo una reunión a media mañana en su universidad, y yo quise almorzar algo.

Y esta es una de las cosas que trae consigo los trastornos alimentarios: el aislamiento social. Rechazamos cenas, tardes de cervezas, o paseos con helado en mano por miedo a las calorías. Dejamos de quedar tanto con los amigos para no tener que comer lo que a ellos les complazca. Pensamos que en casa, solas, podremos tomar algo ligero, mucho menos calórico que lo que tomarán ellos. Y resulta que mientras que ellos tan sólo beben un par de cervezas y pasan la tarde entre risas y cachondeos, nosotras acabamos mojando cereales en leche, o comiendo bizcochos, o bocadillos. 

Recuerdo alguna vez que he ido a estudiar a casa de una amiga y ésta me ha ofrecido merendar algunas galletas con leche. Yo me he negado y excusado diciendo que era tarde y debía volver a casa, aunque en realidad lo que quería era poder merendar algo de fruta. Y ¿al final qué he conseguido? No sólo perder una tarde de cotilleos y risas con una buena amiga, sino que consecuentemente, me quedo en casa sola y aburrida, con hambre y ansiedad, y acabando con el paquete entero. Por no comer un par acompañada, acabo con todo un paquete. ¡Ole!

Por suerte esto es algo que cada vez ocurre menos. Y más desde que dejé de contar calorías. El no tener que estar pendiente de las cantidades para archivarlas en myfitnesspal hace que pueda disfrutar de esos momentos sin calentarme tanto la cabeza. La palabra clave es la de siempre: moderación. Debemos saber disfrutar de todos los momentos que nos aporta el día a día. Al final lo que nos hace caer en los atracones es el estar solos, el no tener nada que hacer, y el ver la despensa llena de comida. Cuanto más salimos, más nos distraemos, más rápido pasa el tiempo, y antes de darnos cuenta se ha pasado el día y no sólo no nos hemos atracado, sino que además hemos salido a disfrutar de la gente que nos quiere. 

Así que de cara al mes que acaba de empezar y a todo el verano que queda por delante, cada vez que nos propongan un plan que nos despeje la mente, vamos a aceptarlo. Y sin remordimientos. Que tampoco creo que tengamos a las amigas obesas que acaben con todas las cafeterías de la ciudad. Si ellas se toman un helado sin engordar ni sentirse mal, pues nosotras igual. A disfrutar del sol, de la gente, y de la comida. Y sin sentirse mal. Pensad que esa tarde tomando algún pequeño capricho os ha ahorrado un atracón en vuestra casa.

Y con esto acabo por hoy. He decidido escribir por dar señales de vida antes de acabar el puente, ya que no creo que los próximos días pase mucho por aquí (no hay internet en la casa). Ya os contaré qué tal me va en la playa. A ver de qué grado serán las quemaduras. Esta semana va a ser de poco ejercicio. Saldré a andar por las cuestas de esta zona y haré algunas rutinas de la entrada anterior. Pero sorprendentemente no tengo malos pensamientos. Espero que a vosotras os vaya genial. Tengo ganas de leeros. Pronto os pasaré nuevas rutinas de ejercicios. Un beso y disfrutad del puente.