viernes, 7 de marzo de 2014

Día 7. Sobre la aceptación

Pues ya ha pasado la primera semana.No imaginaba en absoluto que fuera a ir tan bien. Cero atracones, cero vómitos, 100% de satisfacción.

Sigo teniendo problemas con las meriendas y las cenas. Ayer por ejemplo tenía pensado comer pasta, merendar tortitas de maíz y cenar una hamburguesa. Me hice un plato de espaguetis integrales (están buenísimos y sacian más), y tomé dos tortitas de arroz de postre. Al poco me apetecía un postre algo más dulce, y pensé en tomar entonces las tortitas de maíz con miel. Y así lo hice. Cuando llegaron las 19:30 volví a tener hambre. Y fue entonces cuando hice la hamburguesa. Y ya no volví a tener hambre en lo que quedaba de día. En fin... Sé que no es lo que debería hacer, pero como dije en la entrada anterior, hay que saber escuchar a nuestro cuerpo. Pero repito, escuchar a NUESTRO CUERPO. Y lo digo en mayúsculas porque es muy fácil confundirlo con la voz de la bulimia. Mientras tu cuerpo intenta avisarte de los momentos en los que NECESITAS ingerir alimentos para poder seguir con sus funciones vitales, la voz de la bulimia intenta hacerte creer que tienes hambre cuando en realidad todas tus reservas están más que llenas. Y el requisito indispensable para salir de esto, es saber diferenciarlas.

El caso es que después de esta semana de vida sana, me siento realmente bien conmigo misma. Puedo ir al baño con mucha más facilidad que antes, estoy de mejor humor y mucho más deshinchada. Esa sensación de explotar que tenía cuando me pasaba con los postres ha desaparecido, y los dolores de barriga que me daban cada vez que ocurría un atracón también. Sólo veo cosas positivas. Y mientras contemplaba en el espejo los posibles cambios que he podido sentir esta semana, he pensado en escribir una entrada sobre la aceptación de una misma.

Me he dado cuenta de que no se me notan las costillas, y mis piernas tienen volumen. Si me siento, la tripa me hará pliegues, pero me ocurrirá igual que le pasa al 90% de las chicas de este mundo. Somos humanas, estamos hechas de carne, y la carne en una mujer es belleza. He recordado este verano, cuando pesaba 46 Kg y se me podían contar cada una de las vértebras de mi espalda. Ni si quiera entonces era suficiente. Seguía pudiendo pellizcar mi barriga, y seguía vomitando para intentar conseguir un ideal de belleza que sólo existía en mi cabeza. La gente me decía que me había pasado, que estaba demasiado delgada. Y para mí esas palabras sólo eran fruto de la envidia de las demás, no creía que realmente fuera así. Nunca me vi demasiado delgada.

Entre las personas que me advertían del punto al que estaba llegando se encontraba mi novio, y era al que menos creía. Él me decía que le daba miedo que si seguía adelgazando pudiera dejar de gustarle. Y mi cabeza siempre escuchaba lo contrario: como engordes siquiera un poco, dejará de verte atractiva. Intentaba con todas sus fuerzas que llegara a ver lo que todos los demás veían, pero yo era incapaz. Y llegó ese momento. No exactamente el momento en que dejé de gustarle, pero sí el límite. El límite en el que se deja de echar leña al fuego. El límite en el que la llama sigue encendida, y sigue habiendo atracción, hasta que esta se apaga por falta de leña. Y la leña en este caso era mi peso.

No puedo decir que fue aquí cuando empecé a engordar. Lo cierto es que eso ocurrió en verano y hasta estas navidades yo seguía pesando más o menos lo mismo. Pero puede que causara cierto cambio en mi mente. Igual no era todo cómo yo pensaba. Igual realmente la gente me veía demasiado delgada. Pero ¿cómo podía ser así, si cuando yo me miraba al espejo veía tripa, y veía unas piernas grandes? ¿Qué es lo que veían ellos? No me entraba en la cabeza.

Y por eso escribo esta entrada. Porque no es el espejo quien muestra una imagen deformada, es nuestra mente la que la distorsiona. Y nos va a mantener infelices y engañadas hasta que nos dé la gana de aceptarnos tal y como somos. Porque voy a seguir pellizcando mi barriga, y voy a seguir llenando los pantalones. Y no me importa, porque ahora estoy más guapa. Y quien me lo dice, lo hace de corazón. Y sabéis qué. Os he dicho que fue en navidades cuando cogí peso; y resulta que casualmente, ha sido a partir de navidades cuando la llama de la que os hablaba se ha avivado más que nunca. Parece que realmente faltaba más leña en la hoguera.

Creo sinceramente que uno de los objetivos más importantes que hay que conseguir con este plan es la satisfacción personal. Que para ello la primera meta es dejar de devolver y de darme atracones, SÍ. Pero es que el resto vendrá solo. Porque no por sentirme bien conmigo misma voy a empezar a desayunar donuts todos los días, ni a merendar napolitanas de chocolate. Voy a pasar 100 días comiendo sano, y después vendrán otros 100, y otros 100 más. Y cuando me apetezca chocolate, podré comerlo en su justa medida sin sentirme mal por ello.Y de esta forma, siguiendo una vida normal, sin esfuerzos ni tardes eternas en el gimnasio, voy a conseguir un cuerpo ideal. Pero no el ideal que existía en mi mente, sino el ideal que existe en la realidad. En mi día a día.


4 comentarios:

  1. Esta entrada ha movido algo aquí dentro. Ojalá lo consigas, de verdad. Me encantaría poder pensar así. Tampoco es que quiera adelgazar infinito, un par de kilos más serán suficientes. Pero luego está el miedo a engordar, la necesidad de mantenerlo. Ya sabes.

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    1. Sé perfectamente a lo que te refieres. Siempre ha sido mi miedo. Siempre pensaba que si volvía a comer normal acabaría engordando. Pero lo cierto es que no es así... Y que la larga, es lo mejor que podemos hacer. Gracias por seguirme guapa :)

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  2. Hola, tienes mucha razón, me llego esta entrada. La verdad me es difícil aceptarme, sin importar el peso en el que este. Que bueno que te hayas dado cuenta de todas estas cosas.
    Gracias por comentarme, ya habilite la opción seguidores. Te espero: http://thesideofmetheworldcantsee.blogspot.com
    Te leo
    besos

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  3. Hola Miriam!
    Es la primera vez que paso por tu encantador blog; esta última entrada tuya plasma tanta verdad. En mi época de bulimica, creo que tenía algo más porque recuerdo que no quería comer, cuando podía ocultaba la comida y si vomitaba era solo por si había comido a presión. Al final, no hay nada bueno. Pero a lo que a mi concierne, esto no me deja, de vez en cuando vuelvo a lo mismo y me digo que no lo volveré a hacer pero todo se pone tan confuso... Por otro lado, me alegra saber que quieras cambiar el rumbo a tu vida, te apoyo linda y deseo mucho que te vaya muy bien en tu nueva vida. Me parece excelente y concuerdo contigo todas deberíamos aceptarnos, aceptar la realidad pero para iniciar, hay que querer y por eso te apoyo linda. Y nada, simplemente ten optimismo y ante todo sonríe!

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