jueves, 20 de marzo de 2014

Día 20. Sobre mi familia

Ayer fue el día del padre. No hace falta que hable demasiado de cómo fue la comida familiar. No sólo tuvimos celebración de San José, también era el cumpleaños de mi tía, por lo que comimos tanto coca, y empanadillas como tarta y chocolates. Pero un día es un día, y todos sabemos cómo son las celebraciones. El resto de la semana la pienso pasar bebiendo mucha agua, haciendo mucho ejercicio (el domingo me voy a la montaña :D) y comiendo suave. Y de momento lo estoy consiguiendo. Ya van 20 días de proyecto. En pasar diez más cumplo mi primer mes y vuelven las pesadas y las fotos. Espero que todo siga yendo bien.

Hoy he decidido hablaros de mi familia. Y es que muchas veces me he preguntado si la mala relación que tengo con mi madre ha podido influir en alguna medida en mi problema con la comida. No penséis que nos llevamos a palos ni nada por el estilo, simplemente es una relación extraña.

Mi madre es una persona bastante poco racional, que en vez de intentar hablar las cosas para solucionar los problemas, prefiere soltar un par de gritos y creer que así se llevará la razón al final. Desde pequeña he crecido con las quejas de mi madre metidas en la cabeza. Siempre lo prohibía todo. Cualquier cosa que preguntara, la respuesta iba a ser "no".

En mi casa siempre hemos sido cuatro, y siempre he pensado que quién verdaderamente me ha guiado en la vida ha sido mi padre. Desde bien pequeña me enseñaba historias, intentaba que me apasionara la lectura tanto como a él, planeaba viajes, nos llevaba a mi hermana y a mí al campo, nos explicaba los deberes siempre que no los entendíamos, y puedo enumerar mil momentos más. Con mi madre no puedo recordar ninguno. Sé que estuvo ahí, pero no puedo decir "mi madre me enseñó esto".

La verdad es que en el fondo no tengo queja de mi peso actual. Cuando tenía 10 o 12 años era una chica con sobrepeso. Sin ningún tipo de trauma ni insultos en el colegio ni nada del estilo. Simplemente pesaba más de lo que debía. Quería cambiarlo, pero por verme bien conmigo misma, no porque me sintiese ofendida por los demás. Por supuesto, en todo momento tuve el apoyo de mi padre: salíamos a correr juntos tres veces por semana, empezó a sustituir mis sándwiches en el almuerzo por fruta, compraba leche desnatada, y seguíamos saliendo a la montaña. Mi madre sin embargo, no hizo nada.

Llegó la adolescencia, y con ella el "estirón". Adelgacé bastante sin ningún esfuerzo, sólo por el hecho de que mi cuerpo se estiraba y la grasa se repartía por más espacio. Con esa motivación encima, cuando empecé 1º de bachiller, decidí tomarme más en serio lo de perder peso. Y seguí contando con el apoyo de mi padre, como siempre. Y la pérdida de peso se fue notando rápidamente. Mi padre se alegraba, pero mi madre en cuanto vio que la ropa empezaba a quedarme grande, empezó a intentar que no adelgazase más. Cada segundo del día que pasaba con ella cerca era para escuchar frases del tipo: no adelgaces más que te vas a quedar en los huesos, quieres que te compre unas magdalenas con horchata, esos pantalones hay que volver a llenarlos, eh. Y por supuesto, no se daba cuenta de que con ellas no iba a conseguir nada más que alimentar mis ganas de adelgazar. No soportaba que gastando una simple y convencional talla 38 me hablara como si fuera a pasar la 32. Mi padre lo sabía, y muchas veces le decía a mi madre que dejara de molestarme, que yo era mayorcita para saber lo que hacía y que en absoluto era tan alarmante como ella lo pintaba.

Y así comenzó la eterna lucha: mi padre y mi hermana me entendían y me apoyaban, mientras que mi madre se pasaba el día persiguiéndome con comida, y proponiéndome ir a merendar juntas. Cada día lo soportaba menos. Si en algún momento me daba algo de hambre, el simple hecho de pensar que comer era lo que ella quería que hiciera me hacía aguantar sin ingerir nada todo el tiempo que hiciera falta. Cada vez adelgazaba más: llegué a tener falta de hierro y el pelo se me caía. Y fui yo la que se dio cuenta, la que pidió hacerse analíticas y la que consiguió ponerle fin a las deficiencias. Pero por lo visto ella nunca ha creído que tenga capacidad de saber lo que es bueno para mí. Y cuanto más peso perdía, más me sacaba más de quicio. Y es que como ya he dicho, no es una mujer racional. El verano pasado, cuando llegué a usar la 34 y a pesar 46 Kg mi padre también estaba bastante preocupado, pero en ningún momento intentó cebarme. Me preguntó si quería ir a un nutricionista a que me midiera y pesara y que me hiciera una dieta para no adelgazar más. Acepté y allí nos plantamos. Tenía el IMC un pelín bajo e intenté no perder más peso. Y de hecho lo he conseguido.

Y no sé, aunque sólo haya relacionado a mi madre con el tema de la comida, realmente llevo enfadada con ella mucho tiempo por temas totalmente distintos, no penséis que la mala relación se debe sólo a mi alimentación. También influye que no se pueda hablar con ella de la forma en la que se habla a un adulto, que no entienda mis opiniones, que se pase el día gritando y dando dolores de cabeza. Nunca he sido una chica llorona y las únicas veces que podía hacerlo era cuando mis padres se peleaban, siempre porque ella era incapaz de dar su pie a torcer, o cuando me sentía impotente porque no podía hacer nada para revelarme a mi madre.

Y ahora vivo en Valencia y soy mayor de edad. Hago prácticamente todo lo que quiero. Hace unos cuantos años que mi madre dejó de tener poder sobre mí. Pensaba que alejarme de ella y ser independiente sólo iba a aportarme cosas buenas, y he acabado vomitando la comida. Y no quiero buscar culpables, pero siento que mi madre me hizo cogerle bastante asco al acto de comer. Que gracias a eso dejé de hacerlo equilibradamente como siempre, y empecé a jugar con los alimentos, hasta llegar a este punto.

Hoy me apetecía hablar de esto. Y sé que he dejado mil aspectos en el tintero, por lo que igual en otra entrada comento algo más de mi familia. Pasad una buena semana y mil gracias por vuestros comentarios.

8 comentarios:

  1. Hola Miriam
    Te entiendo bastante. Yo, por suerte, no tengo una madre o un padre que hayan estado encima mio cuando adelgazaba, pero si he tenido una tía. Mi tía -que es enfermera-, cuando ya estuve en los 58 kg, me decía que no bajará más de peso. De hecho, cuando baje hasta 56 kg, lo que hice fue comer más para volver a los 58 kg. Pero el tenerla a ella todo el rato diciendome que comiera más o que hiciera menos ejercicio, lo único que hacía era agobiarme más, y en mi caso, hacer que me inflara a comer (probablemente por eso, en parte, han derivado los atracones. El caso contrario al tuyo, por lo visto...jajaj). Pero bueno, la verdad es que aunque no he tenido problema con el apoyo de mis padres en ese aspecto (porque yo engorde y luego tuve que adelgazar, así que ellos contentos) si que sé lo que sentir que no te apoyan, aún que tu tengas cuidado.
    Creo que (por lo que entiendo estás en la uni o te has independizado...) sois lo suficiente mayores las dos como para hablar las cosas claramente. Yo soy una persona que cuando tiene que decir algo, la digo, sin problemas, y más si es con mi familia o mis padres. No me corto ni un pelo -eso si, con respeto-. La cosa es sentaros a hablar, pero en serio, y llevando tu la sartén por el mando. Y díselo, dile que sientes que parte de tu problema con la bulimía sientes que ha sido por su parte. Implicala ¿No está tanto encima de ti? Pues dile que necesitas su apoyo, pero no en forma de gritos. Que lo intente. De verdad, porque es la forma de que al final ella, al ver que confias en ella, confie más en ti y en tus capacidades. Son cosas que llevan su tiempo, pero no sé...creo que deberías empezar a fomentar una buena relación con tu madre. Nunca es tarde para empezar. Yo también me he llevado siempre mejor con mi padre que con mi madre, pero en la universidad ha sido al revés.
    Un saludo y buena suerte. Ya me contarás

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  2. La cosa es que mis padres no saben lo de la bulimia. Sólo lo sabe mi hermana y desde hace unas semanas, porque necesitaba su apoyo ahora que llegaban vacaciones de fallas/pascuas etc. Y con mi madre he intentado hablar otras veces, no explicándole lo de la comida, sino nuestra relación en general, y el por qué soy tan distante con ella, pero no atiende a razones... Mi padre también se lo dice, que esto no es una broma, que en unos años no se me pasará (lo de llevarnos mal) pero no sé.. o no entiende o no quiere entender. Y como es algo que tengo asumido, tampoco necesito ya tener una súper relación con ella...
    Gracias por leerme y entenderme guapa :)

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    1. ¿TIenes pensado decírselo? Por curiosidad, nada más. Supongo que cuando estés preparada. No conozco a tu madre, así que no sé cuál sería su reacción, pero bueno...yo lo que te digo es que intentes llevarte lo mejor que puedas con ella, si ella no te escucha, más que nada para hacerte la vida más llevadera.
      Un beso

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    2. Hola, yo me llevo muy bien con mis padres, aunque mi madre es el caso contrario, siempre ha querido que perdiera peso y aunque sé que era por mi bien a veces me ha llamado gorda o me ha hecho comentarios que me han sentado mal pero siempre ha sabido rectificar y pedirme perdón. Por eso, a parte de por mí también quiero perder peso por ella. Mi madre siempre está gritando también pero porque es muy nerviosa, solo hay que saber tratarla.
      No conozco a tu madre pero tarde o temprano va a arrepentirse de no tener una relación más buena contigo, eso seguro y apóyate en tu padre y tu hermana. Si vas superando la bulimia no veo necesario que se lo cuentes a tu padre pero si recaes creo que deberías contárselo porque seguro que está dispuesto ayudarte.
      Mucho ánimo y un besito :3

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    3. Es lo que tenía pensado. De momento no me apetece decirles nada, porque cambiaría por completo la percepción que tenga de mí, y mi madre se volvería loca... Pero en caso de volver a recaer, me plantearé pedirles ayuda...

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  3. Los padres sin duda influyen muchisimo en nuestra personalidad, claro que despues venimos grandes y somos nosotros quienes tomamos la rienda de nuestra vida y las decisiones que queremos tomar!

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  4. Mis padres son exactamente iguales, mi.padre me apoya para el peso y me lleva al gimnasio y todo eso (solo que el no acepta que haga dieta porque conoce mis antecedentes) y mi madre igual solo gruta y grita y grita y me mete la comida hasta por los ojos yo igual creo que el asco que le tengo a la comida es en gran medida por ella aunque obviamente su intención era compleyqmente lo contrario y lo hacía para bien...

    Si quieres contarle eso a alguien puedes contarselo a tu padre y estoy seguro de que te ayudará aunque en mi lugar yo no lo haria y trataria de salir sola de esto... pero si nenesitas apoyo para eso esta tu padre... suette lindaaa

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  5. La relación con mi madre es muy buena, y es muy cercana a mí, siempre me ha recomendado perder peso, porque me dice que soy joven y que ahora puedo hacerlo. Yo creo que como lo plantes, deberías hablar con tu padre. Si es él quién tú sientes que te comprende mejor,entonces el sabrá como ayudarte. Nunca hay mejores amigos que los padres creo.
    Muchos ánimos, y lo importante es que estás consciente del problema, y de que puedes hacer para cambiar.
    Un abrazo de oso!
    Javi.

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