viernes, 14 de marzo de 2014

Día 14. Sobre la psicología

Los dos últimos días no estaba comiendo demasiado. El miércoles me pasé desayunando y luego estuve todo el día con la tripa llena sin ganas de comer más. Y fui a spinning. Ayer, sin embargo, sí fui cumpliendo las comidas que debía tomar según mi tabla. Aunque como ya sabéis, mi momento de debilidad es la merienda, por lo que pensaba cenar tan sólo un plátano. El plan se torció un poco cuando una amiga me dijo de salir esa noche. Yo llevaba todo el día sin demasiadas fuerzas así que, como acepté su propuesta, empecé a cenar en condiciones. Y estaba tan cansada, y me di tanta vía libre que volví a pasarme...

Se acercan fallas amigos. De hecho, ya han empezado. Por eso salí ayer. Y eso significa beber demasiado alcohol, comer, y pasar el día durmiendo sin hacer ejercicio. Van a ser un completo descontrol de la tabla y de todo. Además, mientras que a muchas personas el salir les da mucha hambre, a mí lo último que me apetece cuando la boca me sabe a resaca es comer. Por eso esta mañana, después de haber dormido a penas una hora porque tenía una práctica a las 8:30, no he desayunado. Era lo último que me apetecía. Y hasta las tres que he terminado, no he comido nada. Problema: cuando he llegado a mi casa me ha apetecido dulce descontrolado, y he sacado galletas, leche y crema de cacao. En fin... Os podéis imaginar el resto. Me he planteado devolver. Me lo he planteado muy en serio. No quería quedarme con esa porquería dentro de mí. Pero tampoco quería echar a perder estos 14 días. Y al fin y al cabo, era lo único que había comido en todo el día.

Vamos, que fatal. Un cero en progreso. Pero tampoco puedo hacer nada del otro mundo. No voy a dejar que este problema me condicione mis días de fiesta, por lo que voy a seguir saliendo, e intentando preocuparme lo menos posible por las calorías ingeridas. Y en pasar fallas y volver a mi casa haré un par de días de dieta depurativa basada en calditos, frutas e infusiones para eliminar toxinas de mi organismo. Y después, volverán días de tranquilidad y rutina.

En la entrada anterior me preguntaba que por qué yo. El resto de mis amigas salen cuando quieren, beben el doble, y no se preocupan por ello. Ni engordan. Y la cuestión es que yo ya sé que no pasa nada por comer un poco de chocolate, o beber una noche de botellón (en la que vas a quemar más bailando y yendo de un pub al otro que lo que vas a ingerir). Como bien dije en la entrada anterior, hace un par de años no sabía nada de las calorías, y cenaba bocadillos sin engordar si era lo que me apetecía. El problema, es que yo hace dos años, con un bocadillo estaba más que satisfecha. Y ahora, me sabe a poco. Ahora de vez en cuando me dan necesidades de dulce insaciables. Y si decido comprar un paquete de galletas, o un poco de chocolate, es tal la ansiedad que me entra de saber que antes o después voy a cagarla, que es como si necesitara que ese paquete desapareciera. Y en vez de comer cuatro o cinco, y dejar el resto para otro día, he de dejar el paquete vacío para evitar cometer más errores. Es una locura, lo sé. Por eso procuro no comprar, así no hay dulces que hacer desaparecer. Pero entonces la ansiedad aparece por llevar demasiado tiempo sin probar nada azucarado. Parece un bucle sin fin...

Uno de los propósitos de este blog es conseguir darme cuenta yo misma de lo que haría yendo a un psicólogo. Como dije ya en alguna entrada, he visitado dos psiquiatras y un psicólogo. Tan sólo uno. Y es que la experiencia de ir a una consulta a contar mi vida a una desconocida no me gustaba en absoluto. Tener que sacar los trapos sucios de mi familia, de mi pareja,... No sentía que me estuviera haciendo bien. Siempre volvía a casa enfadada, de mal humor y llorando. Y es que yo no he estudiado psicología, ni sé muy bien las bases que sigue la especialista para llegar a solucionar el problema. Yo lo único que observé en las cuatro sesiones que pude aguantar, es que intentaba hacerme hablar y hacerme llegar a temas clave que me abrieran los ojos y me hicieran salir de mi obsesión. Y creo que eso es algo que puedo hacer yo solita. Posiblemente me equivoque, pero es que desde el primer día que metí mis dedos en la garganta he tenido muy claro en lo que iba a convertirme. No tuve reparo en contárselo a mis amigos más próximos y a mi novio, porque no me da miedo hablar de ello. Sé cuáles son mis problemas, mis miedos, mis puntos débiles. Sé cuáles son las soluciones, y no creo que oídas por boca de una psicóloga me vayan a llegar mejor al cerebro. Y con esto no quiero desprestigiar la carrera de psicología. Hay muchísimas personas que se han visto beneficiadas de sus consejos, que no encuentran a nadie de confianza a su alrededor, y prefieren contar sus pensamientos a un especialista. Y me alegro por todos los afectados que sí puedan sacar provecho de ello, pero creo que no es mi caso... Por eso día a día durante estos 100 que voy a pasar sin devolver, me gusta analizar mis pensamientos, mis errores y mis fortalezas; para intentar llegar a un punto en el que pueda ser capaz de controlarme a mí misma, como hacía hace no tanto tiempo.

Pero hay una cosa que se me escapa... Y es que las personas que saben mi problema, se quedan verdaderamente sorprendidas de que una persona como yo haya caído en algo así. La chica de la coraza de hierro, a la que nada le afecta, obsesionada por su aspecto físico. Y tienen razón... Nunca he sido una chica muy dada a las preocupaciones. Procuro no darle más importancia a las cosas de la que realmente tienen. Y me cuesta entender que llegara a este punto. Pero ese es un tema que trataré más adelante, en encontrar alguna respuesta.

4 comentarios:

  1. Hola guapa
    Entiendo perfectamente eso que dices de comernos el paquete entero. Yo lo he hecho. Lo he comprado de propio y me lo he comido "para no tenerlo ahí el resto de la semana", es algo que nos pasa a muchas, no te preocupes.
    Y mira, si, ese día te comiste unas galletas y un poco de cacao y qué? Porque lo importante no es que te comieras eso sino que luego NO fueras al baño a devolverlo. Creo que es un gran paso. Ten en cuenta, que se dice que para crear un hábito son necesarios 21 dás y normalmente, a mi siempre me pasa, que si dejo pasar dos semanas -como tu- cuando voy por el día 14 o 15 siempre me entra gula de azúcar y esas coas. Y es ese momento el que hay que superar. Y tu lo has hecho. Así que esta semana a hacerlo mejor aún
    Muchos ánimos guapa

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    1. Muchas gracias por pasar! Al menos no tiré la toalla, es cierto :) Y quizás cuando pase suficiente tiempo para crear esos hábitos de los que hablas, todo sea mucho más fácil.
      Un beso :)

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  2. Creo que actualmente es completamente o casi, aleatorio, el tener un TCA en vez de cualquier otra adicción, o ansiedad, o depresión. Quizás porque está socialmente mejor aceptado, puedes ser completamente funcional con un TCA, y sin embargo no con una adicción seria.
    Precisamente hablar de alguien con una coraza de hierro me parece la descripción más obvia de alguien destinado al TCA: alguien con una coraza de hierro quiere protegerse de la realidad, de la realidad incontrolable, y qué mejor que esto para controlar al menos alguna realidad...

    Hay un montón de intentos de explicar el TCA. Muchos lo relacionan con abusos en la infancia. Yo no sé cómo llegué, está claro que es por mi bajo autoestima, pero no entiendo por qué yo tengo tan bajo autoestima cuando la vida en general no me ha tratado demasiado mal y mis padres me han educado completamente como que yo podría conseguir cualquier cosa (lo que tampoco creo que sea adecuado porque genera muchas expectativas en un niño y luego... luego eres súper average).

    En fin, que lo que realmente quería decir, es que tú hablas de ir al psicólogo, y hablar, y llegar a verdades de la ostia... No sé de qué escuela serían tus psicólogos, pero eso suena casi a psicoanálisis... Un buen psicólogo, no quiere llegar a súper claves. Un buen psicólogo te va a poner a tener un horario súper controlado de comida, no te va a dejar beber alcohol porque el alcohol es un desinhibidor de la conducta y si estás inhibiendo la conducta de darte atracones y vomitar, y te va a llevar a hacerlo, un buen psicólogo te va a mandar hacer cosas. No sólo te va a dar consejos.

    Y bueno, esto ya lo sabrás, y para ejemplo un chiste: ¿cuántos psicólogos son necesarios para cambiar una bombilla? Sólo uno, pero la bombilla tienen que querer cambiar.
    El esfuerzo es tuyo.

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    1. Buenas Laura, me alegra saber que hay psicólogos que hacen más que charlar con sus pacientes. Me da algo de esperanza por si vuelvo a visitar alguno. Y respecto a lo que dices del autoestima... Es justo lo que me pregunto yo con la coraza de hierro... Que nunca he pensado que lo tenga bajo. O al menos eso creo. Nunca me he visto una chica fea, más bien lo contrario. Y me premio cuando me veo bien en el espejo. Simplemente me da ansia comer, y temo por engordar. Y me gustaría saber en qué momento me convertí en alguien así.

      Un abrazo :)

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