martes, 11 de marzo de 2014

Día 11. ¿Por qué yo?

Esta semana no está yendo tan sobre ruedas como la anterior. No estoy devolviendo, que es el objetivo principal, pero tampoco estoy siguiendo la dieta muy bien. Después del pequeño desliz del domingo, ayer no comí demasiado y luego hice sesión de spinning y de musculación en el gimnasio. Compré una bolsa de golosinas antes del examen, porque llevaba toda la mañana estudiando, pero luego no cené, y al final del día a penas había superado las 700 Kcal. Por contra, hoy tenía pensado comer bien: all bran con leche para desayunar, unas pechugas para comer, y una tortilla de cena (con sus respectivos picoteos a media mañana y tarde). Pero de repente me he enterado de que han abierto un mexicano al lado de mi casa y le he dicho a mi novio si quería que fuésemos a probarlo. Así que al final han caído una bandeja con surtido de burritos, tacos y tostadas. Y encima al volver a casa nos hemos tomado una taza llena de muesli con yogur. Vamos, que me estoy planteando la cena de hoy seriamente.

Y mientras estábamos mirando la carta y decidiendo qué pedir teníamos la típica discusión nuestra:
- Yo con un burrito ya voy a estar bien -le decía.
- ¡Pero si son enanos! O te tomas dos o me enfado.

Y claro, en situaciones como estas empiezo a pensar... ¿Por qué yo? ¿Cómo he llegado hasta este punto? Porque recuerdo perfectamente cómo hace un par de años llegaba a mi cocina y me preparaba un bocadillo a media tarde si era lo que me apetecía sin pensar en las calorías que podría tener. Es que hace un par de años a penas sabía lo que era una caloría. Que sí, que algo explican en el instituto, y algo lees en las etiquetas. Pero si me preguntabas así a ojo cuántas podría tener una rebanada de pan, seguramente ni me acercaba al número exacto. Y era feliz. Es cierto que entonces estaba algo más gordita que ahora, pero me mantenía en mi peso. No engordaba por comer bocadillos, ni cereales azucarados en el desayuno, ni burritos en un mexicano. Y por eso, muy a menudo me pregunto: por qué estoy ahora tan obsesionada. ¿En qué momento me convertí en una chica bulímica?

Pues ocurrió justo cuando me fui a vivir fuera de casa, en el momento en que empecé la universidad y aparecí en Valencia, a dos horas y media de mis padres. ¡Por fin había ocurrido! Por fin iba a poder hacer todo lo que quisiera sin que me supervisaran. Yo ya llevaba todo el bachillerato bajando de peso de manera sana. Simplemente le comenté a mis padres que quería empezar a sustituir mis almuerzos por fruta y reducir el consumo de hidratos. Y funcionó, la verdad. Mi cambio físico más impactante fue en el paso de 4º ESO a 1ºBAT. Pero los padres siempre son los padres, y en cuanto vieron que bajaba de peso rápidamente empezaron a preocuparse y a ponerme mil pegas a la hora de comer. Así que cuando empecé la universidad no vi ningún inconveniente posible. Iba a poder elegir lo que quería comer, así que haría comidas sanas y menos abundantes que las que me preparaban ellos.

Y en este punto quisiera hablar de los compañeros de piso. Y es que yo creo que ese fue el detonante que me inició en este mundo, porque he notado muchas diferencias del curso pasado al actual. Mi anterior compañera era una chica muy maja. No la conocía de nada, pero no fue un problema. No llegamos a hacernos íntimas pero la convivencia se dio sin ningún inconveniente. ¿El detonante entonces? Era una de las chicas más golosas que había conocido nunca. Alta y delgada como una espiga, pero con la despensa siempre llena de chocolate, dulce de leche, galletas y helado. Justamente lo que más odiaba de mi casa: tener todas las tentaciones a mi alcance día tras día. Y claro, pues de vez en cuando, cansada de tanta comida sana, cogía de su chocolate o de sus galletas. Luego bajaba al supermercado y se las reponía. Pero para que no se diese cuenta de que le había cogido nada, le dejaba sólo la cantidad que había cogido, por lo que me quedaba yo con el resto del paquete. Y un día cualquiera, como podría haber sido otro en que me quedé sola en el piso, empecé a comer. Y comí demasiado. Y me pregunté: ¿qué pasará si hago como estas chicas de las películas y me meto los dedos? ¿Seré capaz de devolver? Y lo fui. Y pensé que sólo lo haría esa vez. Pero no me di cuenta de que había descubierto la forma perfecta de poder comer todo lo que quisiera sin engordar. Así que sin darme cuenta y pensando que lo controlaba perfectamente acabé con dolor de lengua, de mandíbula y sabor de boca a bilis durante todo lo que quedaba de curso.

Cuando llegó el verano volví a casa, hice varios viajes, y pasaba la mayor parte del tiempo activa, por lo que fue una época bastante buena. Hubo algún que otro desliz, pero pensaba que ya lo había superado. Además, el curso siguiente (en el que estoy ahora) iba a vivir con dos compañeros de clase, sanos los dos, con buenos hábitos, rutina de gimnasio, etc. Suponía que el desastre del curso anterior no se repetiría. Y a esta diferencia entre cursos me referiría. En un caso fue fácil caer en la tentación, pero en el otro no. Por eso no entiendo por qué he seguido haciéndolo. Ha sido de una forma mucho menos frecuente. En el fondo, tener gente en casa ha hecho que me controle en muchísimas ocasiones. Los atracones siempre ocurren en solitario. Si sé que hay alguien más conmigo se me quita el hambre automáticamente. Pero por ese mismo motivo, en el momento en que me quedo sola, es como si todo lo que hubiera estado reteniendo durante su presencia lo volcara en forma de atracón. Es como un "come ahora todo lo que puedas que cuando vuelvan ellos no podrás". Y me veo incapaz de encontrar el punto medio. Le estoy poniendo ganas, y muchas. Pero de momento no estoy siendo capaz ni de seguir la dieta que me propuse. Sé que ha pasado poco tiempo... Pero me he visto con ganas de compartir este pensamiento con vosotras. ¿No lo habéis pensado nunca? ¿Cómo os habéis convertido en esto?

7 comentarios:

  1. Yo también empecé cuando me fui a vivir sola. Bueno, en realidad la sucesión fue: el año que repetí 2º de bachillerato empecé a ir al gym y a 'cuidarme', pero sin ninguna información, por tanto para mí mamarme hasta la patas viernes y sábado y al día siguiente ponerme hasta el ojete de pizza y napolitanas de chocolate, era cuidarme porque entre semana en vez de cenar un bocadillo de mortadela y mayonesa como solía hacer, me comía unas tostadas con queso Philadelphia. Pero eso ni me producía ansiedad ni nada.
    Fue cuando empecé a tener que hacerme yo la comida y a decidir lo que comía. Pero también muy equivocada. Me pensaba que una ensalada de pasta, por ser ensalada, no engordaba, y me las hacía gigantes, con una lata de atún, huevo duro, queso... Y luego los findes con resaca lo mismo, muchísima comida, atracones. Así que a pesar de ir al gym a saco, volví en verano con unos 5 kg más de los que me había ido. Y ahí le dije a mi madre que quería ponerme a dieta. Y adiós. Empezaron los atracones, pero no vomitaba. Cuando el curso volvió a empezar dejé de comer poco a poco. Y llegué a mi peso más bajo, que fueron los 37 kg. Al principio no vomitaba casi nunca, y si lo hacía era por comer normal, no por haberme dado un súper atracón. Pero en Navidad y después, se me fue de las manos, claro.

    Y ya está, eso es todo y para siempre. Yo no creo que nunca vuelva a tener una relación normal con la comida. Esta es mi condena.

    PS: por cierto, mi primer año de carrera también viví con una chica súper delgada que comía lo que quería. Yo siempre prefiero vivir con peña a la que no tenga que dar explicaciones claro, rollo que ni me vayan a preguntar si me oyen vomitar.

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  2. Es muy triste, xq esta enfermedad llega d repente y lo cambia todo... antes comía lo q quería sin remordimiento y sin pensar q engordaria... pero ahora todo es complicado, a cada momento pienso en lo q puedo comer o no, por ej hasta una salida con amigos se convierte en un problema, xq los alimentos q se consumen son solo comida chatarra...
    Quisiera ser como antes, pero es muy difícil :c
    Es la primera vez q visito este sitio y me pareció d mucha ayuda lo q leí, x eso gracias x compartir tu experiencia. es alentador ver como te propones salir adelante. Espero que sigas bien suerte! :)

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    1. Gracias por pasar y por el apoyo! Alegra saber que no estamos solas en esto.
      Un beso muy grande :)

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  3. Hola chica, apenas es la primera vez que visito tu blog y ya te sigo.

    Me llamó mucho la atención tu entrada, porque a mi me paso de una manera muy retorcida. Esto empezo porque yo hice una dieta común, para bajar de peso por salud y logre bajar, de echo me sorprendi mucho cuando note que tenía mucha voluntad pero al bajar 10 kilos en un mes decidí darme un descanso y seguir. Pero cuando quice seguir no pude hacerlo, no tenía la misma fuerza de voluntad, no podía hacerlo igual y cada vez me desesperaba más porque no queria recuperar el peso que me habia costado perder...

    Empece todas las dietas por haber y todas las rompia y un día, en que comí unas papas despues de una comida muy sana simplemente vomite, pensando que solo sería esa vez pero se volvió un habito, porque... es genial no? disfrutar del sabor de esas grasas y luego deshacerte de ellas.

    He bajado y subido como no tienes idea, me he planteado dejarlo, pero se que es un proceso que es muy dificil de superar. Tengo horribles recaidas, de echo estoyt en una, pero despues inicio muy bien.

    Tranquila si no puedes seguir una dieta, no es culpa tuya, es la bulimia... sabias que se nos conoce por no tener control? No quiere decir que no podamos recuperarlo, pero hay que entender que no es de un día para otro.

    Muñeca.

    Espero te pases por mi blog :3

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    1. es la primera vez que entro en el blog, pero estoy leyendo y me siento tan reflejada... hay más como yo!!! he llegado a sentir vergüenza de mi misma, y sin entender por qué, por qué yo... y ahora veo q hay más como yo. tenemos q unirnos, juntas podremos

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  4. en cualquier moomento se puede caer en los desordenes alimenticios yo me he fijado que he iniciado desde los quince años y me controlaba sabia de las calorias me sentia bien comia lo que sea pero despues pasar al sedentarismo pues las cosas se complicaron no me importaba nada y engorde mucho ahora estoy conciente de ello y tu lo estas hay que mejorarlo seguir adelante evitar los atracones y comer sano las frutas estan bien :)
    un beso

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  5. Yo nunca estuve gorda. Pesaba entre 49 y 52 kg con una altura de 1.62 y miraba con diversión cómo mis amigas pedían sacarina con el café.

    Con 19 años tuve una DEPRESIÓN, así en mayúsculas. Casi un año entero entrando y saliendo del hospital, baja laboral, perdí un curso en la Universidad, un intento de suicidio. Terrible.

    Si tienes la pierna escayolada, si te han dado siete puntos en la barbilla o si te han diagnosticado un cáncer, todo el mundo entiende que estás enferma. Pero si tienes una depresión lo más que piensa la gente es "pobrecilla, está triste... es tan débil". Y yo no soy débil, yo no estaba triste, yo estaba enferma.

    La depresión no me dejaba hacer nada. Ni siquiera comer. Perdí el apetito sin darme cuenta. Cuando mi psiquiatra me hizo subirme a la báscula, ésta marcó 39.7 kg. Todos estaban alarmados. Nadie entendió que eso que veían por fuera, la palidez y los huesos puntiagudos, no era ni por asomo peor que lo que había por dentro. Necesitaron ver mi cuerpo enfermo para entender que yo estaba enferma.

    Así aprendí dos cosas: la primera, que la única forma de comunicarme con el mundo que poseo es mi cuerpo. Nadie entenderá que estoy enferma si mi cuerpo no lo está y nadie entenderá que soy bonita o interesante si mi cuerpo no lo es. La segunda, que yo no era una inútil. Yo, la muchacha que no era capaz de levantarse de la cama, de lavarse la cara, de leer dos páginas seguidas, de curarse de una depresión que parecía no tener fin, yo había conseguido lo que todas querían. Porque ahí estaban todas mis amigas, incapaces de perder ni una sola talla en su eterna operación bikini, y en ellas se mezclaba la preocupación con la admiración.

    Lo demás es historia.


    (He llegado hoy por primera vez al blog y me lo he leído enterito. Es GENIAL.)

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