lunes, 31 de marzo de 2014

Día 7. Un peso menos encima

Y aquí termina mi primera semana sin atracones. Y me quedo con lo de sin atracones, porque lo de comer sano... vendrá más adelante. Los lunes suelen ser días un poco estresantes. A primera vista no. A primera vista son días en los que no tengo clase. Claro que eso se debe a que a las 16.00 tenemos examen. El desayuno siempre es un desayuno normal, el que más me apetezca ese día. No como nada en toda la mañana porque me la paso estudiando a muerte el examen (no soy muy dada a llevar las cosas hechas con antelación). Como de tupper con una amiga algo sencillo que no me deje con la barriga muy llena (odio hacer exámenes hinchada. Bueno... odio estar hinchada en cualquier momento), y en seguida vamos para el examen. Suelen ser dos horas de máxima concentranción, y al acabar me voy directa a la clase de spinning. Para cuando llego a casa no suelo tener mucha hambre, así que ceno algo ligerito, o si me apetece algo dulce me lo permito sin problema. Y tras ojear un poco el ordenador y apañar mi cuarto después de haber pasado el fin de semana fuera, me acuesto a dormir.

Hoy en principio iba a ser un día de los de cena ligera, porque además tenía la casa vacía de comida. Al final he decidido hacer una cena variada para reponer fuerzas y he preparado un par de tostadas con jamón y semillas de lino, un plátano y algunas ciruelas pasas por lo de mi tránsito intestinal. Y no sé... después de comérmelo todo, me ha apetecido algo con un poco más de cuerpo de merienda dulce. He encontrado algo de leche por la nevera y unas galletas chiquilín, y para dentro han ido. El paquete entero. No estoy muy orgullosa de ello pero en fin... como he dicho al principio, los lunes son muy estresantes. Podría considerarse atracón pero teniendo en cuenta que desde el desayuno lo único que ha entrado a mi estómago es un filete pequeño de merluza y algunas gambitas, pues no creo que haya sido para tanto.

A partir de mañana ya vuelvo a pasar todas las tardes acompañada, por lo que seguro que me portaré mejor. Saldré a correr por mi zona y haré alguna clase más de spinning. La verdad es que les estoy cogiendo mucho gusto.

Y bueno, lo que estáis todas esperando... La confesión. Pensaba que no ocurriría hasta el martes ya que mi padre se suele conectar a Skype por las mañanas porque trabaja de profesor en un instituto en el turno de tarde. Como hoy iba a pasarme el día estudiando, sólo me quedaba encontrar algún hueco mañana para sincerarme. Y de repente, justo después de escribir ayer la entrada del blog, me aparece como conectado. "Qué tal ha ido el finde?" Me dije a mí misma: para qué alargarlo más. Y empecé a escribir. Sin releer, sin pararme a pensar. Tan sólo movía los dedos rápidamente para intentar soltarlo todo cuanto antes. Le conté la manía que tenía mi ex compañera de llenar la casa de comida basura, el momento en que decidí probar a meterme los dedos, cómo fui consciente de lo que podía llegar a ocurrirme y recurrí a mi novio para no estar sola. Las visitas al psiquiatra, las sesiones con el psicólogo. Mis intentos de evitar que mi madre llenara la casa de dulces. El caso omiso que me hizo. El comienzo de curso con dos nuevos compañeros. Las recaídas. Las vueltas al psicólogo. El momento en que decidí contárselo a mi hermana y como me convenció para que lo supiera él. El blog... En un bombardeo de frases sin tregua le conté mi último año y medio de vida. Conforme escribía, me sentía menos orgullosa de lo que iba apareciendo en la pantalla. Sentía que poco a poco me iba desnudando e iba dejando al descubierto la parte más frágil de mí. Mis últimas palabras fueron: "No os llevéis las manos a la cabeza. No es para tanto. No porque algo esté mal aceptado por la sociedad se convierte en un crimen".Y tocaba levantar la vista y observar su respuesta.

Simplemente, empezó a hacerme preguntas. Me aseguró que no iba a subirse por las paredes, aunque obviamente estaba sorprendido. Me preguntó por la última vez que lo hice, la frecuencia con la que lo hacía antes, el motivo, cómo me sentía, etc. mientras buscaba la palabra bulimia en el Manual Merk (su pequeña enciclopedia médica). Me dijo que con la frecuencia que yo lo hacía era una bulimia suave, y que por suerte era más fácil de tratar que la anorexia. Empezamos a calmar la situación con bromas incluso. Me recordó una escena de los Simpson en la que Marge se hace adicta al juego, y al final lo reconoce y le dice a Homer: "Tienes razón, a lo mejor debería buscar la ayuda de un profesional", a lo que éste le responde: "No, eso es carísimo. Simplemente no lo hagas más". Me sentía bien hablando con él. Sentía que me había quitado un peso de encima. El problema que tantos meses había tenido que estar guardando en secreto, al fin salía de mí para que mi padre me ayudara a cargar con él. Y en el fondo sabía que podía contar con su ayuda desde un primer momento. No era él precisamente la persona que me preocupaba.

- ¿Qué le vas a decir a mamá? -le pregunté
- Pues... podría contarle una versión modificada en la que empezaste a vomitar el curso pasado en casa de tu ex compañera, pero que este año sólo te agravas cuando vienes a casa y ves todo lo que compra.

No lo veía mala idea. Al fin y al cabo sí es cierto que es allí donde suelo recaer. Empezamos a hablar de ella. Le conté lo que él ya sabe, lo que tantas veces le he repetido, y lo que nunca le entrará a mi madre en la cabeza. Le dije que no podía con tanta insistencia suya por hacerme comer, con sus comentarios, con su pasotismo (porque según ella, ella nunca tiene la culpa de nada. La culpa siempre es de mi padre). Él, de mi parte como siempre, me contó que esa misma mañana le había dicho a mi madre que se pesara, y había engordado 3 Kg desde la última vez. No es raro de pensar si es una mujer que pasa la mayor parte del tiempo sentada, bebiendo cerveza y comiendo bollería. Sin embargo, la explicación de ella fue: "Esto es por tu culpa. Como trabajas en el turno de tarde no podemos salir a andar". Yo simplemente flipaba mientras me lo contaba. En respuesta, yo le conté una conversación que tuve con ella en la que le decía que iba a estar un tiempo sin volver por casa hasta que dejara de hacer bizcohos y comprar galletas porque no me hacían bien. Mi padre, sorprendido me dijo: "Anda, a mí me contó que no venías porque siempre estaba la casa desordenada y te hacía pasta para comer".

Sinceramente no sé qué es lo que pasa por la mente de mi madre. Ayer intenté enterarme un poco de cuál fue su reacción al enterarse de mi historia. Hablé por whatsapp con mi hermana porque mi padre no iba a conectarse más y me dijo que no había estado delante en el momento de la charla, pero que al parecer se había puesto bastante cabezota diciéndole a mi padre que eso no tenía nada que ver con que bajara más o menos a menudo a casa. Por suerte me dijo que al hablar con ella se había puesto un poco más sensata y había cedido a cambiar su actitud con la comida.

No, no lo sé. A veces pienso que simplemente le gusta hacerse la tonta. En fin, es una persona con estudios universitarios, miembro de un partido político, completamente al día de toda la prensa española, con ideales muy claros, e inversora en pequeña medida. No sé por qué en casa parece que sus neuronas no son capaces de conectar unas con otras. Da igual las veces que haya intentado explicarle los problemas que tengo con ella y lo que siento hacia su persona, ella siempre va a inventar su versión de los hechos en la que la culpa de todo la tiene mi padre. Él ya lo ve hasta divertido. Supongo que no se da cuenta de que cada vez menos gente la toma en serio. Hay personas que por muchos estudios que tengan no son capaces de llevar relaciones personales. Tener un hijo no te convierte en buena madre por arte de magia. Igual vuelvo a casa por vacaciones y me equivoco y me trago mis palabras. Pero después de casi veinte años intentando razonar con el egocentrismo personalizado, dudo mucho que algo así sucediera.

domingo, 30 de marzo de 2014

Día 6. Una decisión importante

Pues ya ha llegado el fin de semana y no ha sido tan fatídico como pensábamos todos. La regla me acompaña pero de momento no me está causando muchas molestias. El viernes fui a comer a casa de mi novio y me he quedado allí con él hasta esta tarde. Fuimos a correr por el río. En principio iba a ser media hora, pero como él había estado jugando dos horas de fútbol el día anterior y no tiene costumbre de salir a hacer ejercicio, a los 15 le dio un pequeño tirón, por lo que paramos y seguimos andando. Al final entre llegar al punto de inicio, ir a hacer la compra y volver a su casa cargados con las bolsas estuvimos dos horas dando vueltas por la ciudad, así que no acabé descontenta.

Ayer teníamos pensado volver a salir un rato pero el tiempo este fin de semana no ha acompañado mucho, y los dos teníamos trabajo que hacer. Comí bien, pero sin embargo me empezó a dar un dolor muy fuerte en el estómago al despertarnos de la siesta. Me suelen dar bastantes dolores de barriga. Me paso la vida bebiendo manzanillas y acurrucada para calmar la molestia. Supongo que tendría que pedir cita con algún médico. No tiene que ser normal que cada vez que coma me den molestias en el vientre.

El único día un poco crítico ha sido hoy. Se ha pasado el día lloviendo. Mañana tengo examen, como cada lunes, y la regla está en su máximo esplendor. He comido un par de pechuguitas de pollo, y cuando he salido de casa de mi novio, después de haber merendado un vaso de leche con tortitas de avena y haber esperado a que amainara un poco, no podía dejar de pensar en una re-merienda dulce. De momento llevaba bien las calorías, pero como he comprado un helado y unos pocos donettes, he pasado el límite de pleno. Se podría decir que ha sido la cena, porque ya no me voy a preparar nada más de comer. Me he planteado si considerarlo como atracón y empezar de nuevo mañana, o si contarlo como aceptable y tachar el primer elemento de la lista (comprar algo de Mr Wonderful). El caso es que no he sentido deseos de vomitar, ni hinchazón en la barriga. Sé que ha estado mal pero es como si mi cabeza me lo hubiera permitido después de tantos días haciéndolo bien. De todas formas aún me queda mañana para terminar los 7 días, así que ya lo pensaré. Lo que pensaba comprar era un vaso de café con tapa de goma para llevar por la calle con uno de sus mensajes súper positivos, pero mi novio me ha dicho que me lo quiere regalar él, así que voy a cambiar el primer elemento por imprimir fotos. He encontrado una aplicación súper chula que se llama "Paper Love" que te envía el encargo a casa en una cajita personalizada. Me encanta tener la habitación y mis cosas empapeladas de fotos.

En fin, la decisión importante no es si considerar esta semana como buena o si no. Lo que me estoy planteando es si contarle mi problema a mis padres. A ver, yo llevaba 22 días sin vomitar aquí en Valencia y fue justo cuando bajé a mi ciudad cuando tuve que empezar la cuenta de cero. Llegué y volví a encontrar chocolate, bizcohos, magdalenas, galletas, cereales, horchata, batidos de chocolate y un largo etcétera. Los primeros días intenté controlarme pero al final acabé cayendo. Y eso que sólo fueron cinco días. Ahora llega Semana Santa y voy a tener que estar allí el doble de tiempo. La única persona que lo sabe es mi hermana, pero desde hace apenas un mes. Ella me ha demostrado que puedo contar con su apoyo. Me acompañó a correr durante esos días, me esperaba para desayunar juntas, se quedaba en la cocina hasta que decidiera mi postre,... pero ella también tiene cosas que hacer fuera de casa. Y en el momento en el que mis padres se fueron a dar una vuelta y ella salió con unas amigas, lo hice. Hoy se lo he contado, porque en su momento no quise alarmarla y me ha respondido por whatsapp:

"Creo que sería conveniente que los papás lo supieran. Está claro que papá te comprendería y vería de ayudarte. Lo digo también por mamá, porque ella necesita ver algo radical para dejar de comprar todo lo que compra. No vale que le digamos que no lo queremos porque al poco tiempo vuelve a comprar porque no sabe que ocurre algo verdaderamente grave. Si supiera que sientes ansiedad por la comida creo que tus visitas a casa serían mejor. Piensa en Semana Santa. ¿No sería más fácil si ellos lo supieran? De lo contrario creo que podrías recaer. Y no quiero que eso pase. Hay que hacer entender a mamá que te tiene que dejar decidir tus comidas. Que es mejor que empieces comiendo lo que sea, aunque sea menos de lo que a ella le gustaría, o menos de la cantidad recomendada, pero que empieces a comer sin vomitar y te vayas creando hábitos. Hoy ha vuelto a comprar una fogaseta, chocolate, horchata y batido por un tubo. Si no le cuentas nada te seguirá insistiendo en que comas y comas y comas. Piénsatelo vale. Yo creo que sería lo mejor."

Y sólo tiene 16 años por cierto. Y cada día me sorprende más. No sé... Siempre he sido su referente. Me tiene prácticamente en un pedestal. Me duele hacerle esto. Así que creo que se lo diré a mis padres, porque no le falta razón en ni una sola palabra. Se lo diré a mi padre por Skype que es como solemos hablar cuando estoy en Valencia, ya que en persona la voz no me va a salir. Me da un poco de miedo cómo me vayan a tratar cuando vuelvan a verme, pero ya me da igual. Peor que ahora las cosas no van a ir.

Ya os contaré qué tal ha ido la conversación. Creo que es lo que tendría que haber hecho hace tiempo. Simplemente, no encontré el momento, ni la fuerza. Un beso y feliz domingo lluvioso.

sábado, 29 de marzo de 2014

Ideas de menús saludables

Como ya dije en alguna entrada anterior, muchas veces cuando voy a organizar el menú del día siguiente pienso: ay... ¿Otra vez esto? Y la monotonía y el no tener ideas en la mente saludables es lo que hace que acabemos decantándonos por la opción más fácil que siempre apetece y nos demos un pequeño atracón. Así que he decidido crear una lista con 10 desayunos/comidas/cenas/snacks. La notaréis falta de verduras, y es que no me gustan nada. Es una lástima... Me gustaría poder cenar una crema de verduras o espinacas de vez en cuando, que sé que es sanísimo y si te gusta... mejor que mejor, pero es que no puedo con ellas. Tampoco puedo con el queso, y por eso no aparece en ninguna de las ideas, pero sentíos libres de poder comerlo con las tostadas o en los sándwiches sin problema. Según tengo entendido venden algunas marcas bajas en grasa.

10 DESAYUNOS:
1) Vaso de leche desnatada con sándwich de pavo, tomate y lechuga (yo el sándwich lo hago con pan de centeno que es más completo y sacia más)
2) Yogur desnatado con tortitas de maíz y miel
3) Zumo de naranja con dos tostadas catalanas (con atún o jamón serrano)
4) Bol de cereales integrales (avena, muesli, all bran) y leche o yogur desnatado
5) Tortitas de avena y zumo de naranja
6) Yogur desnatado con una galleta o bizcocho all bran
7) Bizcocho casero y leche desnatada (ya colgaré alguna receta de bizcocho diet)
8) Yogur desnatado y sándwich de tortilla
9) Yogur desnatado y macedonia de frutas con un puñado de almendras
10) Dos magdalenas integrales con leche

10 COMIDAS:
1) Ensalada de cuscús
2) Sopa de pollo
3) Filetes de pavo a la plancha con ensalada
4) Espaguetis integrales con salsa de tomate
5) Merluza a la plancha con salsa de tomate
6) Fajitas de pollo
7) Lentejas/garbanzos/alubias con caldo
8) Arroz hervido con tortilla y tomate o curry
9) Pollo asado con patatas
10) Pizza fitness (colgaré receta)

10 CENAS:
1) Sándwich de jamón con tomate y lechuga
2) Una porción de tortilla de patatas
3) Ensalada de gambas
4) Hamburguesa a la plancha con ensalada
5) Merluza o pechuga a la plancha
6) Ensalada de pasta
7) Atún con tomate en masa filo (la hago con forma de empanada)
8) Tostadas catalanas con jamón serrano
9) Caldo de pollo
10) Lomo al horno con patatas asadas

10 SNACKS:
1) Galleta integral (yo compro las de all bran)
2) Fruta
3) Yogur con cereales (avena, muesli)
4) Bizcocho integral
5) Tortitas de avena
6) Barritas de cereales
7) Tostadas con pavo y tomate
8) Tortitas de maíz y miel
9) Empanadilla de atún (buscaré alguna receta casera)
10) Un puñado de frutos secos con yogur

Estas son sólo algunas ideas base. Espero que os sirvan de ayuda para crear las que más os gusten a vosotros. Mucho ánimo con el fin de semana. Un beso.

viernes, 28 de marzo de 2014

Día 4. Entrenamientos

Tres días más y habré conseguido mi primera semana sin atracones ni vómitos. En realidad ayer fue un día un poco delicado. Me salté la dieta, pero dentro de los límites que podría considerar admisibles. La mañana fue bien. Me desperté en casa de mi novio y desayunamos juntos. Él tenía clase a las 9 y yo hasta las 11 no entraba a la universidad así que me volví a mi casa con tiempo de sobra. Tenía pensado almorzar dos tortitas de maíz y al final fueron cuatro (aceptable). Después de la práctica volví a casa a comer, y pasé por el típico sitio donde venden raciones ya preparadas. Ahí tampoco me salí de la dieta. Ya lo tenía pensado. Me pediría una de arroz con pollo y curry que le había visto a mi compañero y me había recomendado. Era de un tamaño bastante considerable y sólo fui capaz de terminarme la mitad, así que lo que quedaba lo guardé en un tupper para que mi novio lo cenara por la noche cuando viniera a verme. De postre pensaba coger una galleta de all bran y al final las cantidades se me fueron un poco de las manos. Pero tampoco lo consideré demasiado, sobre todo porque la dieta base que había pensado era un tanto hipocalórica, como lo estaban siendo la de los tres días anteriores, y mi cuerpo empezaba a notarse algo fatigado. Y como siempre digo yo, lo primero es escucharnos a nosotros mismos, y si a nuestro cerebro le falta azúcar y nos la pide, pues mejor será dársela cuanto antes.

 El caso es que mi novio iba a venir a las 19:00, después de haber jugado un partido de fútbol con su primo y amigos, por lo que yo pensé en salir a correr a las 17:30 para así volver con tiempo de sobra. La tarde se me pasó lenta. Estuve en el ordenador mirando cosas y en un principio no noté hambre, pero conforme se iba acercando el momento de cambiarme de ropa, más me apetecía buscar algo en la despensa. Podría haber cogido mis zapatillas y haber salido por la puerta sin necesidad de comer nada más. Y eso es lo que me da rabia, que no lo hice. Podría haber aguantado y acabé haciéndome un vaso de leche con cereales varios y un sándwich con crema de nesquick improvisada. No le di demasiada importancia porque iba a salir a correr, y llevaba haciendo deporte todos los días se la semana, pero aún así sabía que estaba mal. Cuando pensaba bajar a la calle, mi novio me dijo en un whatsapp que estaba a punto de llegar a mi piso. Resulta que su primo se había hecho un esguince y el partido acabó antes de lo previsto. Y claro, no iba a dejarlo solo sin nada que hacer para que yo pudiera correr un rato... Le dije que si me prometía que saldríamos al día siguiente (hoy), ya que su casa está al lado del río y la ladera es el mejor sitio que hay para hacer deporte. Me dijo que sí, y ya no comí más en lo que quedaba de tarde. Y es que tampoco tenía hambre... Bastante había comido ya. 

Y bueno, a pesar de estar con la regla a la vuelta de la esquina y el desliz de ayer, esta mañana me he subido a la báscula sin miedo de lo que pudiera pasar (ya dije que el peso no me obsesionaba), y me he encontrado con 48,5 Kg. ¡Muuuuuuy bien! No fue para tanto al fin y al cabo. Otra noticia buena es que estoy empezando a ir al baño más que antes. Como para no... si sólo me alimento de all bran jaja. Y bueno, el día de hoy está yendo bastante bien. He desayunado all bran con leche (qué raro), he acabado la universidad a las 12:30 y me he venido directa al piso de mi novio para comer con él y no acabar haciendo tonterías, y hemos cocinado merluzas. Esta tarde saldremos a correr y para cenar pues.. ya veré si le pido una tortilla o algunas tostadas. Como me paso el fin de semana con él no podré pesarme. Ya informaré el lunes de cómo voy, y en pasarme la regla llegarán nuevas fotos. 

Y ahora una preguntita que quería comentaros... Es que se acerca el buen tiempo, y aunque en el gimnasio soy bastante más eficiente que al aire libre, los fines de semana lo cierran (es el de la universidad). Pero aún así me gustaría empezar a salir más a correr por el río. Que siempre lo digo y nunca lo hago. Y me gustaría llevar un poco la cuenta de las calorías que consumo, la grasa que quemo, mi frecuencia cardíaca, etc. Sé que venden relojes baratos en Decathlon pero también sé que venden modelos más caros de tomtom o Garmin. El caso es que cuando compro algo, ya que me gasto el dinero, me gusta que sea bueno. Si los baratitos de  Decathlon me van a hacer el apaño, mejor que mejor. Pero si en los de Polar, Garmin o tomtom verdaderamente se nota la diferencia, no me importa pagar más dinero. Os comento mis preferencias y los que he mirado.

En principio con saber lo que quemo cuando salgo a correr y tal soy feliz. No sólo al aire libre, ya que lo tengo también en interiores. Lo que pasa es que a la larga igual también me interesa saber distancias o velocidad... Y de vez en cuando salgo a la montaña a hacer senderismo, por lo que el tema de la distancia tampoco estaría mal. Además, este verano voy a hacer el Camino de Santiago, y me gustaría llevarlo para ver qué voy haciendo cada día. Total, que en principio el tema distancia o GPS es un poco secundario, pero... qué opinais? ¿mejor que la incluya el reloj o que no?

Modelos:
Polar (no necesariamente ese modelo)

Esto es por si alguno tiene o los ha probado o entiende un poco del tema...

Os leo :)

miércoles, 26 de marzo de 2014

Día 2. Tortitas de avena

Sigo contenta con el inicio del proyecto. Como dije ayer, hoy he ido a la sala de musculación del gimnasio y he comido bastante sano. Por si queréis saber la dieta de hoy, ha sido esta:

D: Yogur con avena
M: Dos tortitas de maíz con chocolate
A: Hamburguesa de pavo en pan thins
M: Una galleta de all bran (pre gimnasio) y una manzana (post gimnasio)
C: Un filete de merluza a la plancha con dos tostaditas de pan.

Hoy he vuelto a cenar sin hambre, pero me he obligado a hacerlo para coger la costumbre. No sé si es el deporte lo que me cierra el estómago, la compañía, o el estar ocupada en general. Y supongo que es esto último, ya que después de volver del gimnasio y ducharme, me he venido a casa de mi novio, por lo que mañana no me podré pesar en ayunas. Sin embargo, sí lo he hecho hoy. Con el pijama puesto pesaba 49,0 Kg y cuando he salido de la ducha después de haber hecho musculación, pesaba 48,5 Kg completamente desnuda. A veces me pregunto si a mi báscula se le va la pinza o si a mi cuerpo le da por hincharse y deshincharse a su antojo. De momento en un par de días me baja la regla.

De todas formas, el peso no es algo que me obsesione a mí. Todos tenemos alguna fijación, por lo que he ido leyendo, y la mía es la flacidez. A mí me da igual pesar 60 Kg si en el espejo me voy a ver delgada y firme. No me gusta sentarme y poder pellizcarme mollas. Con ropa yo me veo bien, pero sé que no tengo la piel tersa, y es lo que intento yendo al gimnasio, porque con dietas eso no se consigue. De todas formas tampoco es una obsesión, porque al fin y al cabo, esa barriguita que tanto me disgusta es la que quiere que mantenga mi novio. Cuando en algún momento se me han marcado un poco más los abdominales o ha dejado de poder pellizcarme, se ha enfadado y me ha pedido que no adelgace más. Que aún así yo he seguido yendo al gimnasio, pero que supongo que no es motivo de obsesión ni mucho menos.

Y nada, este fin de semana lo voy a pasar en su casa. Y aprovechando que él sí tiene batidora en su piso le he pedido que hagamos tortitas de avena para desayunar/merendar durante esos días. Aquí os dejo la receta. Están muy ricas y son saciantes. Tienen mucha fibra e hidratos de carbono de bajo IG. ¿Qué más se puede pedir?


Ingredientes:

- 2 claras de huevo
- Un chorrito de leche desnatada
- 40 gr de salvado de avena
- Azúcar o edulcorante
- Un poco de canela o cola cao (lo que queráis ponerle por encima para endulzarlas)

Preparación:

Echar todos los ingredientes menos lo que queramos añadir al final por encima en el bote de la batidora. 
Triturar todos los copos y mezclar con los ingredientes (se encarga la batidora sola jaja).
Debe quedar una mezcla homogénea y más espesa que líquida, pero sin pasarse.
Se calienta una sartén antiadherente con una gotita de aceite a fuego medio. Se cubre la superficie con la mezcla y se mantiene uno dos minutos por cada lado.
Y ya tenemos unas tortitas listas para comer.

Esta es la receta básica. Hay quienes innovan añadiento a la mezcla plátano y quitando la canela o el endulzante que escojáis. Podéis hacerlas como queráis. Van a salir riquísimas y son súper sanas.

Espero que os vaya todo genial. Muchas gracias por los comentarios de ánimo tras la recaída. Voy a esforzarme mucho más en esta segunda vez, sobre todo evitando los atracones, y no sólo los vómitos. Según mi lista de la izquierda del blog en pasar una semana COMIENDO bien podré permitirme algún capricho de la tienda de Mr. Wonderful. Pasad un buen jueves :) un abrazo.



martes, 25 de marzo de 2014

Día 1. Mantenerse entretenida

La semana no está empezando nada mal. Tengo intenciones de hacer más ejercicio que antes. De momento tanto ayer como hoy fui a clase de spinning y he rematado haciendo algo de glúteos y abdominales después. Mañana, para no cansarme y acabar aborreciendo la bici, voy a pasar por la sala de musculación para hacer unos 15 min de elíptica primero, y sentadillas, abdominales y pesas durante los 45 restantes.

La dieta tampoco ha ido nada mal. Mis intakes de hoy han sido:
D: Dos tostaditas con pavo y tomate + rodaja de piña + yogur 0%
M: Pera
A: sándwich de atún y dos tortitas de maíz y chocolate
M: galleta all bran choco
C: ensalada de gambas

Sé que la comida del mediodía no ha sido precisamente abundante, pero es que los días que estoy 100% ocupada no tengo tiempo ni ganas de comer mucho. Llevo de 8 a 3 con clases en la universidad, y luego he ido con una amiga a la biblioteca hasta que se ha hecho la hora de ir a spinning. Y por la noche, casi he cenado por obligación (aunque la ensalada ha estado deliciosa), porque no tenía demasiada hambre. Sin embargo, de haber sido un día como ayer, sin absolutamente nada que hacer, habría pasado algo como lo que ocurrió... Atracón, vómitos, y cuenta de cero.

Así que para evitar más episodios así, hoy os traigo mi lista de actividades para momentos de aburrimiento.

Para empezar, en momentos en los que parece que lo único que podemos hacer para entretenernos es comer, debemos recordar que siempre estamos acompañadas de buenos libros que leer. Yo, a parte de literatura, también escojo libros de fotografía (uno de mis hobbies), o de divulgación científica.

También, de vez en cuando, me gusta hacer manualidades. Sobre todo, ahora que viene el buen tiempo, me gusta hacer pulseras coloridas que luego llenarán mis muñecas durante todo el verano.

Otra forma muy buena de ocupar ese tiempo muerto es hacer ejercicio. No sólo se puede salir a correr, también se pueden dar paseos. Y si no os apetece andar sin rumbo, podéis ir andando hasta el centro de la ciudad y mirar tiendas de ropa, o algo que os interese. Yo por ejemplo, aprovechando que me gusta la fotografía, a veces he salido con la cámara a ver qué me encuentro por el camino. No sólo quemo calorías sino que igual vuelvo a casa con una foto que valga la pena.

Si sois estudiantes, sacar los apuntes y empezar a repasar la lección nunca es una mala opción. Mantendréis la mente ocupada y os servirá para entender mejor las clases.

El ordenador también es un buen aliado. Podéis poner alguna película o serie, mirar las redes sociales, poner música o buscar canciones nuevas para el iPod.

Y por último, algo que tampoco viene nada mal y que también os ayuda a quemar calorías es ordenar vuestra casa o hacer tareas domésticas. A mí por lo menos, con lo desordenado que tengo siempre mi cuarto, es algo que me llevaría un tiempo considerable.

Esta mañana pesaba 49,3 Kg y algo me dice que mañana veré el 48. Y esta semana, como todas las primeras semanas estoy bastante motivada. Voy a intentar mantenerme ocupada la mayor parte del tiempo y pasar el resto con mi novio, que siempre me ayuda a respetar la dieta. Por cierto, me he creado una cuenta en myfitnesspal, y mi nombre es pennylane304, por si os apetece seguirme, que yo os seguiré encantada. Espero que a vosotras la semana os esté yendo perfecta. Un beso a todas :)

lunes, 24 de marzo de 2014

Ensalada con gambas

Y aquí llega la primera receta. Porque muchos días que intento comer sano, me preparo una ensalada. Pero no suele llevar más que lo típico: lechuga, tomate y atún. Porque si le empiezas a echar pollo, nueces, aguacate, queso, y todas las cosas que se le ponen ahora, acaba siendo de todo menos una ensalada.

El caso es que a mí las gambas siempre me han gustado, pero tan sólo las he comido en las cenas de Navidad, porque es uno de los alimentos que no se suelen comprar en un piso de estudiantes. Pero en la próxima compra que haga me pasaré por el pasillo de los congelados y compraré una bandeja de gambas pequeñas para preparar esta ensalada:


Ingredientes:

50 gr de lechuga de varios tipos
1 tomate
20 gr de zanahoria
20 gr de cebolla
5 gambas cocidas peladas
Aceite de oliva
Vinagre de módena
Sal

No creo necesario escribir la preparación. La foto no se corresponde al 100% con la receta, pero sirve para hacerse una idea. Y así de fácil y sencillo podemos hacer una ensalada con menos de 200 Kcal.

Día 0. Renovando el blog

Lo que ya sabía yo que pasaría cuando empezara la cuenta de nuevo, es que no sería tanto sacrificio volver a vomitar. Perder 22 días de proyecto es duro, pero perder dos... Totalmente superable. Así que he vuelto a Valencia, y hoy no tenía clase. Y juntas no tener nada que hacer, con galletas en la despensa, y aparece como resultado atracón más vómito. Y casi me quedo con todo dentro, porque ya sabía yo que las galletas son de las más difíciles de expulsar. Pero mi cabeza no atendía a razones. Me ha hecho ir a por ellas, acabarlas y luego, tras mucho hurgar por mi garganta, he conseguido que salga algo. Supongo que no habrá salido todo, porque de verdad que cuesta una barbaridad, pero buena parte sí.

Y como me resulta aburrido volver a hacer las cosas como en la primera tanda (otra vez la primera semana, la primera quincena,... un poco visto ya), me apetece cambiar un poco el aspecto del blog. Voy a crear nuevas pestañas en las que voy a colgar recetas, actividades, y ya se me irán ocurriendo más cosas. Aunque la base va a seguir siendo la misma. Me guste o no, he caído, y me toca volver a empezar con el día número 1.

Lo de las recetas me va a gustar mucho porque uno de los problemas que veo yo a mi plan de salir de la bulimia es que mi vida de estudiante no me deja experimentar mucho con los alimentos. Me paso los días a base de hamburguesas de pavo, merluza, y pasta integral. Y los desayunos y las meriendas entre tostaditas, tortitas y leche con cereales. En fin, que resulta monótono, y así normal que de vez en cuando, cansada de tanta tostada con pavo y tanta tortita de maíz, me apetezca darme un atracón. Por eso voy a buscar recetas sanas y que no me cuesten mucho de hacer para probar cosas nuevas que me estimulen y me mantengan más tiempo ocupada en la cocina.

Lo de las actividades aún no lo tengo muy claro. Pero lo que sí es obvio es que necesito tener la mayor parte del tiempo ocupado, ya sea con estudios, hobbies, o gente. Por ese motivo voy a planificar mis días, y los huecos que queden libres voy a hacer algún tipo de actividad. Y he pensado describirlas en una pestaña a parte donde podáis coger ideas.

Y por último decir que es una lástima que el día de hoy se haya torcido ya tan pronto. Encima es lunes, que es el mejor día para empezar las rutinas. Pero claro, un lunes sin clase para mí tiene cuerpo de domingo. Y sobre todo digo lo de la lástima porque ayer fue un día 1 muy bueno. La salida a la montaña estuvo muy chula. Fuimos mi novio y yo, y otra pareja de amigos. La chica de la otra pareja tiene muy poca resistencia, y pensaba que con ella sólo andaríamos una horita por alguna senda bien señalizada y que a penas nos cansaríamos. Sin embargo, como acabamos perdiéndonos, la ruta se alargó a tres horas en las que tuvimos que escalar algunos tramos entre rocas para deshacernos de un camino que aparentemente nunca nos llevaría de vuelta al coche. Y entre subidas y bajadas campo a través se nos hizo la hora de comer, y cogimos los bocadillos con ganas y la conciencia muy tranquila. Y algo de dolor de gemelos también. La verdad es que me encanta salir al campo. Es una forma muy divertida de hacer ejercicio muy completo. A ver si cogemos la costumbre y nos vamos a descubrir rutas más a menudo.

Muchas gracias a todas por leerme y comentarme. Y sobre todo a aquellas que me pedís que no deje de escribir nunca el blog. Me dais mucha fuerza para seguir con él, y hacéis que me motive mucho más. Os leo :)

sábado, 22 de marzo de 2014

Día 0. Y nada más que decir...

Esta mañana escribía contenta y orgullosa que era mi día 22, y ahora se ha convertido en mi día 0. Ya había avisado que me notaba muy hinchada y que no lo había estado haciendo bien estos días... Cuando mis padres se han ido de casa y me he quedado completamente sola, lo he hecho. Simplemente quería vaciarme. No quería esa sensación de pesadez dentro de mí. He sacado varias magdalenas con horchata para poder provocar el vómito más fácilmente, he ido al baño, y ha ocurrido. Así, sin más. Sin lamentos, sin llantos y sin culpabilidad. Lo único que me avergonzaba era pensar que me iba a tocar escribir esta entrada en el blog. Y ya lo estoy haciendo, y no es para tanto.

Y por eso tengo miedo. Parece que algo dentro de mí no quiera realmente salir de la bulimia. Tengo más que demostrado que no soy capaz de vivir sin comer dulces, y como tampoco quiero engordar, parece que sólo exista esta solución. Es tan fácil... Comer todo lo que quiera y devolverlo. 

Pero he de pensar en todos los momentos de la otra cara de la moneda. Todos los momentos en los que por más que intentaba desgarrar mi garganta no conseguía expulsar otra cosa que saliva. Las tardes llorando en mi cama sintiéndome presa de mi propia mente. Los dolores de lengua, de garganta y de cabeza. Mi reflejo frente al espejo después de vomitar, todo rojo y lloroso, y lleno de comida envuelta en babas.

Y ni por esas consigo sentirme culpable por lo que he hecho hoy. Porque la sensación de haber eliminado comida de mi cuerpo supera a la de estar haciendo las cosas mal. Así que volveré al psicólogo. Pero a uno bueno que intente conseguir resultados, que proponga planes y objetivos, que me cree un plan de actuación, y no se dedique a charlar de mi vida como hago con mis amigas mientras tomamos café. Y lo voy a hacer porque no me veo capaz de conseguirlo sola. Y es lo peor que podría pasarme. No he sido capaz de decirle no a la comida. Y mientras no lo consiga, no dejaré de vomitar, porque seguiré sintiéndome hinchada. Y ¿por qué es tan difícil? Por qué no puedo desayunar como la gente normal y quedarme tranquila. Por qué necesito comer dulce después de haber terminado mi plato al mediodía, y por qué no puedo conformarme con la cantidad con la que lo hace mi hermana o mi padre... 

Me da rabia haber llegado a este punto. Un año y medio ha pasado ya. No se lo deseo ni al peor de mis enemigos, de verdad... Y si alguien está leyendo esto y está pensando que él/ella sí será capaz de controlarse, sólo puedo deciros que eso mismo pensaba yo, con la misma o más seguridad que lo podeís estar diciendo vosotros. 

Día cero señores. Día 100: 30 de junio

Día 22. Alimentos contra el estreñimiento

Han pasado 22 días sin devolver. Sí, lo de los vómitos lo llevo bien, pero lo de comer adecuadamente... Soy incapaz. Es venir a mi casa y dejar Valencia, y entre quedar a tomar algo, salir al cine, o estar en casa simplemente disfrutando de no hacer nada, empiezo a comer de todo. Y antes tenía la opción de expulsarlo todo por la boca. Cuando me he sentido hinchada lo he vuelto a pensar: y lo fácil que sería ir al baño y quitarme todo esto de encima... Pero claro, eso es lo fácil como bien he dicho. Y para poder salir de esto, hay que tomar el camino difícil.

Así que como decía, estos días me siento hinchada. He vuelto a los 49 Kg, pero no me alarmo porque suelo fluctuar mi peso muy a menudo debido a que tengo el peor tránsito intestinal que podáis imaginar. Llevo bastantes meses sin poder ir al aseo como lo hacía antes. Algunas semanas consigo ir mejor, y otras, como están siendo las últimas que he pasado, me es del todo imposible. Y claro, la ecuación es sencilla, meto cosas en mi cuerpo y no salen por ningún lado, sólo puedo subir de peso.

Se lo he contado a mi padre, y hemos empezado a buscar remedios. Y lo que hemos encontrado en distintas páginas visitadas es lo siguiente (por si a alguna le interesa):


  • Semillas insolubles: Nosotros hemos comprado semillas de lino. Por la noche dejamos una cucharada de ellas en remojo y a la mañana siguiente me bebo el agua junto a las semillas sin masticarlas. También se pueden tomar acompañando ensaladas, tostadas, tortitas, etc.
  • Ciruelas: Siguiendo con alimentos en remojo, hemos comprado ciruelas secas (como las uvas pasas pero en ciruelas) y también las dejamos toda la noche en remojo para que eliminen los azúcares. Y por la mañana, las tomo para desayunar. 
  • Naranja: Contiene 8gr de fibra por cada 100. Se puede beber en zumo, pero siempre manteniendo la pulpa.
  • Aloe vera: Este no lo he llegado a probar. Pero según he leído es muy efectivo. Se trata de partir una de las hojas de la planta de aloe vera, sacar su gelatina y comer dos cucharadas de ella.
  • Legumbres, avena, cereales integrales,...
  • Prebióticos y probióticos: como los yogures o cualquier leche fermentada. Me estoy planteando tomar los Activia.
  • Frutos secos: Aunque ya sabéis, no hay que tomarlos en exceso ya que son altamente calóricos.

De todas formas, ayer pasé por una farmacia, porque me sentía como un auténtico globo y le conté el problema a la encargada. Me recomendó un complemento alimenticio que voy a empezar a tomar con las comidas que tiene efecto laxante, pero no para momentos puntuales, sino para regular el tránsito a largo plazo. Además, incluía una guía con recetas y dietas hipocalóricas que ya iré compartiendo con vosotras más adelante. 

Lo último que quería contar, es que a pesar de que parte de la subida de peso se deba a mi intestino, no voy a achacarle a él toda la culpa. Como ya he dicho, en estos 22 días he sido incapaz de comer en condiciones. He acabado dándome algún que otro mini atracón y abusando de los dulces, por lo que creo que he de buscar alguna motivación para conseguir aguantar el máximo tiempo posible a base de dietas sanas. Se me ha ocurrido crear una lista de cosas que quiero hacer en un futuro cercano y ponerme metas de una semana. Cuando consiga pasar 7 días comiendo adecuadamente, haré la primera cosa de la lista, a los 14, la segunda, y así consecutivamente. En la próxima entrada os contaré las metas que haya pensado. 

Y nada, mañana os comento qué tal la salida a la montaña. Hoy he estado corriendo algo más de media hora por fuera de mi casa, para salir un poco de la rutina del gimnasio (entre otras cosas porque no estoy en Valencia y aquí no me queda otra). Ha sido agradable. Luego he hecho algunas sentadillas, glúteos y abdominales. Me he sentido bien sin perder mucho tiempo, así que he pensado en hacerlo también en Valencia los días que no voy al gimnasio. Espero que a vosotras os esté yendo mucho mejor que a mí. Un beso a todas :)

jueves, 20 de marzo de 2014

Día 20. Sobre mi familia

Ayer fue el día del padre. No hace falta que hable demasiado de cómo fue la comida familiar. No sólo tuvimos celebración de San José, también era el cumpleaños de mi tía, por lo que comimos tanto coca, y empanadillas como tarta y chocolates. Pero un día es un día, y todos sabemos cómo son las celebraciones. El resto de la semana la pienso pasar bebiendo mucha agua, haciendo mucho ejercicio (el domingo me voy a la montaña :D) y comiendo suave. Y de momento lo estoy consiguiendo. Ya van 20 días de proyecto. En pasar diez más cumplo mi primer mes y vuelven las pesadas y las fotos. Espero que todo siga yendo bien.

Hoy he decidido hablaros de mi familia. Y es que muchas veces me he preguntado si la mala relación que tengo con mi madre ha podido influir en alguna medida en mi problema con la comida. No penséis que nos llevamos a palos ni nada por el estilo, simplemente es una relación extraña.

Mi madre es una persona bastante poco racional, que en vez de intentar hablar las cosas para solucionar los problemas, prefiere soltar un par de gritos y creer que así se llevará la razón al final. Desde pequeña he crecido con las quejas de mi madre metidas en la cabeza. Siempre lo prohibía todo. Cualquier cosa que preguntara, la respuesta iba a ser "no".

En mi casa siempre hemos sido cuatro, y siempre he pensado que quién verdaderamente me ha guiado en la vida ha sido mi padre. Desde bien pequeña me enseñaba historias, intentaba que me apasionara la lectura tanto como a él, planeaba viajes, nos llevaba a mi hermana y a mí al campo, nos explicaba los deberes siempre que no los entendíamos, y puedo enumerar mil momentos más. Con mi madre no puedo recordar ninguno. Sé que estuvo ahí, pero no puedo decir "mi madre me enseñó esto".

La verdad es que en el fondo no tengo queja de mi peso actual. Cuando tenía 10 o 12 años era una chica con sobrepeso. Sin ningún tipo de trauma ni insultos en el colegio ni nada del estilo. Simplemente pesaba más de lo que debía. Quería cambiarlo, pero por verme bien conmigo misma, no porque me sintiese ofendida por los demás. Por supuesto, en todo momento tuve el apoyo de mi padre: salíamos a correr juntos tres veces por semana, empezó a sustituir mis sándwiches en el almuerzo por fruta, compraba leche desnatada, y seguíamos saliendo a la montaña. Mi madre sin embargo, no hizo nada.

Llegó la adolescencia, y con ella el "estirón". Adelgacé bastante sin ningún esfuerzo, sólo por el hecho de que mi cuerpo se estiraba y la grasa se repartía por más espacio. Con esa motivación encima, cuando empecé 1º de bachiller, decidí tomarme más en serio lo de perder peso. Y seguí contando con el apoyo de mi padre, como siempre. Y la pérdida de peso se fue notando rápidamente. Mi padre se alegraba, pero mi madre en cuanto vio que la ropa empezaba a quedarme grande, empezó a intentar que no adelgazase más. Cada segundo del día que pasaba con ella cerca era para escuchar frases del tipo: no adelgaces más que te vas a quedar en los huesos, quieres que te compre unas magdalenas con horchata, esos pantalones hay que volver a llenarlos, eh. Y por supuesto, no se daba cuenta de que con ellas no iba a conseguir nada más que alimentar mis ganas de adelgazar. No soportaba que gastando una simple y convencional talla 38 me hablara como si fuera a pasar la 32. Mi padre lo sabía, y muchas veces le decía a mi madre que dejara de molestarme, que yo era mayorcita para saber lo que hacía y que en absoluto era tan alarmante como ella lo pintaba.

Y así comenzó la eterna lucha: mi padre y mi hermana me entendían y me apoyaban, mientras que mi madre se pasaba el día persiguiéndome con comida, y proponiéndome ir a merendar juntas. Cada día lo soportaba menos. Si en algún momento me daba algo de hambre, el simple hecho de pensar que comer era lo que ella quería que hiciera me hacía aguantar sin ingerir nada todo el tiempo que hiciera falta. Cada vez adelgazaba más: llegué a tener falta de hierro y el pelo se me caía. Y fui yo la que se dio cuenta, la que pidió hacerse analíticas y la que consiguió ponerle fin a las deficiencias. Pero por lo visto ella nunca ha creído que tenga capacidad de saber lo que es bueno para mí. Y cuanto más peso perdía, más me sacaba más de quicio. Y es que como ya he dicho, no es una mujer racional. El verano pasado, cuando llegué a usar la 34 y a pesar 46 Kg mi padre también estaba bastante preocupado, pero en ningún momento intentó cebarme. Me preguntó si quería ir a un nutricionista a que me midiera y pesara y que me hiciera una dieta para no adelgazar más. Acepté y allí nos plantamos. Tenía el IMC un pelín bajo e intenté no perder más peso. Y de hecho lo he conseguido.

Y no sé, aunque sólo haya relacionado a mi madre con el tema de la comida, realmente llevo enfadada con ella mucho tiempo por temas totalmente distintos, no penséis que la mala relación se debe sólo a mi alimentación. También influye que no se pueda hablar con ella de la forma en la que se habla a un adulto, que no entienda mis opiniones, que se pase el día gritando y dando dolores de cabeza. Nunca he sido una chica llorona y las únicas veces que podía hacerlo era cuando mis padres se peleaban, siempre porque ella era incapaz de dar su pie a torcer, o cuando me sentía impotente porque no podía hacer nada para revelarme a mi madre.

Y ahora vivo en Valencia y soy mayor de edad. Hago prácticamente todo lo que quiero. Hace unos cuantos años que mi madre dejó de tener poder sobre mí. Pensaba que alejarme de ella y ser independiente sólo iba a aportarme cosas buenas, y he acabado vomitando la comida. Y no quiero buscar culpables, pero siento que mi madre me hizo cogerle bastante asco al acto de comer. Que gracias a eso dejé de hacerlo equilibradamente como siempre, y empecé a jugar con los alimentos, hasta llegar a este punto.

Hoy me apetecía hablar de esto. Y sé que he dejado mil aspectos en el tintero, por lo que igual en otra entrada comento algo más de mi familia. Pasad una buena semana y mil gracias por vuestros comentarios.

martes, 18 de marzo de 2014

Dia 18. Fallas superadas

Sobre las 15:20 he llegado a mi casa después de haber pasado tres semanas sin bajarme de Valencia, y los cuatro últimos días celebrando las fallas. Pensaba que subirme a la báscula iba a ser todo un desastre después de haber estado cenando fuera, bebiendo alcohol, y comiendo en los 100 montaditos. Sin embargo, los tres días que pude pesarme, me sorprendí con estos números:

- Día 15: 48.6 (como ya sabíais)
- Día 16: 48.2
- Día 18: 47.6 (hoy)

El día 17 no pude pesarme porque no estaba en casa. Las tres veces me subí a la báscula sin ropa, justo después de levantarme y antes de desayunar. No quiero ni imaginarme cómo cambiarán los números si me subo después de cenar.

Total, que pensaba que iba a engordar, ¡y he bajado un kilo! Supongo que por todo el descontrol de horarios, las noches enteras bailando, y las tardes paseando de un lado para otro. A ver si consigo no recuperar demasiado peso estos días acompañada de mis padres...

De momento muy muy bien no ha ido, porque en el autobús a penas he comido, y cuando he llegado a casa prácticamente he juntado la comida con la merienda, y emocionada por el kilo de menos, me he dado un poco de vía libre. Pero lo pienso compensar con ejercicio a tope en cuanto haga la digestión.

Mañana es el día del padre y el cumple de mi tía, así que toca comida familiar a lo grande, pero prometo controlarme, y sobre todo hacer ejercicio por la tarde.

Por último, deciros que estos días de fiesta decidí no ponerme a contar calorías porque sabía que no me iban a gustar las cifras y en la ignorancia se vive muy a gusto. He comido lo que me ha ido apeteciendo (al lado de mi novio, por lo que no ha habido descontroles) sin demasiadas preocupaciones. Y luego encima he adelgazado. Yo de normal, cuando me pongo a planear por las noches las comidas del día siguiente, pongo muchas restricciones. Dije que las haría de 1500 Kcal y a veces procuraba no llegar a las 1000. Y luego, si el día no acababa siendo demasiado ocupado, terminaba haciendo estragos con los dulces, y contando las calorías madeciéndome a mí misma. Por ese motivo, he decidido que lo que queda de marzo lo voy a pasar planificando las comidas del día siguiente como hasta ahora, pero sin contar las calorías. Después de tanto tiempo haciéndolo tengo una idea bastante acertada de qué alimentos tienen más y cuáles menos; además de los que son más sanos. De manera que voy a seguir eligiendo los platos con cabeza, pero sin intentar reducir las calorías al máximo. Con un poco de suerte al final del día consiga acabar con las 1500 Kcal que me propuse sin haber pasado hambre, sin sentimientos de culpa y sin darme atracones.

sábado, 15 de marzo de 2014

Día 15. Peso y fotos

Ya ha pasado medio mes. Quince días completos sin vomitar, con sus momentos de motivación y bienestar y los de malhumor y desánimo.

Esta mañana me he levantado con ganas de pesarme. En realidad no tenía demasiadas porque los últimos días no han sido realmente muy buenos, de hecho lo hice todo mal. Pero en el fondo veía que si lo iba aplazando no lo iba a hacer nunca. Y qué mejor que el día que cumplo medio mes para enfrentarme a la báscula.

El motivo por el que no lo había hecho antes es que en mi piso valenciano no tengo ninguna de ellas, y siempre he de bajar a la farmacia. Me gusta saber mi peso recién levantada, después de pasar por el aseo y antes de desayunar, pero normalmente a esas horas las farmacias están cerradas, y aunque estuvieran abiertas, tengo demasiado sueño y hambre como para bajar a la calle antes de desayunar.

He decidido ir a comparar una báscula para mi piso. Así que sobre las 10:30 de la mañana, ya desayunada y vestida he bajado a la calle, he pasado por una farmacia y me he puesto camino del Corte Inglés. El papelito que sale de la máquina indicaba de peso 49,500 Kg y de altura 1,61 metros. Me he ido a comprar un poco chafada porque no quería haber pasado los 49... Sin embargo, acabo de volver a casa con mi báscula nueva, la he probado con los deportivos que llevaba y marcaba 49,3 Kg (se pueden aceptar esos 200 gr de error). Pero luego la he probado sin deportivos, que era como de verdad debía pesarme, y marcaba 48,6 Kg, así que me he llevado una alegría.

Y como más que el peso, lo que me importa es mi imagen, también de decidido tomar un par de fotos para ir comparándolas cada medio mes que vaya cumpliendo.


En fin, que al final el día no está yendo mal. Y para seguir haciéndolo bien me iré a correr después de comer. Esta noche vuelve a tocar fiesta, pero prometo controlarme.

Gracias a todas por vuestros comentarios :) Mucho ánimo!

viernes, 14 de marzo de 2014

Día 14. Sobre la psicología

Los dos últimos días no estaba comiendo demasiado. El miércoles me pasé desayunando y luego estuve todo el día con la tripa llena sin ganas de comer más. Y fui a spinning. Ayer, sin embargo, sí fui cumpliendo las comidas que debía tomar según mi tabla. Aunque como ya sabéis, mi momento de debilidad es la merienda, por lo que pensaba cenar tan sólo un plátano. El plan se torció un poco cuando una amiga me dijo de salir esa noche. Yo llevaba todo el día sin demasiadas fuerzas así que, como acepté su propuesta, empecé a cenar en condiciones. Y estaba tan cansada, y me di tanta vía libre que volví a pasarme...

Se acercan fallas amigos. De hecho, ya han empezado. Por eso salí ayer. Y eso significa beber demasiado alcohol, comer, y pasar el día durmiendo sin hacer ejercicio. Van a ser un completo descontrol de la tabla y de todo. Además, mientras que a muchas personas el salir les da mucha hambre, a mí lo último que me apetece cuando la boca me sabe a resaca es comer. Por eso esta mañana, después de haber dormido a penas una hora porque tenía una práctica a las 8:30, no he desayunado. Era lo último que me apetecía. Y hasta las tres que he terminado, no he comido nada. Problema: cuando he llegado a mi casa me ha apetecido dulce descontrolado, y he sacado galletas, leche y crema de cacao. En fin... Os podéis imaginar el resto. Me he planteado devolver. Me lo he planteado muy en serio. No quería quedarme con esa porquería dentro de mí. Pero tampoco quería echar a perder estos 14 días. Y al fin y al cabo, era lo único que había comido en todo el día.

Vamos, que fatal. Un cero en progreso. Pero tampoco puedo hacer nada del otro mundo. No voy a dejar que este problema me condicione mis días de fiesta, por lo que voy a seguir saliendo, e intentando preocuparme lo menos posible por las calorías ingeridas. Y en pasar fallas y volver a mi casa haré un par de días de dieta depurativa basada en calditos, frutas e infusiones para eliminar toxinas de mi organismo. Y después, volverán días de tranquilidad y rutina.

En la entrada anterior me preguntaba que por qué yo. El resto de mis amigas salen cuando quieren, beben el doble, y no se preocupan por ello. Ni engordan. Y la cuestión es que yo ya sé que no pasa nada por comer un poco de chocolate, o beber una noche de botellón (en la que vas a quemar más bailando y yendo de un pub al otro que lo que vas a ingerir). Como bien dije en la entrada anterior, hace un par de años no sabía nada de las calorías, y cenaba bocadillos sin engordar si era lo que me apetecía. El problema, es que yo hace dos años, con un bocadillo estaba más que satisfecha. Y ahora, me sabe a poco. Ahora de vez en cuando me dan necesidades de dulce insaciables. Y si decido comprar un paquete de galletas, o un poco de chocolate, es tal la ansiedad que me entra de saber que antes o después voy a cagarla, que es como si necesitara que ese paquete desapareciera. Y en vez de comer cuatro o cinco, y dejar el resto para otro día, he de dejar el paquete vacío para evitar cometer más errores. Es una locura, lo sé. Por eso procuro no comprar, así no hay dulces que hacer desaparecer. Pero entonces la ansiedad aparece por llevar demasiado tiempo sin probar nada azucarado. Parece un bucle sin fin...

Uno de los propósitos de este blog es conseguir darme cuenta yo misma de lo que haría yendo a un psicólogo. Como dije ya en alguna entrada, he visitado dos psiquiatras y un psicólogo. Tan sólo uno. Y es que la experiencia de ir a una consulta a contar mi vida a una desconocida no me gustaba en absoluto. Tener que sacar los trapos sucios de mi familia, de mi pareja,... No sentía que me estuviera haciendo bien. Siempre volvía a casa enfadada, de mal humor y llorando. Y es que yo no he estudiado psicología, ni sé muy bien las bases que sigue la especialista para llegar a solucionar el problema. Yo lo único que observé en las cuatro sesiones que pude aguantar, es que intentaba hacerme hablar y hacerme llegar a temas clave que me abrieran los ojos y me hicieran salir de mi obsesión. Y creo que eso es algo que puedo hacer yo solita. Posiblemente me equivoque, pero es que desde el primer día que metí mis dedos en la garganta he tenido muy claro en lo que iba a convertirme. No tuve reparo en contárselo a mis amigos más próximos y a mi novio, porque no me da miedo hablar de ello. Sé cuáles son mis problemas, mis miedos, mis puntos débiles. Sé cuáles son las soluciones, y no creo que oídas por boca de una psicóloga me vayan a llegar mejor al cerebro. Y con esto no quiero desprestigiar la carrera de psicología. Hay muchísimas personas que se han visto beneficiadas de sus consejos, que no encuentran a nadie de confianza a su alrededor, y prefieren contar sus pensamientos a un especialista. Y me alegro por todos los afectados que sí puedan sacar provecho de ello, pero creo que no es mi caso... Por eso día a día durante estos 100 que voy a pasar sin devolver, me gusta analizar mis pensamientos, mis errores y mis fortalezas; para intentar llegar a un punto en el que pueda ser capaz de controlarme a mí misma, como hacía hace no tanto tiempo.

Pero hay una cosa que se me escapa... Y es que las personas que saben mi problema, se quedan verdaderamente sorprendidas de que una persona como yo haya caído en algo así. La chica de la coraza de hierro, a la que nada le afecta, obsesionada por su aspecto físico. Y tienen razón... Nunca he sido una chica muy dada a las preocupaciones. Procuro no darle más importancia a las cosas de la que realmente tienen. Y me cuesta entender que llegara a este punto. Pero ese es un tema que trataré más adelante, en encontrar alguna respuesta.

martes, 11 de marzo de 2014

Día 11. ¿Por qué yo?

Esta semana no está yendo tan sobre ruedas como la anterior. No estoy devolviendo, que es el objetivo principal, pero tampoco estoy siguiendo la dieta muy bien. Después del pequeño desliz del domingo, ayer no comí demasiado y luego hice sesión de spinning y de musculación en el gimnasio. Compré una bolsa de golosinas antes del examen, porque llevaba toda la mañana estudiando, pero luego no cené, y al final del día a penas había superado las 700 Kcal. Por contra, hoy tenía pensado comer bien: all bran con leche para desayunar, unas pechugas para comer, y una tortilla de cena (con sus respectivos picoteos a media mañana y tarde). Pero de repente me he enterado de que han abierto un mexicano al lado de mi casa y le he dicho a mi novio si quería que fuésemos a probarlo. Así que al final han caído una bandeja con surtido de burritos, tacos y tostadas. Y encima al volver a casa nos hemos tomado una taza llena de muesli con yogur. Vamos, que me estoy planteando la cena de hoy seriamente.

Y mientras estábamos mirando la carta y decidiendo qué pedir teníamos la típica discusión nuestra:
- Yo con un burrito ya voy a estar bien -le decía.
- ¡Pero si son enanos! O te tomas dos o me enfado.

Y claro, en situaciones como estas empiezo a pensar... ¿Por qué yo? ¿Cómo he llegado hasta este punto? Porque recuerdo perfectamente cómo hace un par de años llegaba a mi cocina y me preparaba un bocadillo a media tarde si era lo que me apetecía sin pensar en las calorías que podría tener. Es que hace un par de años a penas sabía lo que era una caloría. Que sí, que algo explican en el instituto, y algo lees en las etiquetas. Pero si me preguntabas así a ojo cuántas podría tener una rebanada de pan, seguramente ni me acercaba al número exacto. Y era feliz. Es cierto que entonces estaba algo más gordita que ahora, pero me mantenía en mi peso. No engordaba por comer bocadillos, ni cereales azucarados en el desayuno, ni burritos en un mexicano. Y por eso, muy a menudo me pregunto: por qué estoy ahora tan obsesionada. ¿En qué momento me convertí en una chica bulímica?

Pues ocurrió justo cuando me fui a vivir fuera de casa, en el momento en que empecé la universidad y aparecí en Valencia, a dos horas y media de mis padres. ¡Por fin había ocurrido! Por fin iba a poder hacer todo lo que quisiera sin que me supervisaran. Yo ya llevaba todo el bachillerato bajando de peso de manera sana. Simplemente le comenté a mis padres que quería empezar a sustituir mis almuerzos por fruta y reducir el consumo de hidratos. Y funcionó, la verdad. Mi cambio físico más impactante fue en el paso de 4º ESO a 1ºBAT. Pero los padres siempre son los padres, y en cuanto vieron que bajaba de peso rápidamente empezaron a preocuparse y a ponerme mil pegas a la hora de comer. Así que cuando empecé la universidad no vi ningún inconveniente posible. Iba a poder elegir lo que quería comer, así que haría comidas sanas y menos abundantes que las que me preparaban ellos.

Y en este punto quisiera hablar de los compañeros de piso. Y es que yo creo que ese fue el detonante que me inició en este mundo, porque he notado muchas diferencias del curso pasado al actual. Mi anterior compañera era una chica muy maja. No la conocía de nada, pero no fue un problema. No llegamos a hacernos íntimas pero la convivencia se dio sin ningún inconveniente. ¿El detonante entonces? Era una de las chicas más golosas que había conocido nunca. Alta y delgada como una espiga, pero con la despensa siempre llena de chocolate, dulce de leche, galletas y helado. Justamente lo que más odiaba de mi casa: tener todas las tentaciones a mi alcance día tras día. Y claro, pues de vez en cuando, cansada de tanta comida sana, cogía de su chocolate o de sus galletas. Luego bajaba al supermercado y se las reponía. Pero para que no se diese cuenta de que le había cogido nada, le dejaba sólo la cantidad que había cogido, por lo que me quedaba yo con el resto del paquete. Y un día cualquiera, como podría haber sido otro en que me quedé sola en el piso, empecé a comer. Y comí demasiado. Y me pregunté: ¿qué pasará si hago como estas chicas de las películas y me meto los dedos? ¿Seré capaz de devolver? Y lo fui. Y pensé que sólo lo haría esa vez. Pero no me di cuenta de que había descubierto la forma perfecta de poder comer todo lo que quisiera sin engordar. Así que sin darme cuenta y pensando que lo controlaba perfectamente acabé con dolor de lengua, de mandíbula y sabor de boca a bilis durante todo lo que quedaba de curso.

Cuando llegó el verano volví a casa, hice varios viajes, y pasaba la mayor parte del tiempo activa, por lo que fue una época bastante buena. Hubo algún que otro desliz, pero pensaba que ya lo había superado. Además, el curso siguiente (en el que estoy ahora) iba a vivir con dos compañeros de clase, sanos los dos, con buenos hábitos, rutina de gimnasio, etc. Suponía que el desastre del curso anterior no se repetiría. Y a esta diferencia entre cursos me referiría. En un caso fue fácil caer en la tentación, pero en el otro no. Por eso no entiendo por qué he seguido haciéndolo. Ha sido de una forma mucho menos frecuente. En el fondo, tener gente en casa ha hecho que me controle en muchísimas ocasiones. Los atracones siempre ocurren en solitario. Si sé que hay alguien más conmigo se me quita el hambre automáticamente. Pero por ese mismo motivo, en el momento en que me quedo sola, es como si todo lo que hubiera estado reteniendo durante su presencia lo volcara en forma de atracón. Es como un "come ahora todo lo que puedas que cuando vuelvan ellos no podrás". Y me veo incapaz de encontrar el punto medio. Le estoy poniendo ganas, y muchas. Pero de momento no estoy siendo capaz ni de seguir la dieta que me propuse. Sé que ha pasado poco tiempo... Pero me he visto con ganas de compartir este pensamiento con vosotras. ¿No lo habéis pensado nunca? ¿Cómo os habéis convertido en esto?

domingo, 9 de marzo de 2014

Día 9. No todo iban a ser buenas noticias.

Y ya terminó la semana. Marchaba muy bien. Demasiado quizás. Es por eso que sabía que el domingo sería un día duro. Los fines de semana lo son en general. Pero este lo he pasado en casa de mi novio, por lo que contaba con bastante apoyo y control a mi favor. Tanto el viernes como el sábado como esta mañana las comidas fueron bien: que si pollo con patatas, que si merluzas a la plancha, que si tortitas, que si yogures, que si all bran... Pero en algún momento u otro iba a tener que volver a mi piso. Mañana tengo examen y he estudiado bastante poco, por lo que era conveniente que esta tarde la pasara tranquila en mi casa centrándome en preparar el temario. Y claro, después de tantos días teniendo sumo cuidado con lo que tomaba, me he sentido con vía libre. Me he preparado demasiados sándwiches con miel, y no cenaré nada para compensarlo. El total calórico del día han sido menos de 1800 Kcal -no se puede considerar una auténtica catástrofe- pero me he sentido mal igualmente. La buena noticia es que no he echado a perder estos nueve días por el retrete (literalmente) metiéndome los dedos en la garganta -aunque parte del motivo ha sido la presencia de mi compañero en la sala contigua.

Tampoco es que los remordimientos me estén matando porque ya lo esperaba. Esperaba que ocurriera mientras preparaba la mochila de vuelta a casa, mientras llegaba a la parada del autobús, mientras pasaba por todas las tiendas cerradas, y mientras abría la puerta de mi piso. Tampoco me estoy martirizando porque sé que mañana es lunes, y entre semana soy una chica buena que con tanta clase, prácticas de laboratorio y exámenes, en lo último que puede pensar es en comer. Además, en tan sólo una semana de proyecto había conseguido verme satisfecha conmigo misma, por lo que a pesar de este pequeño desliz, al finalizar la semana que está a punto de empezar seguro que consigo verme incluso mejor.

El caso es que he pensado en tomar alguna pequeña medida como probar a vivir esta semana sin miel en casa. Por el simple hecho de ver cuánto la añoraría. Si puedo sustituirla con mermelada light o companaje, dejaré de comprar por un tiempo. Si me fuera imposible, volvería a comprar. No quiero sacrificios.

No voy a lamentarme. Nadie dijo que esto fuera a ser fácil ni que saldría perfectamente a la primera. Sólo llevo nueve días de plan. Me quedan noventayuno por delante. Caeré más veces, como lo hacemos todos, pero mientras consiga aguantar sin vomitar, el botón de reseteo seguirá intacto. Cada semana lo haré mejor. Iré aprendiendo de mis flaquezas hasta conseguir llegar a entenderme, aceptarme y controlarme a mí misma sin esfuerzo alguno.

P.D.: Desde hace bastante tiempo puedo estar perfectamente varios días sin pasar por el baño. Me había planteado comprar algún tipo de laxante, aunque nunca he llegado a hacerlo. No en plan sustituto del vómito. En plan tomarlo una vez al mes para vaciarme un poco, ya que yo sola por lo visto no soy capaz. ¿Me lo recomendarían? ¿Es adictivo? ¿Me hará bien?

Un beso a todas.

viernes, 7 de marzo de 2014

Día 7. Sobre la aceptación

Pues ya ha pasado la primera semana.No imaginaba en absoluto que fuera a ir tan bien. Cero atracones, cero vómitos, 100% de satisfacción.

Sigo teniendo problemas con las meriendas y las cenas. Ayer por ejemplo tenía pensado comer pasta, merendar tortitas de maíz y cenar una hamburguesa. Me hice un plato de espaguetis integrales (están buenísimos y sacian más), y tomé dos tortitas de arroz de postre. Al poco me apetecía un postre algo más dulce, y pensé en tomar entonces las tortitas de maíz con miel. Y así lo hice. Cuando llegaron las 19:30 volví a tener hambre. Y fue entonces cuando hice la hamburguesa. Y ya no volví a tener hambre en lo que quedaba de día. En fin... Sé que no es lo que debería hacer, pero como dije en la entrada anterior, hay que saber escuchar a nuestro cuerpo. Pero repito, escuchar a NUESTRO CUERPO. Y lo digo en mayúsculas porque es muy fácil confundirlo con la voz de la bulimia. Mientras tu cuerpo intenta avisarte de los momentos en los que NECESITAS ingerir alimentos para poder seguir con sus funciones vitales, la voz de la bulimia intenta hacerte creer que tienes hambre cuando en realidad todas tus reservas están más que llenas. Y el requisito indispensable para salir de esto, es saber diferenciarlas.

El caso es que después de esta semana de vida sana, me siento realmente bien conmigo misma. Puedo ir al baño con mucha más facilidad que antes, estoy de mejor humor y mucho más deshinchada. Esa sensación de explotar que tenía cuando me pasaba con los postres ha desaparecido, y los dolores de barriga que me daban cada vez que ocurría un atracón también. Sólo veo cosas positivas. Y mientras contemplaba en el espejo los posibles cambios que he podido sentir esta semana, he pensado en escribir una entrada sobre la aceptación de una misma.

Me he dado cuenta de que no se me notan las costillas, y mis piernas tienen volumen. Si me siento, la tripa me hará pliegues, pero me ocurrirá igual que le pasa al 90% de las chicas de este mundo. Somos humanas, estamos hechas de carne, y la carne en una mujer es belleza. He recordado este verano, cuando pesaba 46 Kg y se me podían contar cada una de las vértebras de mi espalda. Ni si quiera entonces era suficiente. Seguía pudiendo pellizcar mi barriga, y seguía vomitando para intentar conseguir un ideal de belleza que sólo existía en mi cabeza. La gente me decía que me había pasado, que estaba demasiado delgada. Y para mí esas palabras sólo eran fruto de la envidia de las demás, no creía que realmente fuera así. Nunca me vi demasiado delgada.

Entre las personas que me advertían del punto al que estaba llegando se encontraba mi novio, y era al que menos creía. Él me decía que le daba miedo que si seguía adelgazando pudiera dejar de gustarle. Y mi cabeza siempre escuchaba lo contrario: como engordes siquiera un poco, dejará de verte atractiva. Intentaba con todas sus fuerzas que llegara a ver lo que todos los demás veían, pero yo era incapaz. Y llegó ese momento. No exactamente el momento en que dejé de gustarle, pero sí el límite. El límite en el que se deja de echar leña al fuego. El límite en el que la llama sigue encendida, y sigue habiendo atracción, hasta que esta se apaga por falta de leña. Y la leña en este caso era mi peso.

No puedo decir que fue aquí cuando empecé a engordar. Lo cierto es que eso ocurrió en verano y hasta estas navidades yo seguía pesando más o menos lo mismo. Pero puede que causara cierto cambio en mi mente. Igual no era todo cómo yo pensaba. Igual realmente la gente me veía demasiado delgada. Pero ¿cómo podía ser así, si cuando yo me miraba al espejo veía tripa, y veía unas piernas grandes? ¿Qué es lo que veían ellos? No me entraba en la cabeza.

Y por eso escribo esta entrada. Porque no es el espejo quien muestra una imagen deformada, es nuestra mente la que la distorsiona. Y nos va a mantener infelices y engañadas hasta que nos dé la gana de aceptarnos tal y como somos. Porque voy a seguir pellizcando mi barriga, y voy a seguir llenando los pantalones. Y no me importa, porque ahora estoy más guapa. Y quien me lo dice, lo hace de corazón. Y sabéis qué. Os he dicho que fue en navidades cuando cogí peso; y resulta que casualmente, ha sido a partir de navidades cuando la llama de la que os hablaba se ha avivado más que nunca. Parece que realmente faltaba más leña en la hoguera.

Creo sinceramente que uno de los objetivos más importantes que hay que conseguir con este plan es la satisfacción personal. Que para ello la primera meta es dejar de devolver y de darme atracones, SÍ. Pero es que el resto vendrá solo. Porque no por sentirme bien conmigo misma voy a empezar a desayunar donuts todos los días, ni a merendar napolitanas de chocolate. Voy a pasar 100 días comiendo sano, y después vendrán otros 100, y otros 100 más. Y cuando me apetezca chocolate, podré comerlo en su justa medida sin sentirme mal por ello.Y de esta forma, siguiendo una vida normal, sin esfuerzos ni tardes eternas en el gimnasio, voy a conseguir un cuerpo ideal. Pero no el ideal que existía en mi mente, sino el ideal que existe en la realidad. En mi día a día.


martes, 4 de marzo de 2014

Día 4. Las maravillas de marzo

Me encanta levantarme por las mañanas y que haya salido el Sol. Me encanta poder salir a la calle sin llevar 3 chaquetas y un abrigo. Me encanta sentir como se acerca la primavera, porque tras ella vendrá el verano. Vendrá tiempo de relajación, de vacaciones, de viajes, ...

Tal vez sea por eso por lo que me noto tan motivada. He de admitiros que poco antes de navidades me planteé empezar con este plan de los 100 días, pero fallé nada más empezar. Volver a casa por Navidad suele ser una alegría, pero todos sabemos las complicaciones que tienen estas fechas en relación a la comida. Fue a partir de ahí cuando dejé de pesar 46 Kg a pesar 47, después 48, y así hasta ahora (he de pasar pronto por una farmacia pues no sé mi peso exacto). Sin embargo, ahora me siento realmente bien. Noto que se acerca el calor, y con él las tardes en bikini y la ropa cortita. Y esa es una gran motivación para querer conseguir mi meta y poder volver a casa por vacaciones sin miedo a que los dulces de mi madre me salten a la cara.

Sé que sólo llevo cuatro días, pero para mí son más que suficientes para saber que puedo conseguirlo con esfuerzo y fuerza de voluntad. Pero desde luego no va a ser fácil... Este fin de semana empezó bastante bien, pero los fines de semana siempre son una salida de la rutina y una gran tentación para saltarse las normas. Además, tenía examen el lunes, por lo que lo de pasar el día fuera y evitar pensar en comida no era una opción factible. Empezaron a entrarme ganas de almorzar dulce, y de hecho estuve a punto de hacerlo. Pero siempre hay una opción B. Decidí coger mis apuntes, preparar una comida sana e ir a pasar el día a la biblioteca de mi universidad. Y fue una gran idea. Conseguí concentrarme más en los estudios y menos en el dulce. Sin embargo, la hora de la merienda se me resistió. No estoy acostumbrada a cenar. Para mí el día siempre terminaba en la merienda. Y eso fue lo que me pasó este fin de semana. Acabé permitiéndome algunos dulces más en la merienda evitando cenar luego. No lo considero un fracaso ya que al final del día no había pasado las 1500 Kcal que me propuse en un principio. De hecho, me planteé que quizás sea una persona que no pueda cenar tarde. Nunca lo he hecho. Ni de pequeña ni de mayor. Nunca me he sentado a la mesa a cenar con mis padres. Por ese motivo voy a intentar seguir la tabla lo que queda de semana, pero de no poder llegar a la cena por tentaciones varias en la merienda, decidiré cambiar el plan. Creo que antes de seguir aquello que popularmente se considera lo mejor (hacer 5 comidas al día en este caso), hay que escuchar las necesidades de cada uno. Porque cada persona es un mundo y no podemos funcionar todos de la misma manera. Y sé que se recomienda hacer 5 comidas, pero señores... si a mí me entra el hambre a las seis en lugar de a las diez... Comeré a las seis en lugar de a las diez.

Por último, para no dejaros sin consejos ni ideas, he decidido haceros una lista de snacks con menos de 200 Kcal para esos momentos en los que apetece picar algo y no queremos sentirnos culpables.


  • Yogur desnatado con cereales: Lo venden desnatado edulcorado si no os gusta el sabor del natural. Yo suelo ponerle unos 40 gr de avena y una cucharadita de azúcar (190 Kcal) o miel.
  • Tostada con pavo y tomate: La típica rebanada de pan de molde con un par de lonchas de pavo y alguna rebanada de tomate (90 Kcal). Podéis tomar dos y seguir sin pasar las 200.
  • Tortitas de avena y miel: Dos tortitas de avena con arroz tienen unas 60 Kcal. A mí me gusta mucho la miel y las suelo acompañar con ella (120 Kcal en total). Si no queréis añadir la miel y las tortitas solas no os gustan demasiado, las hay también de maíz, que saben a palomitas (4 tortitas, 100 Kcal).
  • Macedonia de frutas: Media manzana, medio plátano, 5 fresas (135 Kcal). Y si le queréis añadir un yogur desnatado, sólo sube a 180 Kcal.
  • Barritas de cereales: Las nuevas de hero muesli línea, tan sólo tienen 66 Kcal por barrita.

domingo, 2 de marzo de 2014

Día 2. 10 Consejos para evitar la bulimia

Estoy contenta porque he conseguido superar el primer día de dieta equilibrada sin atracones ni vómitos posteriores. Tan sólo ha pasado un día, pero si fallaba ya en el primero... qué iba a ser de los demás. Así que voy muy motivada para pasar igual de bien el día de hoy y todos los que quedan.

Quería compartir con vosotros un blog que descubrí hace algún tiempo buscando como desesperada soluciones contra mi problema y que probablemente os sirva a muchas de ayuda. Se llama Sólo 100 días y propone un "método" de 100 días para combatir la bulimia, o cualquier cosa que os queráis proponer (comer más sano, dejar de fumar, hacer más ejercicio,...). Consiste tan sólo en pasar 100 días sin hacer aquello que os preocupa, y cuenta su experiencia en esos 100 días, como estoy haciendo yo ahora, dando consejos y mostrando sus sentimientos a lo largo de ese periodo. Como cualquiera, volvía a caer. Pero nunca se rindió. Volvía a empezar la cuenta de cero y a seguir luchando contra la enfermedad. Y finalmente lo consiguió, por lo que creo que es un muy interesante blog que seguir.

Mi aportación del día son 10 consejos para evitar la bulimia. Para evitar esos momentos en los que pasamos de estar tranquilos a notar cierta ansiedad y a empezar a desear la comida con todas nuestras fuerzas, para acabar dándonos un atracón irrefrenable.

  1. Organizar una tabla semanal con todas las comidas de la semana: Así podrás pensar fríamente la mejor combinación de alimentos para esa semana sin dejarte influenciar por la ansiedad y la bulimia. Cuando te dé ansiedad mira la tabla. Si está bien organizada a tus gustos y necesidades, comprobarás que queda poco para poder tomarte unas ricas tostadas, o que hoy toca arroz al mediodía. Así que contén tus fuerzas y espera tranquilamente a que el momento justo llegue. Estarás comiendo sano y equilibrado, y en el momento adecuado.
  2. Ve a hacer la compra con una lista preparada: Ahora que ya sabes todas las comidas que vas a necesitar esa semana, prepara una lista de la compra acorde con ella. Muchas veces cuando vamos al supermercado sin una idea clara de lo que necesitamos, caemos fácilmente en el pasillo de los dulces y las galletas. Y a no ser que nos encontremos con unas grandes fuerzas de voluntad, solemos comprar algo pensando que podremos controlarnos al llegar a casa. Y eso no suele ser así. Por eso es conveniente llevar una lista a la compra, y no traer a casa cosas que no vayamos a necesitar esa semana, pues así evitaremos la tentación. 
  3. No poner alimentos a la vista: Cuando la compra esté hecha y volvamos a casa, debemos organizar los alimentos en sus respectivas lejas de la despensa y dejarlas allí hasta que vayamos a necesitarlas. A mí me ha pasado varias veces, que he pensado en llevarme un inocente paquetito de galletas para merendar a mi cuarto mientras estudiaba. Las cinco primeras galletas estaban permitidas en lo que sería una merienda aceptable, pero al seguir teniendo el paquete a la vista, seguía cogiendo más. Y más, y más y más, hasta que  fácilmente el paquete acababa terminándose.
  4. Comer siempre en la mesa: Y en este enlazo con el anterior. ¿Qué necesidad tenía de merendar en mi cuarto? Las comidas se hacen en la mesa. Se elige lo que vamos a tomar. Si está apuntado en la tabla no tenemos ni que pensarlo (pensamiento normalmente influenciado por la voz de la bulimia). Lo preparamos, guardamos todos los paquetes y alimentos que no vamos a necesitar, y una vez terminada la comida, lavamos el plato y nos vamos a hacer otra cosa.
  5. No comer directamente del paquete: Otro fallo muy habitual que también puedo enlazar con el número 3. Si en lugar de llevar a mi cuarto el paquete entero de galletas, hubiera llevado tan sólo las cinco que necesitaba, al terminarlas hubiese seguido estudiando y habría desaparecido la tentación de mi vista. Al comer desde una bolsa, desde la fuente principal, o desde el paquete, no somos conscientes de la cantidad que hemos comido. Normalmente nos sentimos llenos y pensamos que hemos acabado comiendo más de la cuenta sin haber sido conscientes. Al poner los alimentos en un plato somos capaces de medir las cantidades necesarias y saber que estamos haciendo lo correcto.
  6. Pensar en cosas distintas al sentir deseo de comer: Conozco perfectamente esa sensación. Esa en la que por estrés en la universidad, o en el trabajo, o por una discusión familiar, o sea el motivo que sea, nos vienen unas ganas irrefrenables de empezar a buscar todos los hidratos posibles en la despensa. Estamos completamente dominadas, parece que va a ser imposible parar y que todo va a acabar en los indeseados vómitos. Cuando llegue ese momento, haced todo lo posible por parar, no seguir caminando hasta la cocina. Parar y apretar los puños. Cerrad los ojos y pensad: ¿realmente lo necesito? ¿te vale la pena? Intentad retroceder y empezar a hacer algo totalmente distinto. Mantened vuestra mente ocupada (poned música, sacad un libro, o simplemente meteos en la cama e intentad calmaros). Pensad en cosas que os aleje de la comida y os pueda mantener calmadas. [En alguna entrada más adelante haré una lista de las cosas que me mantienen ocupada a mí]
  7. Si has de comer, coge fruta: Si a pesar de intentar calmarte, tu cabeza no deja de atormentarte con la idea de comer, elige frutas o verduras. Come manzanas, zanahorias, prepara una ensalada, fresas, piña,... Su alto contenido en fibra te mantendrá saciada, el agua que llevan, hidratada. Te habrán quitado el hambre y no necesitarás sentirte mal por haberlas comido.
  8. Bebe mucha agua: Es la típica. Parece demasiado obvia para añadirla aquí. Pero a pesar de ser una tan sencilla, yo soy incapaz de hacerla. No me sale beber 2 litros al día, y lo intento. Y es necesario porque a parte de que nos mantiene hidratados, nos llena el estómago y evita que confundamos la sed con el hambre. Así que si sois como yo y no conseguís acordaros de esos 2 litros diarios, os recomiendo que compréis algunas botellitas de plástico de medio litro y las mantengáis siempre llenas. Una en el bolso, otra en vuestro trabajo, en vuestra habitación, etc. Con tan sólo acabaros cuatro de ellas lo habréis conseguido.
  9. Evitar noticias tormentosas: Intentad evitar discusiones, o noticias que os puedan causar ansiedad. Alejaos de momentos, situaciones o personas que notéis que están directamente relacionados con vuestro problema. La ansiedad es la principal causa de la bulimia.
  10. Convenceos a vosotras mismas: Levantaos cada mañana, id al aseo, lavaos la cara, y cuando hayáis comprobado lo guapas que sois, deciros a vosotras mismas: "Yo, (nombre), prometo y me comprometo a eliminar la bulimia de mi vida". Lo más importante en ese proceso es estar 100% convencidas. Si no llegáis a tomar la decisión, si sólo os la planteáis, si no tomáis medidas, ni hacéis la tabla de comidas, ni os supone un esfuerzo, no conseguiréis nada. Necesitáis decíroslo en todo momento. No sólo por las mañanas. Siempre que sintáis ganas de volver a la cocina, recordároslo. Deciros a vosotras mismas: "Estás saliendo de la bulimia. Así no lo vas a conseguir. Sé fuerte y aguanta".
Espero que mis consejos os sirvan de ayuda. Seguiré compartiendo todas las cosas que descubra y que nos ayuden a acabar con este sufrimiento.

Día 1: 1 de marzo
Día 100: 8 de junio

Espero conseguirlo. Y si fallo, borrón y cuenta nueva (literalmente) ;)