martes, 30 de diciembre de 2014

La "anti-restricción" acaba restringiendo y encima en Navidades

Voy a ser breve, porque todo se resume en el mail que le mandé ayer a mi psicóloga:

Hola Mercedes,


¿Cómo van las Navidades? Yo volví ayer del pueblo a Elche y decidí hacer frente a la báscula. Sabía que este último mes había sido un caos entre exámenes y el tema Joaquín, y el 56 que vi me lo confirmó del todo. No me dolió el número en sí. Me hubiese dado igual ver un 50 mientras lo que veo en el espejo siga siendo igual. Lo que me dolió fue ver cómo había llegado a pesar 56 kg: atracones a los que no daba importancia por ser subjetivos y porque "bah, no pasa nada por una vez más", pero que suman y suman, y se unen al estrés de exámenes, a la falta de ejercicio, a horarios desordenados y comidas descontroladas, y siempre de más, nunca de menos. 

Lo que te quería decir con esto es que han llegado las navidades y en vez de agravar la situación tirando de bulimia, se está agravando tirando de anorexia. Con la diferencia de que a mí la bulimia me deprime, y la anorexia me motiva. Así que estoy restringiendo conscientemente de ello. Tengo pensando quitarme estos kilos de más de encima, se supone que con bastante gimnasio para tonificar al mismo tiempo (mi objetivo desde siempre) pero tiene pinta de que también será restringiendo. Y sé que en Elche todo va a parecer fácil y cuando vaya a Valencia con toda seguridad haya un atracón de bienvenida bien grande. Pero no me sale comer. Pienso en las cenas de nochevieja y con amigos y demás y no me sale hacer cinco comidas el resto de días. Estoy haciendo tres y con suerte. Y... en fin, eso. Quería contártelo porque sé que no está bien. Sé que tiene consecuencias pero me apetece ver resultados pronto. Y ya sabes que en mi casa nadie hace cinco comidas. No me siento rara ni restrictiva por hacerlo igual que ellos, y además sé que voy a perder peso. Sé que está fatal. Pero no me sale hacerlo mejor... Sobre todo porque pensaba que ya sólo podía recaer comiendo de más y engordando, y me gusta ver que también puedo volver a restringir, aunque soy consciente de que por más que quiera no va a durar mucho. Si quieres hago registros de comidas y te los llevo a la vuelta aunque no me gusta estar pendiente de todo lo que como sobre todo sabiendo que vienen comidas fuertes. 

En fin, eso es todo. 

Un abrazo, espero que todo vaya bien :)
Eva

La buena noticia es que yo misma me he dado cuenta de que no quiero hacerlo así de mal. Estoy restringiendo, sí, y ojalá no lo hiciese, pero lo estoy haciendo. Pero no voy a eliminar comidas, sólo reducir cantidades. Ella siempre me dice que de momento marquemos las cinco del día (sólo voy a ser capaz de marcar 4) y que después nos encargaremos de las cantidades. 

Me apetece hacer ejercicio, sentirme tonificada y ver cómo la báscula va bajando poco a poco. Y al mismo tiempo me veo cayendo en picado hacia el TCA. Y lo peor es que soy consciente de ello pero no hago caso a la razón que me dice lo que realmente debo hacer. Voy a ponerme a redactar la entrada de la que tanto hablo y tan poco escribo a ver si consigo darme cuenta del error que estoy cometiendo o si sólo voy a adoptar el papel de una chica que se opone a la restricción de calorías pero que luego lo hace como una más. 

P.D. La verdad es que me releo y sueno un poco fatalista. Estoy comiendo eh. Desayuno, como y ceno. Lo que pasa es que después de tanto tiempo pasándome, veo lo que como y lo catalogo de "miseria". Pero quizás realmente no esté recortando tanto (va por días, algunos sí...) sino que note una diferencia muy grande al compararme con la Eva que era hace un mes. Pero bueno, dejándome de excusas: no, no estoy haciendo cinco comidas. Y sí, estoy restringiendo. 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Feliz Navidad para todos :)

Vacaciones al fin. Casi ni me lo creo. Llevo estudiando desde la ultima vez que escribí y la verdad que hay bastantes novedades que contar. Hace ya algo así como un mes que dejé a mi novio. Nada en concreto y todo a la vez. Cuando empezaron exámenes ya le dije que me estaba agobiando, pero que seguramente sería por verme tan asfixiada con prácticas, trabajos, seminarios y exámenes además. Pero conforme pasaba el tiempo y me iba quitando obligaciones de encima el agobio no desaparecía y al final, después de darle mil vueltas y de algunas circunstancias extra inesperadas, decidí que lo que me pasaba es que a pesar de estar genial con él, necesitaba estar sola un tiempo. Me costó bastante asumirlo pero me di cuenta de que aunque era una persona muy importante para mí, no podía tener algo tan estable en mi vida con sólo 20 años. Estaba empezando a parecer una mujer casada cuando aún me quedan mil aventuras por vivir, así que quedamos un día tranquilamente y se lo conté todo. Quedamos muy bien, aunque no hemos hablado desde entonces porque sabía que él iba a necesitar bastante tiempo para llegar a asumirlo. Esta noche le felicitaré la Navidad para preguntarle de paso cómo está. Supongo que después de un mes y siendo la noche de Nochebuena se me puede permitir un whatsapp inocente.

Y… bueno, una de las cosas que me planteaba cuando estaba valorando el dejar o no a Joaquín era que posiblemente el argumento que más me impulsaba a estar con él era la seguridad que me daba tanto con la comida como con mi cuerpo. Siempre que he tenido una mala semana podía contar con él para que pasara el día conmigo y controlara lo que comía o dejaba de comer, no sentía vergüenza de mi cuerpo porque siempre me veía perfecta, y me escuchaba y apoyaba en los días que más ralladas se me pasaban por la cabeza. Y de repente, de la noche a la mañana tenía que hacer frente yo sola a todos esos aspectos. He vuelto a vomitar y a restringir, y lo peor es que sin demasiada culpa. Quiero volver a adelgazar, no demasiado pero sí hacerlo al fin y al cabo. También han vuelto los atracones (bastante subjetivos) y los vómitos, y la restricción y el mismo círculo vicioso de siempre.

Le mandé un mail a mi psicóloga para explicarle lo que me estaba pasando. Os lo copio aquí:

Hola Mercedes te voy a mandar la actividad dos por aquí y además te comento lo que me ha pasado del sábado a hoy porque además de que por escrito siempre se ordenan mejor las ideas, no quiero que se me olvide de aquí al miércoles. 

El sábado vomité. Pero no sé decirte el motivo por el que ocurrió realmente. Bueno, llevaba una semana con una percepción física horrible porque además de no haber ido al baño en todo el puente, había estado comiendo "cosas de puente" y cuando volví a Valencia me veía muy hinchada. Además, a veces me da la sensación de que con la excusa de "estás en recuperación, debes aprender a comer de todo" me doy demasiada vía libre y realmente cuando no tenía TCA no me permitía tantos caprichos como ahora, lo que me hace pensar que voy a engordar como no eche un poco el freno. 

El sábado fui a estudiar a la universidad con una amiga, pero ella había quedado a la hora de comer con su padre y yo fui a casa. Preparé un trocito de tortilla de patatas y algo de pan con jamón (sé que no es nada elaborado ni adecuado para ser considerado una comida completa) porque no me apetecía ni cocinar ni comer. Y de repente... Sin ansiedad, sin hambre, y sin ningún indicio de atracón/vómito aparente, me da por querer vomitar. Pero así, sin más. Me apetecía vomitar. Como si después de tanto tiempo asociando la situación "estar sola en casa" a "vía libre para vomitar sin que se entere nadie" me lo haya creído de tal forma que siempre que me quedo sola deba hacerlo. Preparé un vaso de leche (porque con leche siempre vomito todo más fácil), saqué los cereales, y cuando me sentí llena fui al baño y lo vomité todo. Sin culpa. Sin remordimientos. Era lo que quería hacer y lo había conseguido. 

Luego sí vinieron los reproches, pero no por el hecho de haber devuelto, sino por no poder ser capaz de comer como una persona normal. No me preocupaba el hecho de haber vuelto a vomitar, sino la posibilidad de engordar al no ser capaz de llevar una dieta normal, sana y equilibrada. Me sentía aún más llena y estaba convencida de que estaba más gorda (y lo sigo estando). No merendé pero porque era pensar en comida y me entraban ganas de vomitar. Y me quedé hasta tarde en la biblioteca con mi amiga y como estaba todo cerrado (en la universidad cierran las cafeterías el fin de semana) me dijo de comprar unas rosquilletas y unas digestive a medias. Y esa fue mi cena. 

Al día siguiente me sentía un poco mejor. Hice las cinco comidas de categoría y me notaba algo más deshinchada. Y hoy voy en ese mismo camino de momento, a ver cómo acaba el día. Pero bueno, las dos cosas clave que veo yo de este fin de semana es:
1) que tengo hábitos aprendidos de los que me cuesta deshacerme.
2) que no me encuentro cómoda en este peso. Es algo que descubrí ayer cuando todas las chicas de instagram me decían que no debía verme gorda porque estoy en un peso muy sano. Y les respondí que sé que no estoy objetivamente gorda, y sé que estoy en un peso sano. Pero que el rango del IMC para peso sano incluye muchos posibles pesos, y cada persona individualmente tiene uno concreto en el que se encuentra más cómoda. Y que como yo he llegado hasta aquí a base de atracones muchas veces, y a base de comer bastante desordenado, y con demasiados "por un poquito no pasa nada" que al final no acaba siendo tan poquito, pues no me encuentro cómoda. Igual resulta que este sí es mi peso y que en un futuro consigo normalizar todo en mi vida y resulta que este es el peso en el que consigo mantenerme. Pero de momento no lo creo así, porque me noto hinchada, me noto con gases, me noto actitudes muy poco saludables que dudo mucho que estén colaborando a mantener ese "peso sano". Que sé que estoy sana en conclusión, y que no estoy gorda. Pero no me encuentro a gusto con mi cuerpo, a parte de por todo el tema de la distorsión y demás, porque creo que verdaderamente no debo estar así.

En la siguiente cita que tuve con ella hablamos de todo esto y me dijo que igual tenía razón y que mi peso sano está por debajo del mío actual porque es lo que suele pasar en las recuperaciones de TCA (enlenteces tu metabolismo de forma que cuando vuelves a comer normal coges peso rápidamente, y si encima siguen manteniéndose los atracones/vómitos el peso también se ve alterado), así que volvió a repetirme una vez más que lo único que debo hacer para saber cuál es mi peso sano objetivamente es hacer CINCO COMIDAS AL DÍA con unos horarios marcados. El peso que sea capaz de mantener con hábitos saludables será mi peso. La teoría la sé, pero en la práctica sigo queriendo restringir.

Ayer estuve todo el día de viaje (Valencia-Elche; Elche-Granada) porque la Nochebuena siempre la pasamos en el pueblo y en todo el día sólo hice desayuno y comida al mediodía (bastante pobre), y hoy un desayuno bastante sencillo también. Me excusaba a mí misma diciendo que esta noche toca cena de Nochebuena pero realmente desde hace un par de años cenamos únicamente mis padres, mi hermana y yo con mi abuela por movidas con la familia así que hacemos una cena normalita. Obviamente cenamos más que un día normal (varios platos y postres al final) pero no tanto como cuando nos juntamos toda la familia. Así que me huelo un atracón de dimensiones descomunales de un momento a otro como siga comiendo tan poco. Pero me cuesta demasiado luchar contra mis pensamientos.

Y nada, como información extra, los exámenes han ido de pena y he de recuperar bastantes en enero… Y estoy en modo “planes a tutiplén” tipo: windsurf estas navidades, interraíl en verano, viaje a Polonia en fallas con una amiga, Erasmus el año que viene (quizás) y un largo etcétera. Ah, y sigo sin saber qué hacer en Nochevieja.

Feliz Navidad a todos!!

Os debo la segunda parte de la entrada de restricción pero ahora que tengo algo más de tiempo os la publicaré pronto :)

jueves, 4 de diciembre de 2014

Adelgazar restringiendo (Parte I)

Hoy he recibido una motivación especial para escribir en el blog. Y es que muchas sabéis que de vez en cuando recibo mensajes de chicas que me piden consejo/ayuda para poder superar el problema que están pasando y que aunque intento intervenir de la mejor forma que puedo, nada igualará al trabajo de un profesional. Sin embargo hoy me ha escrito alguien diferente, alguien que no esperaba: mi hermana. Me ha dicho que está muy preocupada por una amiga suya que está comiendo muy poquito y además alguna que otra vez se ha producido autolesiones o ha tenido pensamientos suicidas. Así que le he pedido el teléfono de su amiga y he empezado a hablar con ella. Quizás sea porque no me lo ha pedido ella y me lo he propuesto yo misma, o tal vez por la cercanía que existe al ser amiga de mi hermana, pero verdaderamente tengo la intención de hacerle ver que no ha elegido la opción correcta.

Y la cuestión es que el tema es el mismo de siempre, y es aplicable a cualquiera de nosotras: ¿por qué elegimos la restricción de nutrientes como método de adelgazamiento? Queremos perder peso, y en vez de seguir una dieta apropiada a nuestra altura, edad y complexión, seguida y programada por expertos en nutrición, decidimos jugar a ser dietistas y aplicar nuestra propia lógica: si dejo de comer, adelgazaré.

No, si en principio razón tenemos. La única pega es que el precio que debemos pagar es dejar nuestra salud por los suelos. Hace poco la psicóloga me dijo que realizara una lista con los pros y los contras de la restricción de calorías. Si tantas ganas tenía de restringir, sería porque algo muy bueno tendría que aportarme, ¿no? Bien pues pensemos:

Empecemos con los contras, que creo que acabaremos antes. Comer menos calorías de las que nuestro metabolismo basal necesita nos lleva a una ralentización del mismo: cuando no comemos lo suficiente el cuerpo se pone en modo alarma y decide parar por completo nuestro metabolismo para almacenar todo lo que decidamos meterle. Aislamiento social: el miedo a comer más de X calorías nos hace renunciar a eventos sociales, a cenas de grupo, a comidas familiares o a helados una tarde con amigas. Frustración: al poner un límite tan bajo de calorías es más que probable que acabemos pasándolo, y que en realidad sigamos en déficit calórico, pero lo único que nosotras vemos es fracaso y frustración, pensamos que nunca conseguiremos nuestro objetivo y mantenemos una actitud pesimista y negativa durante todo el día. Pérdida de cabello y debilidad: si no damos a nuestro cuerpo lo que necesita para realizar sus funciones vitales no podemos esperar otra cosa que falta de energía, falta de defensas, mareos, pérdida de cabello, debilitamiento de uñas, fatigas,... Atracones: El cuerpo necesita pedir glucosa como sea para intentar que sobrevivamos el mayor tiempo posible, así que es obvio que sintamos hambre al restringir y que muchas veces acabe en atracón. Y por suerte este no es mi caso, pero también se podría añadir a la lista las Autolesiones: y es que toda la frustración ya comentada y la infelicidad por no conseguir el cuerpo deseado muchas veces lleva a cortes y lesiones en nuestro propio cuerpo.

Y como pros.... ¿Adelgazar? Ese es el pro, ¿no? ¿Hay alguno más? Parece que pasar hambre, distanciarse de la gente, frustrarse, perder vitalidad, estar tristes y apagadas, insultarse a una misma y querer desaparecer de este mundo se ve totalmente compensado por un numerito apropiado en la báscula. ¿Y es esto totalmente cierto? Porque apuesto a que muchas de nosotras hemos llegado a ver ese ansiado número que pone a nuestro IMC por debajo del normopeso y no por ello nos hemos sentido más seguras de nosotras mismas. No por ello nos hemos mirado al espejo y hemos pensado: ahora sí. No por ello hemos decidido dejar de restringir y volver a comer con normalidad. No hemos conseguido volver a cenar con amigos ni estar a gusto en nuestra piel. Entonces... ¿qué es lo que hemos ganado?

Esta chica, la que os comentaba, me decía que ella sólo quería adelgazar un poco más y ya cuando su IMC estuviese por debajo de lo saludable volvería a comer con normalidad. Y por más que me haya dolido decepcionarla, he tenido que decirle que eso es lo que todas hemos pensado en un principio, pero que ninguna hemos sido capaces de hacerlo. Si sabemos que hemos adelgazado gracias a dejar de comer (500 kcal al día es igual que nada), y nos da pánico la idea de volver a recuperar el peso perdido, ¿cómo vamos a poder meter de repente 2000 kcal diarias a nuestra dieta sin miedo a engordar? Y si al miedo que ya de por sí tenemos añadimos que hemos dejado nuestro metabolismo a paso de caracol, que sentimos dolores de barriga cada vez que comemos algo un poco más pesado, o que de vez en cuando se produce algún atracón que nos hace sentir obesas, eso de volver a comer con normalidad de la noche a la mañana empieza a complicarse.

Entiendo que cuando el hecho de estar delgada toma una importancia tan grande en nuestras vidas seamos capaces de hacer cualquier cosa para lograrlo, pero os contaré un secreto: se puede adelgazar sin renunciar a estar nutridas, manteniendo nuestro pelo sano, la piel brillante y las ganas de vivir presentes. De verdad... si lo que queréis es mantener un cuerpo delgado y firme durante toda vuestra vida no juguéis a dejar de comer porque sí vale, igual empezáis a ver resultados rápidamente pero con la misma velocidad que vinieron se irán, a no ser que paséis el resto de vuestra existencia a base de aire y entonces lamento que esa existencia será bastante corta.... Y encima seguiréis estando igual de flácidas.

Los resultados duraderos son los que cuestan trabajo y esfuerzo y ocurren poco a poco. Son los que se consiguen combinando una dieta sana con ejercicio físico, que encima nos pone fuertes y firmes. Y lo mejor de todo, estaréis consiguiendo vuestro objetivo al mismo tiempo que adquirís hábitos saludables que podréis continuar usando durante años (y así mantener vuestro peso estable). Porque cuando lo hacéis mediante la restricción estáis adquiriendo malos hábitos día tras día, y pensáis que luego seréis capaces de llevar una dieta sana así porque sí. Pero desde luego es algo mucho más difícil de lo que creemos. Sino no habría sobrepeso en España, cualquiera podría seguir unas pautas alimenticias sin ninguna complicación. Y si esto no ocurre es porque cuesta acostumbrar al cuerpo a seguir una serie de hábitos, y mientras restrinjáis esos hábitos van a estar cada vez más lejos de vuestro alcance.

El título de la entrada dice "Parte I" porque pretendo hacer una segunda parte con testimonios de varias personas que me he ido topando durante estos dos años, que creo que son buenos ejemplos de cómo finalmente han conseguido su objetivo en el momento en el que dejaron de restringir. Dejaron de poner a su cuerpo en estado de alarma, de pasar hambre y acabar en atracones, y consiguieron el cuerpo que querían como debían haber hecho desde un principio.

No voy a ser tan hipócrita de decir que no entiendo a las chicas que siguen optando por restringir como método de adelgazamiento porque yo he sido una de ellas durante bastante tiempo, y lo sigo siendo en algunas ocasiones. Pero justamente por eso quiero que entendáis que no es tan fácil como solemos pensar en un principio. Lo único que intento con esta entrada es haceros ver a todas y a mí la primera que realmente nuestra meta tan buscada y querida está justo en dirección contraria. Queremos un cuerpo bonito y sano y lo único que hacemos es quitarle energía y vitalidad, cuando en realidad la solución es alimentarlo debidamente y moldearlo con ejercicio. Luchad por lo que queréis. De verdad, hacedlo. Pero elegid el camino adecuado.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

No es la comida la que nos atormenta, sino los pensamientos

Hola a tod@s de nuevo. Os dije que quería escribir una entrada cuando tuviera cita en la clínica, y aquí estoy.

El lunes a las 12:30 cogí mi bici nueva y me puse camino del centro de Valencia con una sonrisa en la cara porque, a parte de que me encanta montar en bicicleta, tenía ganas de contarle a la psicóloga cómo me había ido la semana. A las 13h me recibió y empecé a comentarle mi pequeña telenovela personal. Estuvimos riendo un buen rato, como siempre que voy allí y me dijo algo así como: "me encanta cuando me toca sesión contigo" así entre coñas jajaja y es que tengo una forma peculiar de contar mis problemas, supongo que por esto que dicen de "mejor reír que llorar".

El caso es que cuando terminé de desahogarme empezamos a mirar mis registros de comidas y observamos que ahora que estaba superando el hecho de tener que introducir "alimentos prohibidos" y hacer cinco comidas al día, el gran impedimento que se me presentaba eran ciertos pensamientos problemáticos que me hacían querer restringir o sentir vergüenza de mis comidas.

Os lo escenifico para que me entendáis mejor:

- Se supone que he de comer algo de pan en todas mis comidas y cenas, aunque el propio plato en sí ya lleve hidratos de carbono. Es algo que en un principio podía resultarme difícil pero dado que el pan es algo que me gusta bastante no me costó demasiado acostumbrarme. Eso sí, únicamente cuando comía delante de alguien que conocía mi problema. Si estaba comiendo con mi compañera de piso y me tocaba comer espaguetis, era totalmente imposible sacar además un trozo de pan. Y todo a fin y al cabo por el "¿qué dirán?", como si tuviésemos la capacidad de leer el pensamiento de los demás. Como si de todas las cosas que se les podrían estar pasando a las personas que nos ven por la cabeza, sólo pudieran estar pensando en lo que más nos avergüenza. "Seguro que está flipando de que coma pan con pasta. Debe de pensar que soy una gorda". Y a lo mejor, de estar fijándose, que es posible que ni siquiera lo estuviera haciendo, estuviese pensando: "qué suerte que pueda comer pan con pasta y aún así siga así de delgada".


- He de hacer cinco comidas al día, incluyendo almuerzo y cena, las dos en las que siempre suelo fallar. Y una vez más la misma historia. Delante de personas que saben lo mío puedo hacerlo con facilidad, pero si estoy delante de alguna amiga que no suele almorzar o que toma alguna chorrada tipo zumito pequeño, soy incapaz de comer.

Otro pensamiento común en mí es el de "todo o nada". Hay veces que en los registros, si he vomitado o he sentido ansiedad repetidas veces escribo en grande: Día 100% mal. A lo que la psicóloga me responde: seguro que ese porcentaje se puede ir bajando conforme vayamos leyendo el resto de cosas que has hecho en el día. Y efectivamente, al ver que a pesar de los malos pensamientos no había restringido la cena por ejemplo, me felicitaba.

Otros ejemplos de pensamientos son:

  • Generalizar: Si algo es aplicable a un caso, se puede aplicar a todo lo demás ("Si les digo que no quiero tomar café con ellos seguro que ya no querrán invitarme más").
  • Fijarse en lo negativo: Medirse únicamente a través de los defectos ("He cumplido todo el planning que tenía pensado pero en la merienda tomé X cosa de más").
  • Responsabilidad excesiva: Responsabilizarse de todo lo negativo que ocurra ("Esto me lo he buscado yo sola", "no soy una buena amiga/novia/hija...")
  • Sacar conclusiones o predecir: Si algo fue así en el pasado lo seguirá siendo en el presente ("Siempre que me quedo sola me atraco y vomito").
  • Catastrofizar: Pensar siempre en lo peor como lo que tiene más probabilidades de ocurrir
  • Todo o nada: ya explicado. Las cosas se sitúan en un extremo u otro, como si no hubiera intermedios.
Es importante identificar estos pensamientos en nuestro día a día, ya no sólo en el tema de la comida, sino en cualquier otra situación, porque son ideas sin sentido que nos alejan de nuestro objetivo. No puedo querer leer la mente de mi compañera de piso cada vez que comamos juntas. He de tener claro qué es lo que yo debo hacer y sentirme orgullosa de estar consiguiéndolo, independientemente de lo que yo crea que los demás están pensando. Del mismo modo no puedo compararme justamente con la compañera que no almuerza, porque no es un buen modelo a seguir. No es una persona con costumbres saludables. He de fijarme en el resto de personas que sí comen un bocadillo, unas galletas o unas tostadas a la hora del descanso. Y por supuesto, no puedo deducir que un día ha sido "malo" porque algo no haya salido como yo quería.

Por último, me gustaría introduciros la terapia que me propuso el lunes para poder disuadirme de algunos pensamientos que rondan por mi cabeza de forma continua. Pensamientos del tipo: "he comido tal cosa, seguro que voy a engordar" que por más que intentamos quitárnoslos de encima no dejamos de rumiarlos. Se llama MINDFULLNESS, y se basa en poder centrarnos en el presente de una forma objetiva sin permitir que pensamientos pasados o futuros nos distraigan.

Si hay algo que nos mantiene anclados al presente son nuestros cinco sentidos. Así pues, he de elegir una actividad diaria que sea muy sensorial (como puede ser la ducha, ponerse crema, montar en bici, o incluso salir a correr) y dedicar unos 5 minutos al día a centrarme en la actividad escogida.

A continuación hay que seguir estos cinco sencillos pasos:
  1. Observar: Sentir la actividad en sí. Oír el sonido del agua al caer, el tacto del viento en nuestra cara o el impacto de los zapatos contra el suelo.
  2. Describir: Ponerle nombre/etiquetas de forma objetiva. No vale pensar si el jabón huele bien o mal, pues ya estaríamos centrándonos en los pensamientos. Hay que etiquetar todo lo que sintamos de forma objetiva. 
  3. Participar: Centrarse en la actividad y ser parte de ella
  4. No juzgar: Ser objetivos, y cuando un pensamiento se nos pase por la mente, percibirlo, dejarlo en una nube para olvidarnos de él, y volver a centrarnos en participar de la actividad.
  5. 1 en 1: Seguir los pasos de uno en uno. No hacer todas las cosas juntas al mismo tiempo sino dedicar unos segundos a cada una de las cosas que necesitamos coger o utilizar para realizar la actividad.

Lo que pretende conseguir esta técnica es hacernos capaces de disfrutar del presente y evitar que los pensamientos que nos recuerdan errores del pasado o ansias del futuro nos dificulten disfrutar de lo realmente importante, que es el "ahora". Si no somos capaces de debatir estos pensamientos y hacernos creer que realmente no hemos comido tanto y que no vamos a engordar por ello, lo mejor que podemos hacer es ignorarlos. Coger el pensamiento en cuestión, dejarlo en una nube y centrarnos en disfrutar del presente. 

Dice que al principio cuesta, y de hecho esta semana me ha pedido simplemente que lo intente y le escriba las dificultades que se me hayan presentado (y aún ni siquiera he empezado). Sé que a mí me va a ser difícil centrarme en algo de forma tan objetiva porque mi cabecita está siempre dando vueltas y pensando en mil cosas (de hecho muchas veces mientras hablo, al estar pensando en otras mil cosas que se me ocurren al mismo tiempo, se me llega a olvidar sobre qué estaba hablando y necesito estar callada un par de segundos para volver a acordarme), pero me parece una técnica realmente buena para poco a poco, ir siendo capaz de dejar a un lado todos los pensamientos que me hacen querer restringir, y por lo tanto, alejarme de mi objetivo.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Estoy bien :)

Pensaba escribíos una vez hubiese pasado por la consulta de mi psicóloga para contaros lo que me había dicho pero como me ha cancelado la cita... Pues ahora veré qué os cuento.

Creo que esta última semana ha ido bien. Lo suelo medir por cómo me siento yo porque creo que es la manera más certera. Y me siento bien. En realidad siguen habiendo momentos de descontrol, y las cinco comidas no se cumplen todos los días, pero al menos fui capaz de ir el sábado pasado de comida familiar a mi campo (barbacoa, picoteo y tarta por mi cumple atrasado) sin sentirme culpable por ello e incluso con ganas de ir después a cenar con unos amigos al centro. Y para mi sorpresa incluso me he estado sintiendo más delgada durante toda la semana. Me gusta cómo me sienta la ropa y supongo que eso se me nota en la cara.

La verdad es que la semana en sí ha sido un tremendo caos, y supongo que por eso no he tenido tiempo de preocuparme por lo que comía o dejaba de comer. No voy a entrar en detalles, sobre todo sabiendo que me lee gente que me conoce, pero vamos: temas universidad y estudios, y tema agobios personales. Durante toda la semana estuve bastante bien. Tuve clases tanto por las mañanas como por las tardes y después me iba a clase de Crossfit, pero al menos me mantenía entretenida. Y hoy que me toca pasar el finde solita me ha venido un poco el bajón... (mal momento para actualizar supongo jaja). Supongo que todo se deberá al descontrol hormonal que llevo porque este mes he atrasado la toma de anticonceptivos y tendré las emociones todas locas xD

En fin como podéis observar sólo escribía para dar señales de vida. El lunes volveré a estar centrada y hablaré con mi psicóloga y vendré a informaros bien de todo. Me da rabia no poder contarlo todo en plan más claro pero como os he dicho este blog cada vez es menos anónimo y no quiero dar detalles de más.

Estoy bien eh :) Mi peso sigue bien, mis registros de comidas siguen bien y mi autoestima sigue perfecta. Lo único que ocurre es que en esta vida pasan muchas otras cosas a parte de "comida".

Y para que veáis que es cierto:

Foto en mi campo el día de la comida familiar



miércoles, 29 de octubre de 2014

Identificar el problema es el primer paso

Recuerdo las charlas que solían darnos en el colegio para aumentar nuestra capacidad de conciencia: "fumar es malo", "sexo con protección", "di no al maltrato", "si bebes no conduzcas". Siempre llegaba el mandao' de turno con su power point para mostrarnos imágenes impactantes y datos sorprendentes con la intención de que todos sintiéramos rechazo a tomar determinadas conductas. Y aunque aparentemente una buena parte de los alumnos únicamente acudía para pasar la mañana y obviar toda la información recibida con frases del tipo: "pues si eso ya lo sabemos todos", es indudable que tenían un buen efecto en la sociedad.

Y no sé vosotros, pero al menos yo me tuve que tragar varias de esas en relación a los desórdenes alimenticios. Recuerdo cómo siempre hablaban de la anorexia y la bulimia, como si sólo existiesen esos dos trastornos entre todas las afectadas de TCA. Acompañaban la presentación con las imágenes más extremas que encontraban por internet dónde se veían chicas con únicamente hueso y pellejo. A lo que una se miraba y pensaba: es obvio que yo nunca estaré así. También era frecuente observar fotos de chicas bulímicas sentadas en una mesa con 50 platos de diferentes tipos, cogiendo la comida con las manos mientras les chorreaba salsa por la comisura de los labios. Y nosotras volvíamos a pensar que nunca llegaríamos a una situación tan extrema. Y no nos olvidemos de la chica que se mira en el espejo y ve el reflejo de una persona con obesidad mórbida, cuando nosotras simplemente nos vemos las cartucheras, la celulitis y la flacidez en las piernas.

Y es que claro, hace tiempo que no acudo a ninguna de estas charlas y no sé cómo se darán en la actualidad, pero al menos con la información que yo recibí, no es de extrañar que haya tanta joven afectada por un trastorno del estilo sin ser consciente de ello.

No voy a entrar a explicar los distintos tipos de TCA que existen porque siempre he dicho que cada persona tiene el suyo propio. Con más o con menos puntos en común a un estándar establecido, pero con diferencias al fin y al cabo. Parece que sólo necesitemos ser tratadas si pesamos 30 kg y si vomitamos todos los días, como si el problema fuese físico únicamente. Y siempre lo digo: el problema es psicológico. Da igual que peses 40 u 80 kg mientras restrinjas (y sí, 1000 kcal al día es restringir, y sé que muchas intentáis comer menos aún), mientras te preocupe tu imagen física, mientras la comida ocupe la mayor parte de tu pensamiento, mientras te impida llevar una vida normal, mientras limite tus relaciones sociales y siempre que influya en tu felicidad.

Perdonad si me repito pero últimamente he estado recibiendo más mensajes de chicas pidiéndome ayuda desesperadamente para aliviar su obsesión con la comida. Me describen sus síntomas diciendo que se preocupan demasiado por su aspecto, que controlan todo lo que comen y que han llegado a vomitar alguna vez, sin llegar a admitir en ningún momento que creen que tienen un desorden alimenticio y que están dispuestas a tratarse. Y sinceramente no sé qué esperan que yo les diga, porque no hay nada que yo pueda hacer para que ellas de repente dejen de obsesionarse, así de la noche a la mañana. Por lo que siempre repito el mismo mantra: "pedid ayuda profesional". Y me gustaría pensar que algunas lo hacen, pero sé que la mayoría sigue pensando que no lo necesitan, porque al fin y al cabo, ellas no son como las chicas que aparecen en los power points.

¿Y por qué somos tan reacias a admitir que tenemos un problema? La verdad es que no me sorprende, porque yo misma tardé año y medio en entrar en la clínica a la que voy actualmente. Y es que nuestra querida sociedad que tanto nos bombardea con cuerpos esculturales en la tele y las revistas y nos hace odiar nuestra imagen física, es la misma sociedad que tacha a las chicas afectadas por TCA como niñas tontas y obsesionadas que se han echado a perder. Y claro, visto así, yo tampoco admitiría nunca que sufro de bulimia. Pero lo cierto es que todos tenemos problemas, de un tipo o de otro, y no es motivo de vergüenza. Sobre todo cuando empiezas a conocer de lleno lo que verdaderamente es un trastorno alimenticio y olvidas todo lo que aprendiste en las conferencias. Empiezas a conocer a otras afectadas y descubres que son chicas como tú, y que no tienen por qué ser tontas, pues al fin y al cabo no han decidido tener que pasar por algo así. Descubres que son víctimas y que necesitan aprender a manejar sus emociones, independientemente de su peso. Y entonces empiezas a creer que igual tú también estás sufriendo de un TCA.

Pero aún así nos creemos lo suficientemente fuertes como para pedir ayuda externa porque claro, ir al podólogo está bien visto pero a terapia psicológica sólo pueden ir los locos. Una vez más somos víctimas de la sociedad en la que vivimos. Y si a esta creencia le sumamos que solemos dar poca credibilidad a los profesionales de la psicología, no es de extrañar que someterse a terapia no sea precisamente una decisión espontánea.

Y yo me pregunto: si cuando alguien nos dice "no te saltes las cenas que la ansiedad se incrementará el próximo día", "no cuentes calorías que sólo conseguirás aumentar tu obsesión" o "no te preocupes por comer de más un día que no vas a engordar" no nos lo creemos hasta que no lo vivimos en nuestras propias carnes, ¿por qué sí somos capaces de creer que la ayuda profesional no va a ser efectiva sin haberla probado si quiera?

Y aún así os digo que no vale con intentarlo una vez. Yo fui a cuatro sesiones con una psicóloga anterior, y no pude ir a más porque verdaderamente sentía que no me ayudaba. Y es que es importante elegir un centro/clínica/psicólogo especializado. La diferencia entre mi clínica actual y el despacho del centro de salud al que iba anteriormente es brutal. Antes sólo hablaba sobre mi vida, ahora actúo: recibo pautas, intento cumplirlas cada semana lo mejor que puedo, analizamos los problemas que se han presentado, y me explica cómo poder evitarlos.

No sé si recordáis las entradas que escribía hace varios meses, cuando inicié el blog, pero creo que es más que notable el gran avance que he dado y que sigo dando día a día. Si vosotras no conseguís notar ningún cambio, quizás es hora de que os planteéis hacer algo más para poder lograrlo. Y creo que ya os he dicho y repetido demasiadas veces cuál es el paso que os toca dar ahora.







viernes, 24 de octubre de 2014

¿Hacemos balance?

Hola a todos y a todas, que cada vez veo más chicos por aquí :)

He tenido que ir a por mi libreta de registros para poder recordar todo lo que debo contaros, porque hacía tanto tiempo que no pasaba por aquí que ya no sabía ni qué había estado haciendo estas dos últimas semanas.

Ya os dije que que siempre suelo seguir la misma dinámica: una semana bien, otra mal, y así sucesivamente. Y estas dos pasadas no podrían haber sido diferentes.

Después de la hinchazón y el malestar que me proporcionó mi cumpleaños, decidí empezar la nueva semana con buen pie. Y ya sabéis lo que eso significa: nada de restringir ni de compensar con ejercicio. Hacer cinco comidas al día con pan incluido y comiendo hasta quedarnos completamente sin hambre. Preparé un archivo excel con una planificación semanal para hacer la compra acorde con él y así no tener problemas ni tentaciones.

Os dejo el planning por si queréis seguirlo de base pero no está supervisado por ningún experto

Y todo fue genial. Desde el lunes 13 al viernes 17 cumplí (más o menos) lo planificado y además de no tener hambre ni ansiedad empecé a notarme mucho más deshinchada. Ese mismo viernes fui a ver a mi psicóloga (de nuevo la de Valencia, después de tanto tiempo). La puse al día sobre todo lo que había estado trabajando en Alicante y sobre mis progresos. Le enseñé los registros de esa semana y se sorprendió mucho de que lo hubiera estado haciendo tan bien: incluyendo pan en todas las comidas y cenas, cumpliendo las cinco comidas diarias, y perdiendo miedo a ciertos alimentos que antes contaba como prohibidos. Me sentí bastante bien conmigo misma y me alegré mucho de volver a trabajar con ella, pero me olía que la semana iba a acabar mal.

Y es que me esperaban demasiados eventos sociales en demasiado poco tiempo. El viernes salí de fiesta hasta las 5 de la mañana a una barra libre que organizaban los de medicina, y el sábado salí de cena con mi compañera de piso y nuestros respectivos novios. Bebimos barra libre de sangría y fuimos después a una cocktelería donde no fui capaz de pedir nada. 

Llegó el domingo y me sentía toda llena e hinchada. Y ya sabéis cómo funciona nuestra cabeza: en lugar de pensar que se debe a retención de líquidos (además estaba con la regla), tendemos a pensar que los excesos han pasado factura. Con todo este malestar en el cuerpo me fui de buena mañana a una cafetería a estudiar con mi amiga porque al día siguiente teníamos examen. Estudiamos en una cafetería para, a pesar de estar leyendo apuntes, tener la sensación de que hemos salido de casa, de ver gente, de quitarnos el pijama y de charlar un poco entre descanso y descanso. Fue el día que más a gusto estuve de todo el fin de semana. Bajando la resaca con el sol de la mañana y desayunando tranquilamente con buena compañía. Estábamos tan a gusto que hasta comimos allí, y ya a eso de las 5 de la tarde volvimos a nuestras respectivas casas a descansar un poco.

Pero el malestar y la hinchazón seguían estando presentes. Y, no sé, ¿sabéis esa situación cuando os sentís incómodas en la que la cabeza te dice "vamos a comer bien para que se pase pronto" y el corazón te dice "vamos a comer mal porque de perdidos al río"? Pues así estuve lunes, martes y miércoles. Me despertaba con ganas de acabar bien el día y en algún momento de la mañana acababa pasándome con algo, comiendo rápido porque no quería tener que hacerlo delante de mis compañeras, o aprovechando que me quedaba sola en casa para saltarme los planes. La ansiedad, el descontrol y las prisas me llevaban a dolores de barriga insoportables. Me sentía como si estuviera retrocediendo hacia atrás a pasos agigantados. Y al fin y al cabo, leyendo los registros me doy cuenta de que ni si quiera estaba teniendo atracones. Que tan sólo estaba tomando leche con cereales, pero con tanta prisa y vergüenza que me hacía sentir dolor y ansia. 

Y el miércoles estallé y acabé vomitando. Llevaba demasiados días acumulados como para haberlo evitado. No me siento orgullosa pero la verdad que tampoco culpable o impotente. Al menos conseguí frenar en seco el ciclo de dolor y malestar que tanto parecía estar costándome dejar. Jueves fui a la psicóloga y mientras pasaba las páginas de los registros yo sentía más y más vergüenza. Le dije: "no he hecho ni un sólo día bien". A lo que ella me respondió: "¿Cómo que no? Has seguido manteniendo las cinco comidas a pesar del malestar, has seguido introduciendo pan a pesar de sentirte hinchada, y has cenado incluso después de vomitar (aunque sólo fuera un yogur)".

Esta mujer siempre sabe hacerme sentir mejor. Mientras yo miraba las páginas con desesperación por ver todo lo que había hecho mal ella sólo parecía fijarse en todas las cosas que había hecho bien, en todo lo que había mejorado. Me dijo: uno de los problemas que presentan los TCA son los pensamientos del "todo o nada". La semana o ha estado bien o ha estado mal, como si los pequeños avances no importasen. Y tiene razón. Quizás sea porque para mí comer pan no sea síntoma de victoria, sino una contribución a subir de peso. Pero en el fondo sé que tiene razón, que a pesar de todos los impulsos que podían haberme llevado a tirarlo todo por la borda y dejar de comer, seguí mirando al frente y luchando por salir de esto.

Al final, el balance más claro que he podido sacar de todo es que ya no es tanto la comida en sí lo que me asusta, sino las situaciones. Soy capaz de comer un plato de espaguetis sin culpa (cosa que antes era imposible), pero me da miedo tener que comer con prisa algo rápido, salir a cenar con más gente o quedarme sola en casa.


SPAM SPAM SPAM SPAM SPAM

Mi chico está aprendiendo producción musical y la verdad es que le gustaría poder llegar lejos algún día con todo el tema de la música y el electro latino. Aquí os dejo la canción que acaba de sacar. Tened en cuenta que está empezando y no seáis crueles... Y si os gusta... Compartidla en Facebook o con vuestros amigos!! :D

sábado, 11 de octubre de 2014

Una de cal y una de arena.

Últimamente mis entradas van una guay, otra mal, una guay y ahora toca...

Después de pasar varias semanas comiendo bien, esta última hice todo lo contrario. Lunes, martes y miércoles estuve comiendo todo lo que me apeteció y desgraciadamente poco saludable. Y de hecho el miércoles fui al váter de nuevo, pero a echar agua básicamente. Por suerte, ese mismo miércoles por la tarde volví a mi casa porque aquí tenemos puente y no dejé que esos malos días me influenciaran. Y menos en el día de mi cumpleaños. Así que bueno, os cuento cómo me ha ido.

Oficialmente mi cumpleaños fue ayer, día 10, pero mi novio me dio sus regalos hace algunos días por motivos suyos jajaja Y me compró un disco duro chiquitín que me hacía falta para acompañar al Mac, y una cámara estilo polaroid chulíiisima!!


El jueves me fui a mi campo con mis padres y mi hermana y me dejaron probar la bici que me iban a regalar ellos para ver si tenía algún problema y que no me la fuera a llevar a Valencia faltándole algo. Hicimos barbacoa para las cuatro y castañas asadas a la brasa. Paseé a mi hermana montada en el montacargas y fuimos a ver una hípica muy cercana para ver a los caballos que tienen allí.




El viernes, el día auténtico tenía pensado invitar a mis amigos a comer a este mismo campo, pero entre los que se iban de viaje y los que no hacían puente al final acabé pasando. Fui a ver a mi vecina, estuve paseando y comiendo con mi novio mientras hacíamos pompas de jabón, merendé con mi yaya y mi tío y por la noche fui a cenar con otro amigo, que me hizo unas pulseritas con bolas muy cucas jaja (sé que lo vas a leer)


Y por último hoy he ido con mi padre a hacer una de nuestras rutas de pasarnos 9 o 10 horas andando por el monte haciendo las cabricas (y viéndolas).


Cima del Montcabrer
                                               




Pozo de Nieve Cava Gran
Conclusión: Me vuelvo a sentir gorda. Entre el mal inicio de semana además de las comidas de cumpleaños, que estos días me ha vuelto el estreñimiento y que me queda una píldora en el paquete de anticonceptivos pues.... me siento como una bolita.

Pero pff... yo qué sé. Estoy ya harta de estar siempre así. Vuelvo a estar mal de ánimos pero seguro que si sólo hubiese puesto las fotos, sin texto, pensaríais todo lo contrario. No sé.... intento pensar que la vida es mucho más que un peso y que no me quiero perder estos momentos por sentirme hinchada. Así que como siempre, para adelante. Supongo que esta semana volverá a ir bien. Y si necesito estar con mi novio todas las tardes, pues lo estaré, pero uuf... quiero que esto acabe.

P.D. Voy a volver con mi psicóloga de Valencia. La amaba :D

lunes, 6 de octubre de 2014

Esto empieza a llegar a su fin.

Empieza a llegar a su fin porque ya no sé qué más contaros. Porque ya no me lamento. Ya no sufro.

Creo que todas las chicas que nadan en su propio TCA andan buscando la perfección. Cuando te das cuenta de que no existe, dejas de nadar. Siempre pensé que más delgada significaba mejor, y ahora que he conseguido establecerme en un peso sano me siento más feliz que antes. Quizás la pregunta fuese, ¿mejor en qué? Porque ahora me siento más fuerte, más segura, más tranquila, y más guapa. Creo que antes no tenía nada de esto. Tan sólo tenía una talla 34, y nada más. Y creo que no compensa.

No sé si lo recordáis o quizás ni siquiera llegué a escribirlo, pero hace algunos meses me dije a mí misma que cuando me sintiera fuerte compraría un bote de nutella y conseguiría terminarlo en su debido tiempo, sin atracones de por medio. Ese día ha llegado, chicas. Esta mañana he pasado a por un bote de nocilla sabor almendras, y tras probarlo he vuelto a dejarlo en su armario.

Sabe Dios cómo acabará ese bote. Quizás lo acabe tirando a la basura en un ataque de ansiedad o me lo acabe en una misma tarde, pero lo que me importa en este momento es que me siento con las fuerzas necesarias para tenerlo en mi despensa.

Muchas me dijisteis hace algún tiempo que no dejara nunca de escribir. De momento no pienso dejar el blog hasta que deje de ir a mi psicóloga, y para eso aún queda bastante. Después... quién sabe. Cuando consigues tener una relación normal con la comida no te apetece hablar de ello. Hablar de comida significaría seguir preocupándome por ella. Y aún me preocupa, por eso sigo escribiendo. Pero en un futuro todo se verá.

De momento la semana ha acabado perfecta. Sin atracones, sin vómitos y sin remordimientos. He salido a pasear con mi novio con un yogur helado enorme por merienda, y he comido kit kats para almorzar cuando me ha venido el antojo. He seguido yendo al gimnasio, como hacen las personas normales: sin obsesiones, tan sólo por gusto, durante el tiempo adecuado. Me he sentido bien.



jueves, 2 de octubre de 2014

Así va la semana

Buenos días chicas! Creía conveniente dar señales de vida por aquí. Estoy deseando saber qué tal os ha ido la semana.

 ¿La mía? Pues yo creo que no va mal. Y digo esto después de haberme pasado por el forro todos los plannings de comidas y la healthy life.

El sábado tuve un cumpleaños por la noche. Una de mis amigas del instituto cumplía 20 años y nos invitó a cenar a su campo. Hamburguesa a la brasa, patatas fritas y picoteos varios, y el clásico trocito de tarta después de cantar un "Cumpleaños feliz".

La jugada se repite el domingo, pero esta vez en el campo de mi novio. Él nos invitó a mí y a sus amigos a comer. En un principio iba a ser barbacoa pero el tiempo parecía lluvioso y por no jugársela compró cocas (tanto rellenas de pisto como la de mollitas) e hizo algunas longanizas y magro con tomate. Y de nuevo picoteos varios, hidratos por un tubo y tarta. Y... en fin, no sé. Normalmente este tipo de entrada iría acompañada de comentarios del tipo: "han sido dos días fuera de lo planificado y ahora toca volver a la rutina y seguir comiendo bien". Comentarios basados en compensaciones que ya me tienen muy cansada.

Lo cierto es que fui a ver a mi novio y a mis amigos y me lo pasé bien. Y disfruté de la comida. Más bien, no le di importancia. Siempre estamos pensando en si la comida nos hace daño, o si nos hace disfrutar o si nos alimenta, o si qué. Y los demás simplemente comen. Comen sin pensar una y mil veces en las consecuencias (positivas o negativas). Así que básicamente me senté en la mesa, comí de todo lo que me apeteció y luego nos fuimos a reposar la comida en una sombra junto a su piscina, mientras hablábamos y reíamos. No era momento de pensar en compensaciones.

Y en realidad, por algún motivo que desconozco, el lunes y el martes sufrí un poco de ansiedad. El lunes fui de paseo a la cocina no recuerdo ya ni las veces, y el martes me dio un flechazo por oreos para merendar. Y de manera un poco inconsciente sí hubieron algunas conductas compensatorias: el lunes me puse a dormir a eso de las 12 y me desperté sobre las 4 (en serio que no sé qué por qué estaba tan cansadame) y me salté la comida del mediodía. Sobre las 6 merendé para ir luego a clase de CROSSFIT y después ya no tuve hambre de nada más. Simplemente, se me descuadraron los horarios. No sabía ni qué hora era.

El martes, tuve un pequeño ataque de ansiedad después de comer y acabé comprando oreo en el supermercado. Después estuve haciendo recados durante dos horas por el centro y luego fui a casa de mi novio. Allí me vino el hambre y como él se estaba haciendo un tazón de leche con cereales, le acompañé.

Entonces una amiga me preguntó que cómo me iba el día, con respecto a la comida y eso. Una amiga que está tan metida en esto como cualquiera de nosotras y a la que mando un apoyo grandísimo cada día y también cuando lea esto. El caso es que yo le dije que todo iba bien. Que si se refería a si había cumplido mis plannings de comidas súper healthy power, que no. Pero que no me apetecía pensar en ello, que simplemente había comido lo que me había apetecido sin darle demasiada importancia al asunto.

Y es que solemos pensar que siempre que comemos algo que no anda en nuestros planes hemos recaído. Y... si supieseis la de ideas que se me pasaron por la cabeza el martes por la tarde al entrar al supermercado, os sorprendería tanto como a mí que sólo tomara unas cuantas oreo. En el momento fue como: ¿ya estamos otra vez? Pero... seguí andando hacia el centro camino de hacer mis recados sin darle demasiada importancia, porque al fin y al cabo, fueron muchas sí, pero seguro que tantas como las que se hubiera comido mi novio si le hubiese puesto el paquete delante.

Creo que una persona no está curada cuando deja de comer por ansiedad, sino cuando deja de darle importancia a saltarse lo establecido. Obviamente no pretendo estar comiendo lo primero que me entre por los ojos todos los días, pero precisamente por haberme dado el gusto al iniciar la semana, el resto de días que están viniendo los estoy haciendo de 11. Cero ansiedad, cero remordimientos. Y eso que os estoy escribiendo desde mi cuarto, estando sola en casa desde las 8:30 de la mañana. Me he hecho dos tostadas para desayunar con un yogur, y más feliz que una perdiz.

Obviamente que haya dejado de martirizarme después de saltarme las normas no quiere decir que ya esté curada, porque aunque muy leves, sí han habido conductas compensatorias... Pero en realidad no han sido ayunos ni tardes de ejercicio descontroladas. Fui al gimnasio una horita, como siempre. Y cuando tuve hambre, comí. Queda el típico pensamiento de fondo de "podrías hacerlo mejor", pero como siempre digo: avanzar ya es todo un logro.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Cuando los fantasmas empiezan a morir

Realmente no tengo nada que contar pero... me siento feliz y quería compartirlo. En realidad me siento extraña. Extraña pero feliz. Extraña porque siento que me falta algo y feliz porque eso que me falta son los fantasmas que me han estado acompañando durante tanto tiempo.

Sólo han pasado un par de semanas. Sé que no es concluyente, que anteriormente también había pasado semanas cumpliendo mis horarios de comidas y sintiéndome bien por ello. Pero hay GRANDES diferencias.

La primera es que ahora no me está costando hacerlo. Recuerdo perfectamente una semana en concreto, poco después de que mi novio me regalase un planificador semanal de Mr Wonderful. ¿Os acordáis? Bien pues escribí todas las comidas del día y le pedí que me acompañara en todo momento durante esa semana porque iba a ser muy estresante y no quería volver a caer. Así lo hizo. Pasamos todas las mañanas y tardes juntos (creo que estábamos en época de exámenes y no había clases). Conseguí cumplir el planning a rajatabla y perdí un par de kilos. Me sentía genial. Genial y con una ansiedad enorme. El único motivo por el que conseguí respetar los horarios era porque estaba acompañada. De haberme quedado un segundo a solas me habría faltado tiempo para abalanzarme sobre la despensa. Tenía que reprimir los pensamientos hacia la comida y se hizo duro. Lo mismo pasó alguna que otra vez: acompañada y acumulando ansiedad. Al final esas épocas siempre acababan en recaídas porque la compañía no podía durar eternamente y la ansiedad había crecido demasiado.

Sin embargo estas dos semanas a penas he podido ver a mi chico, he pasado algunas mañanas a solas y aún así he comido lo que debía, en el momento en que sentía hambre y permitiéndome el lujo de improvisar sin comer de más en ningún momento. Cinco comidas perfectas que me quitaron el hambre y la ansiedad. Pan, lácteos, dobles meriendas si era lo que necesitaba, etc. He dejado de restringir y posiblemente haya perdido peso sin haber tenido que someterme a un esfuerzo extra.

No tengo la báscula en Valencia. Y la verdad que tampoco la quiero. Justamente, si los fantasmas se han ido, es porque se ha ido también la obsesión. Y volver a medir y contar sólo conseguiría que esta volviera.

No os voy a engañar. Sigo pensándome dos veces el momento de cenar. Y de hecho una noche me acosté sin comer nada. Pero sólo fue una. Todas las demás cociné algo apropiado (carnes, bocadillos, ensaladas o revuelto de huevos con gambas) y no las típicas dos tonterías que solía tomar antes para saborear algo dulce y pensar que con eso bastaba.

Sinceramente, no me reconozco. ¿Sabéis por qué creo que esta vez puede ser la definitiva? Hace unos pocos párrafos os he hablado de las otras "buenas rachas" que ya había tenido antes. En esos momentos me sentía feliz también, pero sabía que sería algo efímero. Sabía que la siguiente recaída estaba cerca, seguramente a causa de esa ansiedad acumulada. Ahora no veo el momento de recaer. Soy incapaz de imaginármelo. Y es que obligarse a hacer las cosas bien sólo crea más estrés. Comer bien es algo que debe salir natural, guiado por las necesidades de cada momento. Y hubo un momento en el que las necesidades me llevaban a atracarme, e inevitablemente a coger peso. Pero gracias a esos momentos, han podido llegar otros en los que las necesidades me piden comer bien, en el que no me apetece comprar dulces y comerlos sin control. Ya no me atrae.

Tuve que pagar las consecuencias de haber entrado en la bulimia. Y tras tener un cuerpo delgado que ni siquiera me gustaba tocaba volver a engordar. Pero cuando algo malo pasa, empieza a ser parte del pasado y dejamos de tenerle miedo.

Antes era incapaz de curarme porque me daba miedo engordar. Ahora que ya lo he hecho, ha dejado de asustarme. He visto lo que es, me he sentido fea y gorda y me han entrado ganas de quedarme en casa durante el resto de mi existencia. Y después, como por arte de magia, me he sentido capaz de cambiarlo. He aceptado que no estoy gorda, y que necesito comer para vivir. He aceptado que los atracones nos hacen subir de peso, hacer cinco comidas al día no.

He sufrido, sí. Pero cuando ese sufrimiento pasa al fin, nos damos cuenta de que ha valido la pena. Porque nos convertimos en personas libres, libres de sufrimiento. Y cuando se deja de sufrir es cuando se está preparado para volver a nacer. Y ahora yo estoy renaciendo. Estoy viendo mi vida de forma distinta. Ya no quiero ser flaca, quiero estar sana. Quiero hacer ejercicio y tonificar mi cuerpo. Sin prisa, sin obsesiones. Ahora sé que puedo comer sano y que antes de que sea consciente de ello, consiga el peso que me corresponde. En realidad, el peso ya me da igual. Sé que voy a ejercitarme y a ver mis piernas duras. Y ya no quiero ver dos alambres colgando de mi pelvis. Quiero ver dos piernas fuertes y bonitas que me permitan vivir aventuras y enfrentarme a cualquier cosa. Y os aseguro que de esta forma cualquier persona está más guapa. Porque al fin y al cabo la belleza es una actitud.

Verano 2013



Otoño 2014



sábado, 20 de septiembre de 2014

Porque nunca hay que perder de vista el objetivo

Como ya sabéis, después de la tormenta siempre llega la calma. Siempre hay caídas, unas más duras que otras, pero lo verdaderamente importante es no quedarse en el suelo. Parece una tontería, pero es así. Durante mucho tiempo después de caer y hacer algo mal o darme un atracón intentaba compensar, ayunar o hacer ejercicio durante horas. Cuando veía que podía acostarme sin cenar pensaba: eso que me ahorro. Y al final siempre volvía a caer, quizás porque nunca llegué a levantarme. Estas semanas sin embargo, a pesar de la negatividad de la entrada anterior, he visto cómo poco a poco voy avanzando más y más rápido hacia la salida. Hace ya bastante que no me planteo ayunos ni comidas tercermundistas, pero la idea de saltarme cenas siempre está presente. Sin embargo estas dos últimas semanas he estado cumpliendo bastante bien los plannings que hice con la psicóloga y cumpliendo las cinco comidas diarias. Os cuento:

El mayor miedo que teníamos Diana (mi psicóloga) y yo era el estar en Valencia de nuevo: nuevo piso, nuevas compañeras, estrés universitario y tal. Pues justo al día siguiente de escribir mi antigua entrada, el lunes 15, conocí a mis nuevas compañeras. Son dos chicas de mi edad que estudian un doble grado de derecho y criminología. Una de ellas (la llamaremos la rubia) siempre está dispuesta a hablar, a preguntarme qué tal el día, y a contarme cualquier cosa que le preocupe. La otra (la morena) es un poco más callada, más de encerrarse en su cuarto y demás. Me gusta la combinación porque yo soy una mezcla entre ambas. Tengo momentos en los que me gusta estar en el comedor rodeada de gente y momentos en los que me apetece quedarme en mi cuarto viendo algo que me interese. Una de las cosas que más me ha gustado es que siempre se encarga cada una de sus alimentos, pero comemos juntas. Es genial porque no he de inventar excusas si pensaban hacer algo que no entraba en mis planes. Y es genial porque como charlando con ellas, con tranquilidad y sin deseos ni ansias de ir corriendo a por el postre. Además de esta forma no podré saltarme la comida cuando me entre depresión e intentaré respetar los horarios.

Así que la segunda semana que estuve en Valencia fue aún mejor que la primera. Fui a clase de GAP el lunes y volví a probar Crossfit el miércoles. No piqué entre horas ni cogí postres después de las comidas. Incluso el jueves, el día que salgo a las 12:30 de la uni, cuando llegué a casa y vi que estaba sola no me vino ningún pensamiento de atracón ni nada similar. No me apetecía.

El viernes tan sólo tenía una hora de clase y además cita con Diana por la tarde, así que le dije a mi padre que para ahorrarnos líos de buses y trenes, si podía saltarme la clase del viernes e ir a Elche el mismo jueves por la tarde.

En ese momento mi miedo era otro. Durante el curso pasado, cuando decidía cumplir bien los plannings en Valencia hacía una compra adecuada y procuraba no tener nada tentador durante la semana. Sin embargo, cuando volvía a casa el fin de semana, como no sabía qué tendrían ellos en la nevera o despensa, mi cabecita interior me decía: "FIESTAA! Hoy no hay normas, aprovecha y come lo que quieras". Y siempre acaba atracándome los fines de semana.

Y para mi sorpresa estamos a sábado tarde, llevo casi tres días aquí y aún no he sentido ningún impulso incontrolado de coger más galletas en el desayuno o merendar a escondidas las magdalenas que tienen en el armario. Ayer llegué tarde a casa y sin hambre y aún así me hice una hamburguesa para cenar. Creo que es la primera vez que ceno tan sano en casa. Normalmente o no ceno, o pillo alguna tostada con miel o alguna guarrada.

Y entonces me vuelven a la mente pensamientos positivos. ¿Realmente funciona? ¿Realmente se sale de esto? ¿En serio la solución era simplemente respetar las cinco comidas? Y me siento una tonta por haber contado calorías durante tanto tiempo, por haber restringido, ayunado y saltado ciertas comidas. Me siento una tonta por haber intentado curarme sin cambiar mi físico ni mi forma de comer. Y me doy cuenta de que no soy ninguna tonta. Me doy cuenta de que, como siempre digo, todas las etapas son parte del proceso. No podemos levantarnos sin haber caído antes. No podemos darnos cuenta de lo tontas que hemos sido sin hacer tonterías. Lo importante es no perder de cerca el objetivo.

Y sí, he engordado. Claro que he engordado, me hacía falta joder. Si no quería este resultado debía haberlo pensado antes de enfrentar mi cabeza al váter. Pero ahora ya está hecho. Y después de haber maltratado mi estómago y mi metabolismo durante tanto tiempo toca asumir las consecuencias. Lo que pasa es que engordar no nos convierte en gordas. Sé que no estoy gorda aunque me empeñe en verlo de forma diferente. Y ahora ya no pienso en dietas, sino en ejercicios. Ahora ya no pienso en quitarme quilos de encima, sino en salir a moverme y conseguir tonificar mi cuerpo. Y ¿por qué no lo iba a conseguir? He conseguido pasar una etapa más. O ¿por qué creéis que he subido de peso? Porque cuando decides dejar de vomitar no consigues eliminar los atracones simultáneamente. Siguen produciéndose e inevitablemente cogemos peso. Pero poco a poco, comiendo cada poco tiempo, reduciendo la ansiedad, y prohibiéndome restringir he conseguido aislar los atracones.

Aún me queda camino por recorrer. Sé que los atracones aún no se han ido del todo, sé que mis cinco comidas diarias no son cinco comidas modelo, lo sé todo. Pero pfff... empiezo a ver la luz, ¿sabéis? porque antes obedecía normas ajenas mientras mi cabeza intentaba hacerme pensar que estaba haciendo lo incorrecto. Que nunca conseguiría salir de esto y que lo único que conseguía era engordar. Pero ahora todo empieza a esclarecerse. Lo único que hay que hacer es callar las voces internas. Cada vez que nos hablan tan sólo hay que pensar en otra cosa, pensar en el objetivo. Y el objetivo no es adelgazar, sino curarse. Antes o después nos va a tocar asimilar que si queremos dejar atrás esta pesadilla necesitamos olvidarnos del peso. Siempre que prioricemos el aspecto físico a la recuperación vamos a acabar cayendo, pero cuando ponemos fuerza y voluntad en obedecer las pautas que tan mal solían parecernos, acabamos comprendiendo que es lo que debíamos haber hecho desde un primer momento. Ahora empiezo a ver cómo controlo los momentos a solas en casa, como incluyo mis cenas en la dieta, como apago la ansiedad y como ignoro a los fantasmas de mi mente.

Empiezo a creer que se puede.



domingo, 14 de septiembre de 2014

Hola chicas, no creo que me extienda mucho porque tampoco tengo muchas ganas de escribir. Pasaba más que nada para dar señales de vida y que sepáis un poco de mí. Espero volver a tener inspiración pronto para escribir entradas más reflexivas como las que suelo hacer normalmente.

La semana que estuve en casa, después de haber vuelto del Camino de Santiago no fue especialmente bien. En la clínica con Diana estuvimos planificando cosas para cuando fuera a Valencia, que era lo que más miedo nos daba a las dos. Hice un plan de comidas y una lista de actividades para cuando me diera ansiedad en mi nuevo piso o me encontrara sola. Pero aún no estaba en Valencia. Estaba en Elche sin ningún plan concreto, tan sólo quedando con alguna amiga cuando el Sol nos permitía salir a la calle sin morir de insolación. El resto del día me quedaba en casa dejando las horas pasar y lo que es peor, con mis padres y mi hermana teniendo que empezar sus trabajos o institutos. Vamos, que vomité. Me quedé sola un par de días sin nadie que me viese o me impidiera dejarme llevar por mis impulsos, y acabé en el váter. Al menos ya no me doy atracones antes de ello. Tan sólo comí un par de helados y fui directa al baño a expulsarlo todo. Estuve toda la semana sintiéndome como una mierda. Volvieron los pensamientos típicos: "cuándo acabará esto", "cada día estoy más gorda", y desprecios varios hacia mi comportamiento.

No me apetecía ni salir, pero hay que hacerlo. Hay que ver a la gente que te quiere sobre todo cuando queda poco tiempo para mudarse de ciudad. El caso es que estuve viendo a varias amigas y haciendo la maleta hasta que el domingo por la tarde nos fuimos mi novio y yo en el coche de su madre hasta nuestros nuevos pisos.

Y primera semana por aquí. No está yendo mal, sobre todo porque tengo a mi novio cuidando de mí todos los días. Me da miedo el momento en que deba quedarme sola, como siempre. Esto cansa demasiado.

He empezado las clases. Parece que me van a gustar las de este año. Voy motivada. Sobre todo porque de una forma u otra el tener que ir a la uni o estudiar por las tardes también me mantiene la mente ocupada. Además este año me apetece ponerme las pilas y sacar mejores notas.

Me he apuntado al gimnasio y creo que es lo que más me está motivando a hacer las cosas bien de todas las actividades que podría tener en mente. Probé la clase de crossfit el viernes y llevo dos días con unas agujetas increíbles. Me da la sensación de que en poco tiempo voy a poder definir todo lo que me apetezca, y además expulso adrenalina por un tubo y me despejo bastante. Está guay. Tenía ganas de volver.

Lo dicho, no me apetece hablar demasiado. Todo va igual. Uno días más, otros días menos. Sigo estando cansada, sigo viéndome gorda, sigo obsesionada con la comida, pero siempre avanzando hacia delante. No sé. No sé qué pensar ni qué deciros. Cuando me encuentre mejor volveré a escribir entradas motivadoras y algo más interesantes.

Cuidaos.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Diario de dos peregrinos.

Hola a todos!!! Cuantísimo tiempo sin poder leeros ni pasar a escribir por aquí...
Ya os dije que estuve haciendo el Camino de Santiago como forma de despedir mis vacaciones, y ahora ya toca volver a la rutina y retomar todas aquellas cosas que dejamos de lado durante el verano.

Supongo que os apetecerá saber qué tal me ha ido recorriendo parte del norte a pata, así que os voy a llenar la entrada de hoy de fotos y resúmenes de lo que hemos ido viendo :)

Salimos desde Alicante el día 19 de agosto hacia León, donde casualmente estaban pasando el día dos de mis tíos. Así que aprovechamos para verles y tomar algo con ellos. Sacamos nuestras credenciales y de repente un hombre del canal "leonoticias" nos pidió a mi novio y a mí si nos podían hacer unas cuantas preguntas para la tele. Primer día ya de famoseo! jajaja

Catedral de León
Entrevista express

En modo turista ON, después de haber pasado una noche en León, nos levantamos bien temprano el día 20 cargados con las mochilas para empezar a buscar flechas amarillas y conchas por las calles hasta salir de la ciudad y empezar nuestro primer día de camino.

Hospital de Órbigo
La primera etapa eran nada más y nada menos que 35 km, y la verdad es que fue el día que más me cansó porque el peso de la mochila se nota demasiado y al no tener ninguna experiencia en largas travesías no sabíamos cuánto íbamos a tardar en llegar a nuestro destino. Así que por más que pasaban las horas nunca llegábamos al pueblo final, que en este caso era Hospital de Órbigo.
Eso sí, en seguida empiezas a conocer gente, lo que hace el camino mucho más ameno. Compartes experiencias y charlas con otros peregrinos y esperas volver a encontrarlos en futuros días.

Y después de esta etapa vinieron 10 más. Según la guía de internet debíamos hacerlo en 13 días, pero nosotros conseguimos hacerlo en tan sólo 11. La verdad es que engancha mucho y siempre te apetece seguir un poco más. Hubieron días que hicimos incluso 40 km del tirón.

Palacio Gaudí (Astorga)

Plaza Mayor (Astorga)

De camino

Entrada en Galicia


Por lo general el tiempo fue perfecto. Ni frío ni calor. Todo bastante agradable. Únicamente hubo un día en el que llovió y tuvimos que parar de caminar sobre las 12, pero esas cosas también forman parte del Camino. Unos días andas más, otros andas menos y te sirven para recuperarte físicamente. Hay que saber disfrutar de cada momento.

A Santiago llegamos con una pareja de catalanes que conocimos unos cuatro día antes de acabar el viaje y estuvimos haciendo las últimas etapas con ellos. Nos invitaron a desayunar una mañana incluso de lo bien que les caímos. Recogimos nuestra compostelana y fuimos como locos a descubrir todas las calles y tiendas de la ciudad gallega.

Tumbados en la Plaza del Obradoiro justo al llegar a la Catedral de Santiago

Con las dos Marías (Santiago)


Catedral de Santiago de Compostela



Mi chico y yo al fin en Santiago

Lo cierto es que es una experiencia bastante bonita. Son unos días en los que puedes desconectar totalmente de tus obligaciones del día a día. Allí no se te ocurre pensar en el trabajo que has dejado a medias en casa o en lo que te espera al volver a tu ciudad. Allí te levantas por las mañanas con una sola cosa en mente: caminar. Y ves como pasan las horas y no dejas de visitar pueblos y más pueblos y de ver peregrinos y más peregrinos. Y aunque te duelen los pies y la espalda no quieres parar y hacer menos kilómetros ese día, sólo quieres llegar hasta Santiago y poder ver la Catedral orgullosa por haber acabado la experiencia como una campeona. 


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Y cambiando de tema, ayer acompañé a mi hermana a elegir unas gafas para ella y ya que estaba decidí hacerme una revisión. 0,25 de miopía en un ojo y 0,50 en el otro. Es súper poquito así que seguramente pueda empezar la universidad sin muchos problemas para ver la pizarra, pero por si acaso empecé a probarme algunos modelos. 


No es que me desagrade como me quedan, es sólo que voy a parecer la empollona de la clase jajajaja pero igual me motivan a estudiar más y todo! :P

Y por último, hoy he tenido cita de nuevo con la psicóloga. Me ha estado preguntando muchas cosas sobre el Camino y hemos empezado a planificar mi vuelta a Valencia (vuelvo el domingo). He estado elaborando un calendario semanal de comidas que ha de supervisarme ella, y en el que deben aparecer algunos de los alimentos que la última vez califiqué como "prohibidos" así que creo que voy a empezar por tomar algunos de los yogures del desayuno enteros en lugar de desnatados.

También me ha mandado realizar una lista de tareas que sirvan para mantenerme ocupada cuando me de ansiedad por pegarme un atracón, y aún la tengo que pensar así que ya os la mostraré.

Y bueno guapas, voy a ver si puedo ponerme un poco al día con vuestros blogs que os tengo súper abandonadas. Un besito :)


La pregunta de hoy es:
¿QUÉ ES LO MEJOR QUE OS HA PASADO ESTE VERANO?

(Es puro cotilleo jaja pero me apetece que saquéis a relucir todo lo bueno que os haya pasado durante estos tres meses :D )




domingo, 24 de agosto de 2014

Entrada rápida para que sepáis dónde estoy

Hola guapísimas!
Perdonad por desaparecer sin dar explicaciones pero el día 19 de este mes me vine a León en tren con mi novio para hacer el Camino de Santiago desde allí. Hoy es nuestro quinto día y mañana ya entramos en Galicia :D

Ya os contaré la experiencia y demás, que la estoy escribiendo deprisa y corriendo desde el iPhone y no son condiciones...

Me alegra ver nuevas lectoras por aquí. Muchas gracias por dedicar vuestro tiempo a mirar mis entradas. Me alegra que Princesa Irónica se haya decidido a leerme porque al parecer ha sido gracias a haber empezado su recuperación. Bienvenida!

Una de las anónimas que me escribís, mi clínica se llama Previ.

Y a las demás, tengo ganas de leer noticias vuestras. A ver si encuentro algún hueco antes de volver a Elche.

Se os echa de menos. Un besazo!

martes, 12 de agosto de 2014

Ataquemos el bucle atracón-ayuno

Uff... Una semana llevo ya sin escribir. Perdonad la tardanza. Os voy a poner un poco al día de lo que ha ido pasando este tiempo.

El domingo día 3 salí con mis padres y mi hermana rumbo a Granada, donde está el pueblo de mi madre, por lo que la anterior entrada la escribí ya allí. Estuvimos hasta el día 8 (gracias a Dios) porque me habían dado cita en la clínica para ese viernes. De lo contrario habríamos pasado un par de días más allí. Y digo "gracias a Dios" porque el pueblo al que vamos es mucho más pequeño y deshabitado que lo que yo estoy acostumbrada (creo que ya os hablé de él cuando tuve que ir en Semana Santa). En resumidas cuentas: un par de calles llenas de casas viejas y gente mayor, por lo que vida social cero. Pasé las tardes yendo a la playa o a andar con mi padre y las mañanas leyendo o trabajando en el ordenador.

Los primeros días fui controlándome muy bien con la comida aunque me ponía enferma ver la cantidad de aceite y patatas fritas que hacía mi madre para el medio día. Además, las pequeñas salidas senderistas hacían que me sintiera más en forma. Sin embargo, como me suele pasar, los últimos días empecé a comer un poco más de la cuenta, a lo que se le sumó un inesperado estreñimiento.

El viernes 8 tuve la cita a las cinco de la tarde (ahora os comento los temas que tratamos), y después pasé por casa de mi novio para dormir allí con él, ya que llevaba una semana sin verle. Como me sentía ultra llena por la falta de visitas al baño, tomé una de mis infusiones para el tránsito y semillas de lino en la cena. Y de repente, con toda la vergüenza del mundo y en casa de mi novio, empecé a notar retortijones. Me había dado una suave diarrea. Al final conseguí dormir sin muchos dramas y por la mañana le pedí a mi padre que me recogiera cuanto antes para llegar a casa y poder ir al baño a gusto. Y bueno, desde ese día la verdad es que sigo bastante estreñida a pesar de los all bran y del agua que estoy intentando incrementar en mi dieta.

Las fiestas de mi ciudad han empezado y salí tanto el sábado 9 como el domingo 10. Sobra decir que el sábado estuvo el ambiente mucho más animado que el domingo, y el lunes preferí salir a hacer ruta con mi padre por la montaña. Es increíble como toda la hinchazón que llevaba acumulada por el estreñimiento, las comidas de más y el alcohol (por alguna extraña razón cuanto más hinchada me siento más ganas de comer me entran), se vio completamente eliminada por una simple salida senderista. Andar por el campo me despeja la mente, me hace pensar en cualquier cosa menos en mi problema, me quita el hambre, me ejercita, y además por lo visto me deshincha. Esa misma noche cuando me duché me vi hasta un poco más delgada. Pero sigo sin querer pesarme. Hasta que no me estabilice un poco y note que verdaderamente estoy menos hinchada no quiero hacerlo.

Y bueno, hoy la mañana la estoy pasando en casa pero con cero ansiedad. Por la tarde me voy de compras con mi amiga la que me saca de quicio con este tema, pero creo que con no dejar que entre al mismo probador que yo evitaré sentirme mal con mi cuerpo. No sé qué tallas elegir... Siento que la 34 ya se me está quedando pequeña. En fin, voy a intentar no hacer un drama de lo que pueda pasar en el centro comercial.

Por cierto, malas noticias, al final tanta hinchazón pudo conmigo, el domingo acabé sola en mi casa dándome un atracón y vomitándolo después. El malestar no hizo que dejara de salir de fiesta esa noche pero bueno... sé que estuvo mal. Aunque también sé que conseguí sentirme un poco menos hinchada...

Espero haber sido breve, y ahora os cuento todo lo que me dijo la psicóloga. (quien quiera puede dejar de leer aquí)

Primero me enseñó el típico esquema-bucle que define a la bulimia:

Baja autoestima ---> Preocupación extrema por la silueta y el peso ---> Dieta estricta ---> Atracones -->
Vómitos auto-inducidos (y vuelta a empezar).

A veces los vómitos en lugar de llevarnos a la baja autoestima nos llevan directamente a más atracones, y estos atracones nos llevan directamente a la preocupación extrema por la silueta, volviendo a la dieta estricta y sin poder salir nunca del círculo vicioso. Es obvio que es necesario cortar el bucle en algún punto, y al parecer lo más efectivo es cortarlo en la dieta.

Lo típico: 5 comidas al día y no más de 4 horas sin ingerir nada. Fácil de decir, difícil de hacer. Pero hay que conseguirlo. Se lo he dicho a la psicóloga miles de veces. Me resulta IMPOSIBLE hacer cinco comidas al día cuando el resto de mi familia hace dos y media, porque me río yo de sus cenas de: un yogur y un poco de fruta. Me siento un poco gorda yendo a comer cada cuatro horas cuando ellos comen cada 7-8. Se lo he dicho varias veces pero es obvio que ellos no van a comer sin hambre sólo por mí. Y eso hace que no pueda evitar pensar: pues si ellos así viven bien y no tienen TCA, por qué no iba a poder yo? Pues porque yo sí tengo TCA y pasar mucho tiempo sin comer me produce atracones. Si yo solita me contesto, pero que no me entra, que no.

Siguiente punto: LA DIETA.
Me dio unas pautas para seguir que os puedo copiar en una entrada a parte si queréis pero vamos... la típica dieta de desayuno con leche y cereales, la media mañana de zumo o fruta, la comida completita con verduras, carne e hidratos (ADEMÁS DE PAN Y FRUTA), merienda similar al desayuno y cena similar a la comida.

Lo siguiente que estuvimos viendo fueron los ANTECEDENTES AL ATRACÓN.
Es bueno conocerlos para evitar estas situaciones que nos llevan a comer sin control y así romper también el bucle que nos lleva a la bulimia.

- Dieta y hambre asociado: no restringir, no hambre, no atracones.
- Romper alguna regla dietética: cuando decimos "bah, de perdidos al río". Si no hay reglas dietéticas que romper no hay sentimiento de culpa.
- Estar sola (¿algo que añadir?).
- Falta de estructura del tiempo: cuando nos quedamos sin planes y comemos para matar la ansiedad. Tener ocupaciones en el día podría solucionarlo.
- Emociones negativas: Sentimientos desagradables como el aburrimiento, el disgusto (aquí enlazamos con los ejercicios de la semana pasada, donde tuve que escoger qué emociones me hacían llegar al atracón).
- Haber aumentado de peso.
- Sentirse gorda (al menos no es tan raro lo que me estuvo pasando en el pueblo)
- Tensión premenstrual
- Beber alcohol

Y una vez localizados los que nos afectan a cada una (en mi caso creo que todos), hay que intentar reducirlos y así evitar la catástrofe final.

Ya os he dicho que nosotras de momento vamos a atacar a la parte de "dieta estricta", que son básicamente los puntos 1 y 2, así que me ha hecho elaborar una lista de los alimentos que yo considero prohibidos (alimentos que me gustan pero intento evitar a toda costa). La intención es que vaya agregándolos a mi dieta o empezar a verlos normales para que si en algún momento acabara comiendo alguno de ellos (ya sea por salir a cenar con amigos, o tener que comer en casa de alguien que no posea artículos dietéticos, o en nuestra propia casa) no sintiera esa sensación de culpa y de "pues ya, sigamos comiendo".

Los míos de momento son todos estos:
- Productos enteros (yogur, leche)
- Aceite (en fritos, ensaladas,...)
- El tocino del jamón serrano
- Galletas, bizcochos, crepes, gofres, churros,...
- Muesli
- Cosas con chocolate (galletas, chocolatinas, natillas,...)
- Chorizo
- Carnes que no sean pavo/pollo
- Alcohol
- Cosas de bolsa (patatas, cheetos, doritos,...)
- Burguer King/Mc Donalds
- Yogures helados, o helados
- Chucherías
- Cosas no light (refrescos, cola-cao,...)
- Frutos secos
- Salsas

Demasiado trabajo queda por hacer... jaja

Por último me entregó un artículo a cerca de un estudio que se realizó hace 50 años sobre el comportamiento de la bulimia. Consistía en reducir a la mitad la ingesta calórica de 36 voluntarios durante seis meses y volver a renutrirlos tres meses después. Todos los voluntarios eran hombres saludables sin ningún tipo de antecedente de TCA. Al principio no se notaron muchos cambios pero conforme la inanición continuaba se fueron produciento síntomas como: ansiedad, depresión, cambios de personalidad, descenso de la concentración, apatía, trastornos en el sueño, debilidad, hipotermia, descenso del interés sexual, hipotensión, atracones, masticar chicle, preocupación con la comida, colección de libros de recetas, y muchos más, todos ellos comunes con la anorexia o la bulimia.

El estudio muestra la capacidad adaptativa del cuerpo humano para mantenerse en un peso consistente. El organismo se defiende de un peso que no le conviene. Cuando los voluntarios volvieron a realimentarse no se convirtieron en personas gordas. Recuperaron su peso inicial más un 10% extra que tras otros seis meses consiguieron eliminar de forma natural.

Conclusión: las dietas intensas reducen el peso corporal y conducen a sentimientos de hambre produciendo debilidad, irritabilidad, depresión y vulnerabilidad emocional. Los estudios indican la relación existente entre hacer dieta y episodios de atracones como defensa natural del organismo a la restricción alimentaria. Por lo tanto, los regímenes conducen a comer más, no siendo un medio eficaz de controlar el peso.

Y creo que bastante rollo os he soltado ya por hoy... jaja Un besito a todas.

Hoy os toca PREGUNTA:

¿CUÁL ES EL MAYOR MIEDO QUE TE SUPONE EMPEZAR UNA TERAPIA DE RECUPERACIÓN?

Aunque os invito también a elaborar vuestra propia lista de alimentos prohibidos.